martes, abril 23, 2024
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«Trabajo sucio» y feminismo de cuota

Desde que el imputado Conesa (Secretario General del PSOE en Murcia) y Ciudadanos anunciaran la presentación de una Moción de Censura contra el Gobierno de coalición del PP y Cs en esa Comunidad, – no me digan que los chicos de Arrimadas no son “creativos”, preferir censurarse a ellos mismos antes que irse a la oposición- se ha producido un continuo y aparentemente caótico movimiento de fichas en el tablero político nacional. 

El efecto mariposa es un ejemplo clásico para explicar lo que ha ocurrido en España a partir de un movimiento aparentemente local. Lo cierto es que las cosas no han comenzado a moverse a partir del “aleteo” murciano sino ese movimiento ha hecho que aflore la riada que llevaba mucho tiempo moviéndose bajo la superficie. Y como ocurre siempre con este tipo de  fenómenos (“emergentes” se les llama) el cambio es caótico: ocurre, pero no se sabe cuándo, donde, cómo ni porqué. Pero termina llegando de forma tan inevitable como imprevisible. 

Se suele decir que dentro del caos siempre es posible encontrar un cierto orden; pero alguno de los movimiento sobre el tablero de juego en el que la mayoría de los políticos han convertido a España parece haber incrementado el desorden. Me refiero al anuncio de Pablo Iglesias de “liderar” la revolución bolchevique en Madrid, compitiendo con Isabel Díaz Ayuso por la Presidencia del Gobierno regional. 

Las especulaciones sobre esa decisión del personaje están haciendo correr ríos de tinta y la pléyade de “expertos politólogos” tratan de encontrar una explicación sesuda a esa sorprendente decisión. A veces la respuesta más sencilla es la que más se acerca a la realidad, y  a mi juicio el movimiento de Iglesias es muy coherente con su personalidad narcisista y soberbia: él nunca se ha resignado a ser un actor de reparto y la situación le ha obligado a presentarse al casting antes de que sea demasiado tarde.

Pero, especulaciones al margen, voy a lo que importa. El aún vicepresidente segundo del Gobierno de España anunció su marcha utilizando el despacho oficial para dar una primicia de por donde va a ir la película que se rueda en Madrid y sobre el papel que se ha reservado a si mismo en la superproducción. Él quiere ser Thanos, ese villano dispuesto a utilizar todos sus poderes para aniquilar a los “criminales”, que es la jerga que utiliza para referirse a las heroínas que le planten cara.

Claro que para conseguir ejercer de villano jefe es preciso que se lo reconozcan los villanos que sobrevivieron a su anterior envite. Las primeras palabras de la candidata de Mas Madrid – que ocupó el sillón que el niño dejó vacante cuando él se piró desde la Asamblea al Congreso de los Diputados- fueron para mostrar su disposición a hablar sobre la “propuesta” del Thanos de Galapagar que, generosamente, le ofrecía la oportunidad de acogerla bajo su manto.  Pero la  ficción de “acuerdo” duró únicamente el tiempo que necesitó el niño para que le hicieran el guion del vídeo con el que su candidata respondería a la opa Iglesias. 

A mi me parece normal que un partido que tiene el triple de diputados no se someta, sin más, a otro que pretende engullirlo. Lo que me parece escandaloso es el argumento esgrimido por García para rechazar la “oferta”:  Las mujeres estamos hartas de hacer el trabajo sucio para que en los momentos históricos nos pidan que nos apartemos».

O sea que la candidata considera que el trabajo político que ha desarrollado hasta ahora ha sido  trabajo sucio; ella no ha descrito su labor al frente del Grupo parlamentario como un trabajo duro, a la sombra, menos reconocible, más abnegado… No: lo suyo, según su propia descripción, ha sido trabajo sucio. Que quieren que les diga; alguien que considera que su tarea como diputada y portavoz de un grupo político es “trabajo sucio”  se califica a si misma y califica el tipo de política que representa. Diré más: las palabras de esta candidata describen a la perfección lo que es el feminismo de cuota que se practica en esa izquierda que cada día nos quiere dar lecciones de superioridad moral: ellas eligen el macho para el que están dispuestas a hacer el trabajo sucio. 

Pues eso es lo que hay. Solo me queda dar las gracias a Iglesias y a Errejón por ayudarnos a ver con más nitidez que la única prerrogativa que tienen las feministas de cuota es la de decidir qué macho las coopta. 

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