sábado, marzo 2, 2024
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El populismo según Expósito

El otro día Ángel Expósito publicó un artículo sobre el populismo y sus peligros. Sé que ni el tema ni el autor son precisamente estimulantes, pero no puedo resistirme a glosarlo, a hacer aquí un brevísimo comentario al respecto.  

En su texto Expósito se refiere como populistas a personas tan dispares como Donald Trump, Boris Johnson, Carles Puigdemont, Silvio Berlusconi o Pablo Iglesias, por lo que hay una pregunta que se nos impone, una pregunta que no puede eludirse: ¿qué son los populistas? ¿Por qué Expósito designa como populistas a quienes designa como populistas?

Más que conocidas son las cavilaciones académicas sobre el populismo. El problema es que todas hacen aguas. Son vagas, etéreas, brumosas. Dicen los expertos que populistas son los políticos que apelan a las bajas pasiones del personal, pero eso es más o menos lo mismo que decir que todos los políticos son populistas. Dicen también que lo son quienes gobiernan con la mirada fija en las encuestas, pero eso lo hace hasta Macron y aquí se le llama estadista. Dicen, por último, que lo son quienes enemistan al pueblo con las élites, pero eso es algo que han hecho ellas solitas durante las últimas décadas.

Expósito es consciente de la endeblez de estos rasgos y sale al paso. Nos propone uno nuevo, definitivo, irrefutable: en su artículo considera populistas a quienes no saben perder. Populista sería quien tiene una pataleta como las de mi primo pequeño cuando le ganan al parchís. Es populista quien se queja del árbitro, quien pone excusas. Populista es Trump cuando impugna las elecciones de 2020. 

Pero, ojo, la norma tiene sus matices, sus excepciones. Faltaría más. No es populista la UE cuando los británicos votan Brexit y sus representantes afirman no sé qué de los viejos y el patriotismo carca, tampoco el Partido Demócrata cuando pierde las elecciones y acusa a Trump de haber alcanzado siniestros acuerdos con Putin para amañarlas. Eso es sentido de Estado, democracia fetén. No saber perder es populista solo cuando quien no sabe perder no es del agrado de Expósito, solo cuando el nombre del mal perdedor empieza por «Or» y acaba por «ban». Populista es Bolsonaro cuando impugna las elecciones de Brasil pero no Expósito cuando pide el apartheid de los no vacunados. Eso, ya se sabe, es periodismo del bueno, periodismo de calidad, periodismo riguroso. 

Ante tanta vaguedad, yo voy a proponer otra definición, una más expeditiva. Que el populismo sea un cajón de sastre en el que quepa todo lo que Expósito diga. Que Expósito nos exprese sus gustos y que todo lo que no mencione sea inmediatamente considerado populista. ¡Que populismo sea lo que no le guste a Expósito! Lo que no le vaya. 

Hay un problema, sin embargo, que anticipo aquí: si esta definición prosperara, el populismo se convertiría de pronto en algo deseable, en una tentación casi irresistible, como la de apagar la radio cuando hablan algunos. 

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