lunes, agosto 2, 2021

El complejo de Colón

La madrileña plaza de Colón va a ser testigo, una vez más, del pulso de una parte considerable de la sociedad para mostrar su desencuentro con el actual Gobierno. El más que cercano indulto a los presos del ‘procés’ ha puesto en alerta a numerosos ciudadanos, con esa sensación tan agria de que determinados sectores gozan de impunidad a la hora de cometer delitos.

La plataforma impulsada por Rosa Díez, Unión 78, ha sido esta vez la encargada dar voz a los ciudadanos en un momento de fragilidad. En el que se afirma con rotundidad que un conflicto político se debe abordar únicamente por la vía política. Y es verdad. Por eso la justicia está al margen de todo esto. No tiene que solucionar, tiene que aplicar y dictaminar. Si alguien se salta las normas, tiene que ser penalizado. Es el estado de derecho, guste más o guste menos.

El Gobierno ha dejado clara su postura. Lo que haya dicho hasta ahora el Tribunal Supremo tampoco ha servido para que se replanteen su postura. Su construcción del relato cobra fuerza, al menos para ellos, después del «gesto» de Oriol Junqueras esta misma semana de aceptar los indultos y renunciar a la vía unilateral. El que decía, no hace mucho, aquello de que se metan los indultos por donde les quepa. Pedro Sánchez necesita a Esquerra para garantizarse estabilidad en la legislatura al precio que sea. Y ese gesto les envalentona para dar este paso que, sin duda alguna, va a tener un alto peaje.

Por eso me cuesta entender cierto complejo a la hora de unificar criterios cuando la causa es común. Ha costado que los partidos que están en contra de esa medida de gracia den un paso al frente. No tanto Vox, que mostró su apoyo desde el principio, pero sí el PP y los casi extintos Ciudadanos. Los populares no querían ir a manifestaciones de este estilo, pero no tuvo más remedio que unirse. No podía permitirse no estar. Aun así, tardaron en confirmar si Pablo Casado iba a acudir.

Ay, el temor a una nueva foto de Colón. Es curioso. Después de esa primera instantánea, que tanto agitó la izquierda mediática para alertar del terror de la ultraderecha, fue el mejor momento de sus protagonistas. Ya no digo el de la formación naranja. Que echen un vistazo a sus escaños por aquel entonces y que vean en lo que se han convertido ahora. Se preocupan más por el qué dirán que por defender lo que, se presupone, tienen que defender. De ahí que a un partido como el PP le dé un reparo terrible que les saquen en una foto junto con los de Santiago Abascal.

Y llama la atención cuando se supone que las encuestas le dan al PP un muy buen resultado después de la victoria de Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Veremos también cómo acoge Colón al nuevo valor en alza de los populares, que ha arrasado con una estrategia muy lejana a la impuesta por Génova. La militancia tiene mucho más claro dónde debe estar que sus propios líderes.

En Colón no solo se va a medir una crítica contra los indultos, sino también un termómetro de esos aires de cambio que auguran las encuestas. El protagonismo lo va a tener la gente.

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