domingo, septiembre 25, 2022
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Cuando las cosas tienden a cero

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Cuando algo tiende a cero significa que sus actos, resultados, e incluso sus propuestas, se acercan al desastre. Podemos decir que la marca de la humanidad pudo tener épocas y eras de gloria y esperanza de mejorar; podemos incluso decir que siempre en el último momento las tareas e inteligencias colectivas han salvado muchas civilizaciones el tiempo suficiente para que algún vestigio nos quede a los que venimos después.

Pero tal y como están acelerándose las cosas, cambiando de amos el mundo, alterando las reglas del juego que sirvieron por décadas, podemos decir que en breve nuestras acciones “serán tendentes a cero” al no ver los frutos sembrados madurar. Así durante décadas hemos olvidado nuestras obligaciones, no para la “Madre Tierra” (que de tanto lo repiten ya pierde sentido en el imaginario colectivo)

Una acción no tiene por qué divulgarse en todos los frentes para que sea positiva o ejemplarizante; el silencio siempre ha acompañado a las acciones que cambiaron el mundo, y las estrellas “de los protagonistas” se diluyeron a la velocidad suficiente para no hacer sombra a los actos de la siguiente “hornada”.

Por mucho tiempo pensé que era suficiente obedecer las normas de nuestros mayores y de la sociedad que nos aloja. Pero ya hace tiempo que veo en cada esquina malandrines y trileros que parecen gobernar los ejemplos que las nuevas generaciones siguen, sin plantearse las alternativas “de otros mundos posibles”, como diría Leibniz: “vivimos en el mejor de los mundos lógicamente posibles… por el hecho de que, que se conforme el que tenemos significa una apuesta por lo que debe existir lógica y ontológicamente”

Nuestro verano hace que sistemáticamente evitemos a toda costa salir de la “torre” desde la que observamos las desiertas aceras fruto del calor, sólo sorteado a grandes pasos aquellos que por necesidad salen de su domicilio, presumiblemente con “aire acondicionado”.

En este caso las presas y las acechanzas se han tomado un respiro hasta que climas más favorables y la auto complacencia de las “bandas del latrocinio” vuelvan a poner en mi punto de mira a la siguiente tanda de “victimarios”.

Observo que los temas seguirán siendo los de siempre, pues como animales de costumbres parece que nos resistimos a dejar de roer siempre las mismas cuestiones del inconsciente colectivo.

Padres y madres de la patria que se saltan su aforamiento por creerse invulnerables y que les debemos a su juicio que nos “pastoreen”; purgas periódicas de “los ídolos” de masas que suben y bajan con la misma velocidad con la que los mass media, las redes sociales o las modas construyen “gigantes y cabezudos” para entretenimiento de los que sueñan con su minuto de gloria y con compartir algo con sus ídolos. Muchos se tatúan mensajes de ánimo balompédico o signos en lenguas que no conocen, sencillamente para ser como ellos; otros mudan su ajuar de cama, pijamas, y ropa informal para simbolizar su “adscripción” a quien sabe que grupos o subclases sociales.

El tatuaje es en el hoy, lo que antaño fueron otros gestos de tribu para reconocerse entre ellos, como los canidos se olfatean de forma impúdica.

La cuestión es que ya, de forma informal, se le ha dado con su paciencia y con mis conversaciones semanales, la vuelta a gran parte de los “mundos” que son susceptibles, con errores y con aciertos, de caer bajo la mirilla de mi diverso equipamiento de caza.

En breve retomaremos el pulso de aquellas acciones que merezcan su atención. Por ahora ya vemos “estar de parto los montes”, con nuevas ínfulas guerreras de imperios que caen y de imperios que resurgen, con falaces promesas de equilibrio sobre las Democracias ante las Autocracias; aparecerán nuevos “modelos” creados para el entretenimiento y el asueto de los que ya cada vez tienen menos tiempo para depurar lo bueno de lo parcial… es mucho más cómodo que te escriban la historia y te doten de “pan y circo”. Al fin y al cabo en la era del conocimiento y la información tenemos demasiado tiempo para buscar como no perder el “trabajo” y poco tiempo para seleccionar el ocio con el que adormecernos nuestra vida hasta la siguiente madrugada que nos reclame “al tajo”.

El mundo tiende a cero por la propia inercia “del más difícil todavía”, una dinámica que ha creado la permanente insatisfacción que tenemos con lo logrado, o heredado, gracias al esfuerzo de nuestros antepasados. Esfuerzo dilapidado precisamente para mantener la farsa de los proceres, de los sistemas a punto del colapso, y sobre todo una vida sin sentido que atiborra las consultas de farmacopeas y especialistas del “saneamiento mental”   

No les prometo tener mejor puntería, pero sí que intentaré retrasar la vida tendente a cero, que también sin duda, marca mi propio destino.   

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