martes, junio 28, 2022

¡Que no te cuenten películas!

Es un dicho o deseo, habitual, el escuchar eso de «¡qué película saldría!» referido a uno u otro evento de la Historia de España. Que si lo de Cartagena de Indias y Blas de Lezo, que si la batalla de Pensacola con Bernardo de Gálvez, que si la Conquista de México con Hernán Cortés, que hay que ver qué de oportunidades perdemos… Y el caso es que las perdemos, tanto si no se hacen, como si se hicieran. ¡Porque se hacen!. Como la que se rodó y estrenó con gran elenco, sobre los últimos de Filipinas (1898, Salvador Calvo, 2016), la última sobre la Conquista en genérico (Oro, Díaz Yanes, 2017), la serie sobre Cortés (Hernán, Amazon, 2019), o la que se está rodando sobre Elcano (Sin límites, RTVE, 2022).

Porque al final y a la hora de la verdad, no pareciera sino que acabamos entrando en el manido mundo de los tópicos negrolegendarios, y dejando que nosotros mismos, no ya nos coman la tostada, sino que seamos quienes la quememos. Con lo que casi prefiere uno que mejor nada de experimentos, y que las pelis nos sigan viniendo de donde siempre. De Hollywood. El problema es que, desde tal lugar, que otrora estuvo enclavado en territorio del Virreinato de Nueva España como una colina del Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del Río de Porciúncula, pues no suelen llegar sino disgustos. O bromas de mal gusto, como cada vez que se trata algo relacionado con España, sus costumbres, historias o tradiciones.

Me disculparán si me cito (ya saben, es que me tengo más a mano), pero en el libro de Siempre tuvimos héroes, ya recogía varias antologías del disparate cinematográfico. No había más que ver cualquier superproducción de Hollywood para advertir cómo, por ejemplo, a los pies de la Sagrada Familia o en cualquier calle de Barcelona, se oye el rasgueo de una guitarra flamenca (Vicky, Cristina, Barcelona. Woody Allen. 2008.) En la mítica Los Simpson, Homer va a Cataluña con un tal Eduardo Barcelona (sic), que quiso ser torero, por supuesto (temporada 25, episodio 4). En una serie como The Unit será en Valencia donde se oiga música flamenca. Más divertido es ver cómo se sueltan toros sin recorrido vallado alguno en unos Sanfermines… ¡por las calles de Sevilla! (Noche y Día. Con Tom Cruise y Cameron Díaz. 2010). Aunque la cota homérica la podemos encontrar cuando Anthony Hopkins le suelta a Tom Cruise en Sevilla (¡dónde si no!) lo de «Estas fiestas son un fastidio, honrar a los santos quemando cosas. Curiosa manera de venerarlos, ¿no cree?», mientras que unas falleras valencianas, junto con pamplonicas de blanco y pañuelo rojo, queman a saber qué mientras pasa una efigie de Semana Santa entre amenazadoras antorchas llevadas por danzantes, al son de una música indescriptible (Misión Imposible 2. John Woo. 2000). Impagable.

En mi último libro, el de Fake News del Imperio español, cité el trabajo de un militar, don Esteban Vicente Boisseau. Su libro La imagen de la presencia de España en América (1492-1898) en el cine británico y estadounidense ha dado pie a un libro de tipo más divulgativo: Hollywood contra España (Espasa). En él se repasa lo que hemos podido ver tantas veces: el tratamiento de todos los clichés posibles aplicados a lo español. Donde los soldados, conquistadores y reyes (especialmente Felipe II, claro), son despiadados, salvajes, crueles, ignorantes y meapilas. Muy meapilas y mucho meapilas. Como la imagen que diera Jordi Mollá (¡encima un actor español!) en la de Elizabeth, la edad de Oro (Shekhar Kapur, 2007) del Rey Prudente, como un ser patizambo, oscuro, y rodeado de perversos cardenales.

Nadie nos vendrá de fuera para mostrarnos de manera rigurosa nuestra Historia. Muy cara resulta hacer una superproducción como la de Master & Commander (Peter Weir, 2003), que cada vez que la echan sale uno de verla imbuido del espíritu de Nelson, y con ganas de alistarse a la Real Armada del rey Jorge de Inglaterra. No podemos quejarnos si en un taquillazo basado en un videojuego como Uncharted de 2022, ¡y con Antonio Banderas!, la expedición de Elcano es para conseguir oro, y la vuelta al mundo es cosa de Magallanes… que jamás pensara en ello. Pero hay veces que soñar (y desear) es gratis. Aunque tal vez, y en espera de que los sueños se hagan realidad, mejor pensar en seguir fomentando la lectura de tantas buenas novelas históricas basadas en la Historia de España. De cómics incluso y de libros ya escritos para niños y jóvenes. Y en la moda del ensayo histórico divulgativo. Gracias a estos últimos, ya podemos saber con rotundidad que lo que sale en las películas sobre España es tan falso como el bigote de Groucho Marx. Y que ya está bien de engañarnos en la ficción con lo que nunca fue realidad. No. ¡Que no te cuenten películas!

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