martes, junio 28, 2022

Putin no es Rusia

Veo mucho odio injustificado hacia el pueblo ruso. «Putos rusos, qué locos están», escucho muy a menudo desde el pasado jueves a gente que no ha tratado con un ruso de a pie y no se ha preocupado por el conflicto en el este de Ucrania en su vida. Pero da igual, es lo que toca ahora. Es el tema del momento. Y hay que posicionarse y opinar, lo dicen los grandes medios de comunicación.

Sí. La reacción militar de Putin en Ucrania es desmesurada. Para mí, está fuera de lugar, pese a las continuas presiones y chantajes que lleva recibiendo de Occidente desde hace tiempo. Pero ¿qué culpa tendrá el ruso medio? He vivido más de tres años en Rusia, y personalmente no conozco a nadie que apoye esto. En Rusia hay de todo. Gente afable, familiar y acogedora. Y gente rancia, grosera e insoportable. Pero como en todos los países en los que he estado en mi vida. Por supuesto, alguno habrá que apoye la guerra, incluso alguno que justifique los ataques (sus motivos tendrá), pero generalizar siempre es deleznable y no solo cuando nos afecta a nosotros, a nuestro colectivo o a nuestra nación. «Españoles franquistas», «españoles genocidas», ¿os suena? Pues esto es lo mismo.

«Los rusos estarán encantados de la guerra. Les flipa la violencia y beber vodka», afirma algún iluminado desde el sofá de su casa después de ver cuatro vídeos en La Sexta (son los medios y los políticos los que generan estos malditos clichés). Pero todo lo contrario. El ruso medio está acojonado, con una guerra al lado de casa y con unas sanciones económicas (caída del rublo, código SWIFT, vuelos, eventos deportivos, etc.) que van a destrozar su ya de por sí complicada vida. Temen el aislamiento del mundo por el mero hecho de ser rusos y por tener de presidente a Putin, para encima tener que aguantar el odio de algunos que lo más cerca que han estado de la cultura rusa es de una «ensaladilla».

Estigmatizar a una persona por su lugar de nacimiento (España, China, Rusia o EE.UU.), por la orientación religiosa de su país (católicos, judíos o musulmanes) o por quién mueva los hilos de su país (Putin, Sánchez o Trump) es injusto. Siempre me ha parecido una grotesca forma de racismo.

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