sábado, noviembre 27, 2021

La Liwa Huseynyun: ¿el Hezbollah de Azerbaiyán?

Rusia está temerosa de perder influencia por sus tensas relaciones con la Armenia de Pashinián y el empuje turco e Irán, también amenazada por estos movimientos, reforzó posiciones tanto en Armenia como en Azerbaiyán, ¿cómo?, con una nueva milicia chií

Tras la reciente crisis entre Azerbaiyán y Turquía con Irán por el conflicto de los camioneros iraníes que desde Armenia entraban en Artsaj para entregar suministros de toda clase, la tensión aumentó entre Bakú y Teherán. En agosto el gobierno de Aliyev había propuesto unas maniobras militares de alto nivel con Turquía y Pakistán, el ejercicio militar se llamaba “tres hermanos”. En este contexto estalló la crisis diplomática.

Frente a los intentos de Teherán de calmar la situación pero preocupados por los movimientos de Armenia hacia Occidente, que eventualmente podrían resultar en un problema para Irán y Rusia en el Cáucaso, el gobierno iraní empezó a actuar. No olvidemos que en Yerevan (Capital de Armenia) está la embajada estadounidense más grande Oriente Medio. Las presiones que desde Bakú estaban realizando contra Armenia para abrir el corredor de Zangezur y así unir Azerbaiyán con su exclave en Najicheván eran muy contundentes, el exclave está unido a su principal Turquía, por lo que las relaciones entre azeríes y armenios se tensaron más.

Mientras Aliyev presionaba para que ese corredor en territorio armenio se convirtiese en una zona libre, los armenios se remitían a los acuerdos que pusieron fin a la guerra de 2020 por el cual Armenia se comprometía a dinamizar el transporte pero en el acuerdo no se hacía referencia explícita a Zangezur. Frente a esto, los discursos de los líderes azeríes y las amenazas contra Irán surtieron efecto con unas maniobras militares en la frontera entre Turquía y Azerbaiyán que fueron contestadas con unas contramaniobras militares.

En la guerra mediática de acusaciones, reproches y muestras de fuerza militar los azeríes comenzaron a entender que la situación podría ser mucho más peligrosa de lo que ellos mismos creían ya que si entre la población iraní y entre algunos soldados del ejército iraní había muestras de cierto apoyo a Azerbaiyán y a los Lobos Grises, en la propia Azerbaiyán comenzaron a verse vídeos de militares azeríes jurando lealtad a Jamenei así como la aparición de la Liwa Huseynyun.

Esto es una situación muy grave. Desde hace más de diez años el servicio secreto israelí (el Mossad) estrechó lazos con Azerbaiyán, de hecho la relación Bakú-Tel Aviv es muy importante ya que han logrado establecerse en la costa del Mar Caspio, en la frontera de Irán por lo que son una amenaza. En paralelo los servicios secretos iraníes, la VEVAK pero también el servicio secreto militar de la Fuerza Quds, la Unidad de Élite de la infantería de élite del país, los Pasdarán (la Guardia Revolucionaria) llevaba años espiando y estableciendo una tela de araña en la forma de Redes Stay Behind capitaneados por Qassem Soleimani.

Lo que Israel y Estados Unidos no esperaban es que tras su asesinato en enero de 2020, los sucesores siguieran con los planes concebidos por el asesinado general. Soleimani había dedicado más de dos décadas a formar oficiales militares y de inteligencia para que, tras su muerte o retirada, siguieran manteniendo un alto perfil.

En este momento hizo su aparición la estrategia iraní: durante una década Azerbaiyán, en silencio, había sido una prioridad para Irán tanto por sus relaciones con Israel como por su estrechísima relación con Turquía, su mayor rival regional. Por lo que la manera de infiltrar a la sociedad azerí era a través de la religión. Irán tiene una gran ventaja en ese campo ya que los azeríes, como los iraníes, son chiitas y en el complejo tablero geopolítico de Oriente Medio la carta religiosa es un as en la manga.

Irán, en su política de intervención militar indirecta a través de agentes vehiculares ideológicos había logrado adelantar su defensa hasta el Líbano con Hezbollah pero también a Yemen con Ansarullah, sus posiciones estaban aseguradas en Irak a través de la composición de estado que posee Irak (ideada por los estadounidenses como una mala copia de los acuerdos de Taif del Líbano) que al dar el poder al Primer Ministro, chiita, estaba dando a Irán la llave de Irak lo cual combinado con las milicias, el poder del Ayatollah Sistani que desplazó a Al Sadr pues Teherán posee Irak bajo su control, sin contar con sus buenas relaciones con los kurdos (Nerchivan Barzani estuvo en la ceremonia de toma de posesión del Presidente Raisi el pasado agosto).

En Siria, por la influencia rusa, no se ha podido concretar una estrategia de milicias pero el apoyo de Irán a Siria y las labores auxiliares de estas milicias chiitas y alawitas así como el apoyo a Bashar al Asad y a los cristianos ha dado a Irán un gran ascendente sobre Siria pero, al mismo tiempo, en Pakistán y en Afganistán el gobierno de Teherán ha encontrado una gran cantera en la forma de milicianos voluntarios chiitas que tras ser entrenados fueron enviados a combatir a Siria, Irak y Yemen.

La estrategia de las Liwa otorgó a Irán una cantera de voluntarios que desde el Asia Central iban a Oriente Medio siendo, al mismo tiempo, estos grupos una copia del Basij iraní en estos países cuya función era la ideologización, captación y reclutamiento de efectivos pero, también, recolección de información. Desde 2019 se escuchaban rumores de que Irán había logrado crear una estructura similar en Azerbaiyán para enviar combatientes a estos escenarios pero no se tenían noticias claras hasta que se mostraron abiertamente en este conflicto jurando su lealtad a Jamenei.

 Aliyev, ya en septiembre, comenzó una política de apaciguamiento. Los azeríes, muy seguros de sí mismos por su alianza turco-israelí y la victoria sobre Armenia descubrieron que tenían un enemigo latente en casa. Ahora el temor es que estos grupos comiencen a realizar labores de difusión ideológica en el país a través de propaganda antialiyev por sus relaciones con Estados Unidos e Israel y la composición ideológica del país cambie dándose una islamización al estilo chiita iraní que acabaría no tanto en una revolución islámica sino en una forma de “finlandización” de la política exterior azerbaiyana por el gravamen que supone el ojo vigilante iraní hacia actividades de Azerbaiyán, una eventual islamización turcoiranizada a largo plazo es también temida por el entorno de Aliyev.

A Irán y Rusia les va la vida revertir la situación en el Cáucaso: Armenia debe seguir en la esfera rusa e iraní y Zangezur no puede internacionalizarse porque eso implica libre tránsito de material desde Turquía a Azerbaiyán lo cual implica, también, una ventaja estratégica para Israel. Irán necesita retrasar ese proyecto como sea para evitar eso y la unión de Turquía con el Centro de Asia vía Azerbaiyán. Por ahora parece que lo ha conseguido a pesar del estado de tensión que se vive en estas latitudes y que ayer mismo, el día 16 de noviembre, estallaron en una escalada no vista desde la guerra de 2020.

Los ataques llevados a cabo por Azerbaiyán contra territorio armenio dejó clara la supremacía militar azerí, el apoyo turco pero también una gran pasividad rusa, pasividad que se desprende de la situación geopolítica que se vive en la región y que Armenia, tras la llegada al poder de Pashinián, no ofrece todas las garantías de fiabilidad a una Rusia temerosa de perder la influencia en una región espoleada por los “terremotos” geopolíticos últimamente.

Los rusos, temerosos de la penetración turca y los intentos de Ankara por ir arrinconando a Rusia en el Cáucaso sur y Asia Central donde el modelo postsoviético de instituciones está agotado frente al nuevo modelo identitario túrquico, aunque esta mutación aún está en tránsito. Esos esfuerzos se ven en el tratamiento de Azerbaiyán a Armenia, conflicto que no es sólo por Artsaj, que lo es, sino que representa algo mucho más profundo cuyo cambio sería un seísmo.

Irán, que conoce la situación por la que pasa Rusia en la zona es consciente de que tiene dos bazas: frontera con ambos países, excelentes relaciones con Yerevan (van a abrir un parque industrial conjunto en territorio armenio), acuerdos de ayuda militar persa a Armenia y una milicia chiita proiraní en Azerbaiyán. Si Rusia está intentando calibrar su posición en estas regiones jugando al palo y la zanahoria con Armenia, los iraníes están bunkerizando todas sus opciones regionales. El Cáucaso, si sigue así, volverá a arder más pronto que tarde.

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