martes, agosto 16, 2022

(VÍDEO) Las termas de Caracalla de Roma desvelan los frescos de la ‘domus’ de los dioses

La casa pertenece a la época del emperador Adriano y contiene frescos dedicados a varias deidades romanas, pero también egipcias y helénicas

El yacimiento arqueológico de las Termas de Caracalla de Roma amplió este jueves su recorrido abierto al público con la exposición de los impresionantes frescos que decoraban una casa de hace casi dos mil años, con deidades romanas, egipcias y griegas, un caso «único» en el panorama histórico y artístico de la ciudad.

La domus (‘casa’ en latín) a la que pertenecen las pinturas murales es del periodo del emperador Adriano (siglo II d.C), de origen hispano, pero fue destruida y sepultada por orden de las autoridades romanas en el 206 d.C para construir el impresionante complejo de termas de Caracalla (198-217).

Esta antiquísima casa ha permanecido así, bajo tierra, en el lado sureste de las termas, hasta que fue descubierta en la excavación de Giovan Battista Guidi entre 1858 y 1869. Sin embargo, fue sepultada de nuevo y no se estudió en profundidad hasta 1970.

Entre otras cosas, en la domus se descubrió una cantina junto al vestíbulo y una escalera independiente en su exterior que llevaba a sus pisos superiores, que permiten suponer que fue una insula o bloque de viviendas de clase medio-alta o un palacio señorial.

Su decoración evidencia que se trataba del domicilio de personas pudientes, ya que la mayoría de sus estancias estaba ricamente decorada con frescos y en sus paredes aparecen figuras humanas y pequeñas escenas paisajistas, siguiendo la moda de aquel entonces.

Para sorpresa de los expertos y arqueólogos, el lugar conservaba gran parte de sus pinturas a pesar del paso de los siglos y de las expoliaciones, y desde hoy el visitante podrá apreciarlos en una nueva exposición en las Termas de Caracalla.

El edificio en sí es un caso raro entre las casas de la antigua Roma, pero especialmente relevantes son los frescos que fueron cuidadosamente extraídos de sus muros en 1975 en dos de sus salas, una dedicada al culto, mejor conservada, y un triclinio o comedor.

En el primer caso, inicialmente considerado un simple larario, un altar doméstico, se trata de un auténtico lugar de culto a deidades romanas y orientales, muestra de la armonización de los distintos cultos que los romanos emprendieron conforme crecía el imperio.

En las paredes aparece la Tríada Capitolina -Júpiter, Minerva y Juno- pero también Anubis, el dios egipcio de los muertos, Isis, o su par helénica, Deméter, protectora de los campos y cultivos.

Fuente: EFE.

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