viernes, octubre 22, 2021

Plató y Congreso

La política de lo instantáneo, que trajo consigo la desaparición del contexto y la contradicción, ha ido desarrollándose al calor de dos combustibles: la tragedia y la algarada.

Los dogmas políticos se afianzan a través del consenso, que no es otra cosa que el chantaje perpetuo en el que unos ponen lo emotivo y los demás el voto. Si estás en contra de él, politiqués dixit, implica que tu negativa se debe al objetivo y no al método. 

La cuestión de los infanticidios, que no entraré a valorar estadísticamente por no adentrarme en la ciénaga moral en la que algunos nadan con soltura, ha sido la última pieza de la semana en torno a la que se ha articulado el debate público, capitaneado por la política de viñeta. 

Un lado lo forman ciertos medios de comunicación, prestos a salir a la carrera por una foto más amarillista que la anterior en un ejercicio que llevan perfeccionando años. Del otro lado se encuentran los siempre rapaces, que con el consenso en la mano y el dedito levantado en la otra salen a la palestra a rebuscar en la tragedia con el objeto de encontrar ese combustible que les permita seguir arañando unos pocos meses más en el sillón.

El haber heredado de nuestros padres unas instituciones fuertes no será óbice para que la demagogia, una educación parcial y el vaivén emotivista vaya corroyéndolas hasta sus cimientos. El Estado de derecho, la igualdad frente la ley, la separación de poderes, la presunción de inocencia y otra serie de realidades que han sostenido los pilares de toda sociedad que se precie irán limándose hasta hacer insostenible el peso que separa la barbarie de la civilización. A ello han contribuido buena parte de quienes, por complicidad o temor a la turba, callaron ante atropellos constitucionales como los que narró Alfonso Guerra en noviembre de 2019.

La cuestión, como todo, es política. Si por efectos prácticos fuere, PP y C´s formarían parte de la primera pancarta que encabeza el 8-M. Pero la realidad es que, pese a haber suscrito todas y cada una de sus tesis en esta materia, los insultos, las agresiones y los escupitajos han ido aumentando cada año. 

Los adjetivos y los conceptos han sustituido a las definiciones, y la lucha por la terminología la gana el primero que la implanta. Primero comenzó en los círculos académicos y después se proyectó en el Congreso. El siguiente paso es la Justicia (con mayúsculas), porque cuando la Justicia tiene perspectiva deja de ser ciega para convertirse en parte.

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