jueves, agosto 18, 2022

La OTAN en Madrid

Madrid tiene estos días el dudoso honor de acoger la cumbre de la OTAN y a los madrileños nos lo han hecho saber: hay controles aleatorios, una presencia policial que ni en Corea la mala y cortes en toda la ciudad. De modo que se está entorpeciendo la vida de los madrileños para hacer más cómoda la de los cuarenta o cincuenta jefes de Estado que han venido a charlar sobre la guerra de Ucrania, la adhesión de Finlandia y Suecia y la estrategia que seguirá la OTAN durante la próxima década. Quién sabe, a lo mejor hasta les da por bombardear Belgrado otra vez.

Con todo, hay madrileños a los que no les molesta en exceso que les exijan enseñar su documentación, justificar sus desplazamientos a según qué zonas o tardar tres cuartos de hora en llegar al trabajo; se sienten, según he podido leer, orgullosos de que su ciudad acoja esta cumbre. Supongo que son los mismos cosmopaletos que cantan Imagine después de un atentado, que detestan la guerra salvo si les aseguran que es por la democracia, que, en fin, justifican las atrocidades de Estados Unidos en Oriente medio pero condenan decididamente que Putin haya invadido Ucrania.

Pero no todo iba a ser malo. También hemos podido comprobar que tenemos una policía, una Guardia Civil y hasta un ejército efectivos, muy eficientes, a los que, sin embargo, sólo se les proporcionan medios cuando se trata de despejar Madrid para los miembros de la OTAN y sus aliados. En la Castellana no se les cuela nadie; en Melilla, en cambio… 

La cumbre nos está dejando, además, imágenes de postal; fotos que, estoy seguro, Sánchez llevará en su cartera —o en su iPhone— hasta el fin de sus días. Porque al doctor lo hemos visto pletórico sabiéndose anfitrión, organizador, capitán general siquiera por dos días. Y sólo le ha superado Macron, al que le gusta compadrear con sus colegas aunque los juzgue inferiores; al fin y al cabo, fue él quien se atrevió con el look Zelenski, sudadera incluida, a un mes de las elecciones. Y también ha venido Biden, el único al que el rey fue a recibir; lo que no podemos asegurar es que él mismo sepa que ha venido, pues cada día se entera de menos y cada día lo disimula peor. Qué alivio que esta vez no tenga que montar en bicicleta.

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