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La despenalización de la eutanasia vuelve a abrirse camino en Portugal por tercera vez

El debate público sobre la eutanasia está instalado en Portugal desde 2018, aunque hasta 2021 no hubo luz verde en el hemiciclo

La despenalización de la eutanasia vuelve a abrirse camino en Portugal, donde superó este viernes su primer trámite en el Parlamento después de que los dos proyectos aprobados la pasada legislatura fuesen vetados y no llegasen a entrar en vigor.

El pleno del Parlamento luso aprobó este jueves cuatro propuestas que despenalizan la eutanasia para casos de «lesión definitiva de gravedad extrema» o «enfermedad grave e incurable», que podrán continuar su tramitación parlamentaria.

Los proyectos fueron apoyados por la mayoría de los socialistas, una minoría de diputados del conservador PSD (centro-derecha) y todos los escaños de Iniciativa Liberal, el Bloco de Esquerda, el animalista PAN y el izquierdista Livre.

La mayor parte de los diputados del PSD, así como la totalidad de la derecha de Chega y los comunistas, se opusieron. Además, fue rechazada una propuesta de Chega para someter la despenalización a referéndum.

Los textos pasarán ahora a las comisiones competentes, donde serán estudiados en profundidad y eventualmente modificados, antes de volver al pleno para una segunda y definitiva votación.

Dos aprobaciones fallidas

Es la tercera vez que la despenalización de la eutanasia se abre camino en el Parlamento luso, ya que en la anterior legislatura fue aprobada de forma definitiva en dos ocasiones pero no llegó a entrar en vigor.

Una primera ley fue aprobada en enero de 2021, que la despenalizaba para casos de mayores de edad, sin enfermedades mentales, en situaciones de sufrimiento «insoportable» y «enfermedad incurable y fatal». Sin embargo, el presidente luso, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, envió la norma al Constitucional para que la revisase en vez de promulgarla.

El tribunal acabó rechazándola por utilizar conceptos «imprecisos», aunque señaló que esta práctica, por sí misma, no es inconstitucional y abrió la puerta a que el Parlamento la tramitase de nuevo.

La Cámara volvió a sacar adelante la ley con correcciones en noviembre, con un nuevo artículo dedicado a definir algunos términos, como los de muerte médicamente asistida, enfermedad grave incurable, lesión definitiva de gravedad extrema o sufrimiento. Rebelo de Sousa decidió entonces aplicar un veto político a la norma directamente, porque tenía «contradicciones» sobre las situaciones en las que se podía aplicar.

Los cuatro proyectos aprobados este jueves buscan superar esas «contradicciones», y por ello han suprimido la exigencia de que exista una «enfermedad fatal» para poder optar a la muerte médicamente asistida.

Un debate desde 2018

Aunque hasta 2021 no hubo luz verde en el hemiciclo, el debate público sobre la eutanasia está instalado en Portugal desde 2018, cuando el Parlamento vetó otras propuestas que iban en el mismo sentido. Dos legislaturas y dos aprobaciones después, la composición de la Cámara es cada vez más favorable a la despenalización.

«Este ya no es el debate de hace años», dijo este jueves la diputada socialista Isabel Moreira durante la discusión en el hemiciclo, donde consideró que el país sabe «que el derecho a la vida no puede transfigurarse en un deber de vivir en cualquier circunstancia».

«Es la voluntad de la mayoría del país», afirmó por su parte la líder del Bloco de Esquerda, Catarina Martins, que señaló que «este proceso lleva ya años y debe tener ahora su promulgación normal».

Desde Iniciativa Liberal, su presidente, João Cotrim de Figueiredo, refirió que «todos son libres de decidir y nadie puede ser penalizado o tratado diferente por ejercer o no» el derecho a la eutanasia, mientras que la líder del animalista PAN, Inês de Sousa Real, defendió que «la justicia tiene que servir a quien sufre».

Mientras el debate avanzaba en el Parlamento, medio centenar de personas participaba en una protesta silenciosa en contra a las puertas de la Asamblea. Con la tramitación parlamentaria en marcha, y ante la previsión de que vuelva a haber una aprobación definitiva, los ojos están puestos en el presidente, que no ha revelado qué hará con la nueva norma.

«Tengo que ver la ley», dijo el pasado fin de semana el jefe del Estado, católico practicante.

Fuente: EFE

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