viernes, octubre 22, 2021

Cuando la verdad te estropea un titular

La carta del delincuente Junqueras

El alborozo con el que el impostor que vive en la Moncloa ha recibido la publicación de la carta que el delincuente Junqueras ha remitido a un medio de comunicación amigo, ha puesto en evidencia la desesperación de Sánchez ante las consecuencias que tendrá para él (para su poder, que es lo único que le importa) su decisión de indultar a los delincuentes condenados por sedición y malversación de caudales públicos.

Es normal que un gobierno dirigido por un publicista trate de sacar rentabilidad mediática al spot publicitario de su socio golpista. Porque cuando la propaganda ha sustituido a la política, los titulares convenientemente adobados se convierten en la verdad revelada. El publicista y su empleador son tan soberbios y tienen tal desprecio hacia la inteligencia de los ciudadanos que creen que les vamos a comprar la mercancía averiada y que vamos a seguir aceptando pulpo como animal de compañía. 

Sánchez se ha convertido en un experto en lavar la imagen de los enemigos de la democracia, lo mismo de los que planificaban y ejecutaban asesinatos para evitar que la democracia se consolidara en España como la de los que dan golpes de estado para destruirla. Y parece que hasta hace unas semanas le habían dado un buen resultado las campañas de publicidad diseñadas por su goebbels de bolsillo, bien alimentadas por el dinero con el que riegan las terminales mediáticas en las que insertan sus anuncios y con el trabajo de los centenares de asesores de imagen que pululan por Moncloa y aledaños.

Pero, ay, amigo, eso se ha acabado. Y no es porque al impostor que vive en la Moncloa le haya mirado un tuerto, sino porque los españoles nos hemos desperezado, hemos abierto los ojos y todas sus tropelías, todo su filibusterismo, todas sus mentiras… han quedado al descubierto.

Quizá el goebbels de bolsillo aún no se ha apercibido que el tiempo de la impunidad se ha terminado para Sánchez; o igual se ha dado cuenta y no se lo quiere decir a su empleador por miedo a que le dé el finiquito. Pero lo cierto es que se ha levantado el velo, ha cambiado el ciclo y las engañifas, las mentiras, y el postureo del impostor se está volviendo contra él. Se acabó lo que se daba.

Cuando tras el informe demoledor del Tribunal Supremo, Sánchez anuncia que seguirá adelante con su objetivo de amnistiar el golpismo e indultar a los grandes delincuentes que lo llevaron a cabo, suena la voz de alarma al ver que tal decisión provoca el rechazo de la inmensa mayoría de ciudadanos, entre ellos de la mayoría de votantes del PSOE. Es en ese momento cuando la Factoría Redondo recibe el encargo de diseñar una estrategia de choque para frenar esa creciente masa crítica de españoles decentes que han decidido no indultar a Sánchez. Y el goebbels de bolsillo toma la decisión de adelantar el estreno de la performance del delincuente Junqueras.

Pero los tiempos han cambiado. Y en este momento ya nadie cree nada de lo que salga de Moncloa, ya sea directa o indirectamente. Los españoles leemos la letra pequeña, no nos quedamos con los titulares. Y si Sánchez dice que algo es bueno, lo ponemos en cuarentena y, de entrada, recelamos. Nos ha engañado tantas veces…

Así que nos pusimos a leer la carta y descubrimos que el anuncio de la película producida por Redondo era un fraude, que no contenía nada de lo que prometía… Que es un bodrio, que los titulares con los que se presenta esta superproducción son una burda mentira. Y por eso de que siempre es mejor tener a mano el original que la copia – sobre todo si quien te vende la mercancía es un farsante-, y de que «en tiempos de oscuridad decir la verdad es un acto revolucionario», vamos a reproducir un par de párrafos de la carta: 

«La amnistía es nuestra prioridad para acabar con la persecución policial. A pesar de ello, hay gestos que pueden aliviar el conflicto, paliar el dolor de la represión y el sufrimiento de la sociedad catalana, y cualquier gesto en la línea de desjudicialización del conflicto ayuda a poder recorrer ese camino».

O sea, que dice Junqueras, el indultable amigo de Sánchez, que en Cataluña hay persecución policial y que juzgar a los delincuentes es judicializar el conflicto.

«No queremos formar parte de un estado donde persisten estructuras que sirven para perseguir a los adversarios políticos, donde hemos de acatar leyes que nos parecen profundamente injustas y arbitrarias, que tipifican como delitos comportamientos que son plenamente democráticos y deberían ser delictivos. De hecho, tenemos el deber de trabajar incansablemente, por todas las vías democráticas posibles, para cambiar esta situación. Y eso es lo que hemos hecho y haremos». 

O sea, en el Estado español se persiguen las ideas, se les ha juzgado por sus ideas, porque  ellos, los delincuentes, no han dado un golpe contra la democracia, sino que han utilizado vías democráticas. Y el delincuente, que no solo no se arrepiente sino que reitera que volverán a hacer lo que han hecho para subvertir el orden constitucional.

Malo es que el delincuente Junqueras se reivindique como preso político; malo es que el ministro Iceta le compare con Mandela… Pero lo verdaderamente delirante es que Sánchez carezca del más mínimo escrúpulo y se sienta legitimado por la arenga de un golpista que se reivindica como el campeón de la democracia. Vamos, que la reacción de Sánchez ante Junqueras es como si Gutiérrez Mellado o Suárez se hubieran arrodillado ante Tejero. 

Bueno, pues que el domingo nos vemos en Colón. No hay plaza mejor en España para hablar: en el centro de Madrid, que lo es de España, y a la sombra de la bandera de España.

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