sábado, agosto 13, 2022

(VÍDEO) La decapitación de maniquíes bajo el régimen talibán llega a Kabul

Comerciantes advirtieron que esta medida está afectando a su economía porque deben hacer frente a la disminución de las ventas de sus productos y a los precios de los maniquíes

Los talibanes han empezado a pedir a los comerciantes de Kabul que decapiten a los maniquíes, una medida que el Gobierno islamista había empezado a implementar en otras partes de Afganistán por su oposición a cualquier representación humana.

Detrás de esta medida está el temido Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio, que reconoció este lunes que, aunque no han emitido «ninguna orden oficial» para cortar la cabeza a los maniquíes, sí lo recomendaron.

«Solo explicamos (a los comerciantes o dueños de las tiendas) que mantener enteros los maniquíes está prohibido en nuestra religión al considerarse idolatría, por lo que les aconsejamos» que los decapiten, afirmó el portavoz del ministerio, Mohamad Sadiq Akif.

Sin una orden oficial, los encargados de divulgar estas recomendaciones entre la población son los diferentes comités antivicio presentes en los distritos capitalinos.

«Algunos miembros de la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio vinieron a mi tienda y me explicaron que mantener los maniquíes está prohibido en el islam y me pidieron decapitarlos«, dijo Agha, un comerciante del área de Shar-e-now en Kabul.

Varios comerciantes de la capital advirtieron de que esta medida está afectando a su economía, y denunciaron que ahora no solo deben hacer frente a la disminución de las ventas de sus productos, sino también a los precios de los maniquíes.

La práctica de cortar la cabeza a estos armazones con forma humana comenzó a implementarse a principios de este mes en la provincia occidental de Herat, donde los vendedores mutilaban con sierras las cabezas de las figuras por temor a los talibanes.

El Ministerio de Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio fue una de las instituciones más temidas en el primer régimen talibán entre 1996 y 2001, cuando recluyeron a las mujeres en sus casas, prohibieron la reproducción de música y castigaron con dureza todo lo que consideraran contrario al islam.

La poderosa institución se extinguió tras la caída del régimen con la invasión estadounidense, y durante los siguientes 20 años era solo un mal recuerdo para los afganos, pero con su regreso al poder en agosto se reinstalaron en el desaparecido Ministerio de la Mujer.

Ahora, las radicales interpretaciones del islam de este organismo se suceden, como la recomendación a los taxistas y autobuses de no transportar a mujeres sin velo o sin la compañía de un varón de su familia en el caso de viajes largos, además de rechazar las películas «inmorales» o los rostros femeninos en los escaparates.

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