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Verdades descarnadas

No conozco a nadie que no diga que las acciones solidarias dignifican a la persona, contribuyen a que el mundo avance por el camino del progreso moral y que casi sea una obligación educar en ella, pues el mundo da mejor aspecto si estimamos a «los otros» y compartimos lo que tenemos.

Pero al mismo tiempo siempre acecha en nosotros la necesidad de la extimidad y al menos un intento de lograr la meta del cuarto de hora.

La Fake News y los procesos de manipulación de masas, logran la relativización de la verdad, debemos digerir rápidamente la información antes del siguiente plato, y aspiramos a ser «caballeros/as de brillante armadura» durante el tiempo suficiente para que el resto de nuestra vida nos podamos mirar al espejo del recuerdo. Muchos viven de sus recuerdos al no poder ser nada más que lo que fueron en ese momento de gloria.

Cuando nos piden que seamos solidarios nosotros lo somos. Pero nos resulta más fácil si antes nos han vendido la necesidad de asistir a alguien (y si es de nuestro grupo étnico mejor), desde tiempo antes de necesitar hacerlo.

Como en todo hay doble rasero. Como en todo hay intereses. Ya sea por hambruna, lucha política o guerra siempre es más fácil cuando les vemos como iguales y nos lo muestran como parte de nuestra Cultura.

Como «francotirador» te dejan desarmado y sin palabras o argumentos, porque si osas comparar situaciones o alertar sobre cuando no lo hicimos… entonces caes en la desgracia social y se te considera algo peor que un egoísta. Usan palabras talismán que no hace falta que definan porque, aunque casi nadie las define correctamente, todas están asociadas con actitudes terribles: egoísta, racista, xenófobo, fascista…

Quien se atreva a ir contra los discursos oficiales corre el riesgo doble: por un lado, por incitar a pensar te hace sospechoso de pertenecer a cualquier «cosa» que sea abominable para el ser humano y la democracia; por otro lado, serás marcado, si eres persona pública o mediática de tal forma que tu profesión o modo de vida estará amenazado… por tanto, te obligan a callar, ir a favor de corriente o arriesgarse a fenecer ante la avalancha de «seguidistas» del discurso oficial.

En estos momentos me encuentro dividido, sin armas y sin forma de poder plantearles una reflexión que me resulte esclarecedora. Necesitaría demasiado tiempo, espacio y sobre todo la atención de todos nosotros que estamos en una encrucijada como hace casi cien años que no teníamos. Es cierto que hay, hubo y habrá causas igualmente nobles, igualmente necesarias de solidaridad, pero no son «como nosotros» y no están «expresadas con el apoyo unánime de la clase social y política».

Sólo queda en este caso ser solidario y poder ayudar, en silencio y de forma rápida, no sea que te metan en el saco de los «no afectos».

Hoy toca hacer y no escribir, toca obedecer y no discutir. Quizá algún día próximo, cuando las aguas se calmen se pueda recuperar un planteamiento diferente.

No les quito ya mucho tiempo, porque cuando un francotirador no tiene presa, o sabe que no es el momento de diatribas filosóficas, hacer un discurso que distraiga es contraproducente.

Nos vemos en el siguiente envite que espero sea mejor. Pongámonos en marcha y encontrémonos en el camino que en este caso nos han «pedido» que sigamos.

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