sábado, octubre 23, 2021

Una piedra en el camino

La sorpresiva detención de Carles Puigdemont en Cerdeña ha vuelto a poner en el mapa a un personaje que estaba ya por completo fuera del marco. Apoltronado en su mansión de Waterloo, con funciones casi ermitañas y sin generar el más mínimo interés para la ciudadanía.

Después de todo el revuelo generado salió de la cárcel, sin medidas cautelares y no tengo del todo claro si volverá a su palacete belga o se pegará un baño en el mar de Cerdeña, ahora que sus playas son un reclamo turístico a golpe de foto. Falta que se pronuncien los jueces de la zona para ver si finalmente lo extraditaban a nuestro país. Y el señor expresident aprovechó su nuevo minuto de gloria para burlarse del Estado que le persigue y que oprime a su Cataluña natal: “España no pierde oportunidad de hacer el ridículo”. Provocación en medio de una vacua mesa de diálogo.

Es curioso, porque Puigdemont estaba olvidado. Era un ser etéreo que lanzaba, en lontananza y muy de vez en cuando, algún que otro exabrupto sobre utopías catalanistas y secesionistas. Le hacían caso en su parroquia, pero con muy pocos fieles ya. Porque hasta sus propios seguidores se habían cansado de él. 

De hecho, era hasta una persona molesta. Por eso, su detención ha sido como una piedra en el camino. Principalmente para Moncloa. También, hasta cierto punto, para Esquerra Republicana. El primero no quería ver empañada su negociación de los Presupuestos, y el segundo no está dispuesto a perder cuota de mercado, ahora que Junts Per Cataluña ha pasado a ser menos influyente. Parecía que se lo habían quitado de encima, que Oriol Junqueras volvía a ser el eje central, pero ahí sigue Puigdemont en una nueva actuación. 

Fue interesante escuchar la reacción de Pedro Sánchez sobre la detención del antiguo president: “Hoy más que nunca es importante reivindicar el diálogo”. Y es normal, porque quiere amarrar bien el apoyo de ERC para que todo siga adelante, al precio que sea. Eso es el diálogo para Sánchez ahora mismo. Con el apoyo también, claro está, de Bildu. Socio consolidado. Las joyas de una corona oxidada. Es un ejercicio continuo, insaciable, de querer sujetarse en el trono, aunque sea a duras penas y con unos asideros que arden si los tocas. Moncloa pidió tiempo para valorar lo ocurrido en Cerdeña. Lo que viene siendo una llamada a sus socios para intentar evitar que todo se fuera al traste. Para medir cada palabra.

El mantra de los represaliados, exiliados y toda la parafernalia del aparato propagandístico independentista ya produce hartazgo. Es una coletilla que acompaña siempre ese discurso lleno de pomposidad y falso lamento, de denuncia por falta de democracia real en el Estado opresor español. Como si Puigdemont fuera Mahatma Gandhi. Y, lo quieran o no, es un prófugo de la justicia. Aunque ahora el Gobierno no quiera meter la pata para salvaguardar su futuro más inmediato. 

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