jueves, mayo 26, 2022

Ucrania, milicianos occidentales y seguridad europea

Desde que comenzó la guerra de Ucrania en el pasado mes de febrero nos encontramos con el que podría ser un grave problema: el envío de voluntarios a formar parte de las filas de las fuerzas ucranianas y ayudar en los esfuerzos de guerra contra Rusia, sin embargo uno de los graves problemas de esta estrategia es que rompe con los principios de neutralidad en las operaciones militares, ya que existe la injerencia directa, aunque bajo subterfugios, de terceros países.

El comercio de armas es legítimo siempre y cuando no existan sanciones; sin embargo el envío de voluntarios podría poner en riesgo la neutralidad de terceros contendientes aunque, cierto es, que en esta guerra no existe neutralidad, ya que Ucrania es un conflicto mucho más amplio que el de un mero conflicto Washington – Moscú.

La geopolítica aquí juega un papel claro, no sólo en términos energéticos y comerciales, sino geopolíticos: los británicos especialmente, ya fuera de la UE, desean una Europa con Rusia fuera de las esferas de poder; Francia y Alemania sometidas y el resto de estados bajo dominación mientras Londres, al igual que Washington, desde fuera sostienen una primacía sobre el resto del continente controlándolo.

Para llevar a cabo esta medida tan sencilla, la Guerra de Ucrania ha sido la mejor excusa, ya que existen dos guerras: la de Ucrania y la que se libra en Ucrania.

La Guerra en Ucrania es aquella que confluye con el actual conflicto, es la vía por la cual Occidente ha decidido intervenir en este escenario enviando mercenarios, profesionales de la guerra, pero lo peor de todo son los voluntarios ideológicos y de esos han ido miles a Ucrania. Uno de los casos más flagrantes es el de «Turbito», un neonazi español de Valencia con experiencia militar que acudió a la Guerra de Siria en apoyo del bando kurdo contra DAESH y contra el gobierno del Presidente Bashar al Asad.

En este sentido, la confluencia de estos sujetos, adheridos a instituciones asentadas administrativamente que han creado un estado dentro del estado ucraniano (Pravy Sektor, Batallón Azov y otros grupos armados fuertemente ideologizados). Estos voluntarios llegados desde todas las regiones de Europa y con santuarios en las regiones occidentales del país, especialmente en las zonas de la frontera polaca; están asentándose en la región.

Esto implica un grave problema, ya que junto a la experiencia militar y al entrenamiento para gestionar sus células de combate estos milicianos y voluntarios fuertemente ideologizados logran obtener financiación y redes de apoyo internacionales por lo que los otros grupos aislados de extrema derecha logran apoyos y adeptos, fuerza retórica y la identificación de un enemigo.

Eso, unido a la labor de los medios de comunicación y a la ola derechista en Europa, es un grave problema y amenaza tormenta. Tras la Guerra de Afganistán de 1979-1988 y en la cual los más radicales de los afganos como Hezbi Islami de Gulbuddin Hekmatiar, Red Haqqani y demás grupos paquistaníes fueron mimados por Occidente mediante su apoyo diplomático, mediático (recordemos la película Rambo III donde los muyahidín son los buenos) y social lograron desplazar a los elementos más moderos de Afganistán y dejar frente a frente a los soviéticos y a los radicales afganos.

Hoy eso mismo ocurre con Ucrania… el Hezbi Islami o la Red Haqqani ucraniana son estos grupos de extrema derecha con simbología neonazi y muy bien organizados ideológicamente que ya lograron establecer una milicia «Legión Extranjera Ucraniana». Esta captación de elementos internacionales fue, de nuevo, lo que provocó que los muyahidín internacionales de ideología qutbista, salafista o wahabista tomase contacto y se reuniera en torno a un discurso elaborado a lo largo de diez años de guerra creando AL Qaeda y el posterior problema de seguridad que aún nos acecha.

Tras Afganistán, esos milicianos o se unieron a Al Qaeda central o se fueron a hacer la yihad por sus países… unos afiliándose a Al Qaeda, otros asociándose y otros desgajándose (como DAESH). ¿Alguien cree que esos milicianos, una vez formados y entrenados, motivados ideológicamente abandonarán Ucrania en paz ganen o pierdan?.

El regreso de estos milicianos será como el terrible regreso de los islamistas de DAESH que venían huyendo de la derrota en Siria o Irak y fueron capaces de tejer redes paralelas a las de Al Qaeda, planificar y realizar ataques… muchos de ellos con la participación de estructuras mucho más complejas que las de unos radicales fanatizados a través de internet.

Más allá del apoyo a Ucrania o a Rusia está el sentido común de la seguridad europea, cierto que hay guerra y cierto es que Rusia ha sido calificada de enemigo, pero no es menos cierto que las guerras acaban, las paces se firman, las sanciones se levantan y las relaciones se normalizan, y eso pasará entre Moscú – Kiev – Occidente en algún momento, pero que esas células que se pueden crear si los servicios de inteligencia, los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y los gobiernos no toman medidas que eviten, como ya ocurrió con los voluntarios que iban vía Turquía a combatir con DAESH o Al Qaeda o los que iban a través de Irak a luchar con los kurdos, la afluencia de estos milicianos…Europa puede tener, desde luego, una posguerra mucho peor que la que pueda tener la misma Ucrania o Rusia.

De hecho no nos olvidemos… la campaña terrorista de más de treinta años en el mundo islámico y que destrozó países como Argelia, Sudán, Mali, Yemen, Irak o Siria deja bien claro que estamos jugando con fuego si seguimos enviando radicales a Ucrania no a luchar sino a aprender y esos mismos nazis tampoco tienen cariño a los sistemas occidentales.

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