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Suspicious minds

Elvis Presley.

En aras de vivir mejor las inclemencias que nos azotan Bíblicamente, sea por nuestras dejadeces periódicas o por los ciclos de quien sabe qué Cosmogonías, esta vez no saldré de “caza”. Creo que es tiempo, no de asueto, pues el descanso debe ser activo para reflexionar de cara al nuevo ciclo laboral, tras la obligada parada estival. Eso sí, nunca entendí por qué parece ser anatema decir que es incomprensible que parezca “obligado” que en el angosto mes de agosto nada funcione y la marmota sea el animal que abandera nuestra molicie. Siento arder mis espaldas y un fuerte tinnitus cada vez que en voz alta hago semejante pregunta. Por eso y por respirar hondo este tiempo, creo que debo dar algunas explicaciones o referencias en voz alta y abreviar un poco en esta ocasión mi charla de los sábados con quien tiene la deferencia de atenderme unos minutos.

Mucho tiempo llevo encerrado en la tarea, a la par estéril e imprescindible, de buscar la complicidad desde este lado del “papel”, de aquellos cuya conciencia vaga por entre las calles de la vida buscando alguna pista sobre las certezas que nuestra cultura dice que existieron.

Debo reconocer que hay personas dotadas con el talento sobrado para en soneto, verso libre o letra de música decir en menos de cien palabras los que otros necesitan miles sólo para acercarse al dintel “de la evidencia clara y distinta a la luz de la razón e incluso del sentimiento moral que todo ser humano anhela antes de morir”. Los que ni músicos, ni poetas somos, robamos frases e ideas a los que sembraron el camino que intentamos seguir.

Acabo de citar una mezcla de la guía Cartesiana para encontrar una, al menos una, Certeza ineludible; y por otro la necesidad de un “rompe cristales” que murió de pura coherencia poética: Friedrich Hölderlin.

Mi oficio, o mejor mi voluntad, de “franco tirador”, no deja de ser un remedo del camino de otros que antes que yo, (y sobre lomos de sus obras cabalgo) buscaron llamar a las puertas de todo sentimiento o raciocinio cómplice, que hubiera entre los fieles u ocasionales suscriptores de medios escritos. No hace falta salir de tierras Íberas o lusitanas para encontrar quienes atinaron mejor que nadie en las grietas de la contemporaneidad. Allí donde Fernando Pessoa, Sánchez Ferlosio, Miguel Torga, Félix de Azúa, Gustavo Bueno, los hermanos Moix o Panero, hablaron; allí donde quedaba algo que decir, ya fue vislumbrado por ellos, y tantos otros que dejo injustamente en el anaquel de mi vida.

En esta ocasión, y no lo tomen como frivolidad, les recomiendo atender a las letras de un grande, que incluso en su decadencia, sonaba con la fuerza de quien sigue para muchos siendo “El Rey” de todo un genero musical, y que cada “palo” que tocaba se convertía en un clásico.

Elvis Aaron Presley, tiene centenares de canciones, pero hay al menos dos que simbolizan el comienzo y el fin de cada hito en la carrera que todo “franco tirador” debe tener en consideración para no caer en las trampas que ya la Filosofía de la Sospecha nos avisó y dejó clavadas como aviso a Navegantes.

Elvis, en Suspicious minds, deja de la mejor forma de hablar de cómo sospechar de todo y no confiar en nadie termina enmascarando las propias debilidades de quien no puede hablar con franqueza, amar con libertad, y quien desconfía llevando las maletas del pasado a cada relación o contacto futuro. El mismo futuro que está condenado cuando vemos que desde el origen ya la llama de las “marcas”, está en la piel que siempre nos obstinamos a ver antes que a las personas o sus acciones; vivimos permanentemente en un mar de juicios que a duras penas nos dejan avanzar en ver lo que nos une y no lo que separa. Escuchando In the ghetto, vemos desde el lado del que nunca tiene voz lo que debiera ser y no ocurre nunca. Piel, raza, religión o sexo terminan siendo adjetivos de un mundo quizá en decadencia, y al que los dioses no debieran dale muchas más oportunidades.

Espero que disfruten de un asueto, al calor de ambas músicas, que fueron estas, pero que sin duda cada uno de ustedes tendrá las suyas.

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