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sábado, julio 2, 2022

‘Sin límites’

Decía Gregorio Marañón, en el prólogo que escribió a la edición de Espasa del Lazarillo de Tormes, que en este -en el Lazarillo-, su autor anónimo (parece ser que se trata del conquense Alfonso de Valdés) se excedía al retratar la miseria y vileza de la sociedad española, haciendo una caricatura (más que un retrato) en la que sólo se destacan los rasgos más plebeyos y canallas del siglo XVI español.

Pues bien, esta perspectiva, de la que actualmente tendríamos como principal heredero a Arturo Pérez-Reverte, de gran influjo divulgativo (con el capitán Alatriste), es la que suele prevalecer en la poética cinematográfica o en la de los seriales televisivos, ofrecidos a través de las nuevas plataformas audiovisuales.

Sin Límites es una miniserie, de seis capítulos (habiéndose emitido dos hasta hoy, lunes 13 de junio), emitida por Prime Video (plataforma audiovisual del gigante empresarial Amazon), acerca de la expedición de Magallanes y Elcano.

Pues bien, salvo en el arranque, que nos parece prometedor y correcto, protagonizado por la figura de Magallanes, la narración se precipita a continuación, con la aparición de la figura de Elcano, por esa narrativa caricaturesca, planteando situaciones, ya no faltas de rigor histórico, que también, sino llenas, saturadas, de esperpento dramático, y sin ninguna consistencia narrativa. De los cuarenta minutos que dura el primer capítulo, cerca de media hora se entretienen los guionistas en reflejar el ambiente pendenciero y canalla de la marinería, forzando un carácter, proyectado sobre Elcano, que resulta completamente gratuito (y que ni siquiera tiene continuidad posterior). Sobre todo, ocurre, además, que tal ambientación no tiene ninguna función dramática, recreándose en ella sin más, y distrayendo al espectador sobre el hilo conductor del relato. Los cánticos de la cantina, después de la actitud broca y el bullicio gamberro y bravucón, buscan conmover al espectador, reflejando la dureza de la vida en el mar, pero, por su carácter forzado (inverosímil), resultan de lo más pretencioso. En fin, nada más comenzar, hay tal saturación de risotadas, carcajadas y gestos toscos de complicidad entre amigotes que aburre y harta.

Por otro lado, tampoco se entiende bien, y de nuevo al margen del rigor histórico por qué se introducen historietas completamente inventadas (encarcelamiento de Elcano, combate con los portugueses), cuando la historia real de la expedición, en los primeros pasos, está llena de episodios de gran carga dramática en sí mismos, sin necesidad de inventárselos, con el riesgo, además, como en efecto ocurre, de cometer situaciones inverosímiles y graves errores de enfoque. Errores, por hablar en términos tenísticos, no forzados, porque era innecesario hacer tales recreaciones, privadas de valor histórico (son ficticias), pero sin que tampoco tengan ningún valor dramático. En concreto, la escena del combate con los portugueses parece inspirada totalmente por la película de Peter Weir, Master and Commander (incluso podríamos hablar de plagio atendiendo a algunos detalles -como el del aturdimiento que sufre Magallanes, tras darse un golpe en cubierta, que parece una réplica exacta de una escena protagonizada por el capitán inglés de Master and Commander-), tratando con ello de enganchar al espectador, se supone deseoso, al parecer, de escenas de acción trepidante, encontrando aquí una excusa ad hoc para ello (y que nada tiene que ver con la realidad histórica). Es más, de repente se muestra a Elcano con una pericia marinera, en un escenario bélico, que deja en total descrédito a Magallanes, cosa que, de nuevo, tampoco tendrá continuidad narrativa (ni, por supuesto, verdad histórica).

En fin, y juzgando a la luz de los dos primeros capítulos, la serie Sin Límites tiene la pretensión de recrear, en perspectiva aventurera, la historia de la primera vuelta al mundo, con un resultado más que discutible, por no decir errático, entre lo impertinente de la inventiva y los cabos sueltos de la narrativa.

Ocurre, finalmente, como ocurre con muchas de las producciones españolas de temática «histórica» de los últimos años, con raras excepciones, y es que no alcanza a lograr el objetivo «catártico» que Aristóteles postulaba para el drama, en concreto, para la tragedia: a saber, olvidar que se está viendo una recreación ficticia. Entre el chascarrillo perezrevertiano, y los socavones narrativos, uno no termina de «sumergirse» en la «historia» (y mucho menos aún en la historia).

Estaremos atentos, en cualquier caso, a los siguientes capítulos, pero el comienzo es malo.

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