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Reglas morales para tiempos descarnados

Durante varios siglos hemos pensado que habría la posibilidad de abrir certezas en el seno de nuestra Cultura. Contra todo pronóstico Ilustrado, vivimos en el tiempo más Darwinista que pudiera el hombre imaginar; y al igual que Leibniz dejaba claro que el mundo vivido en cada instante es el único y mejor posible, dado que no podemos pensar en otro que no sea lo que ya existe de “facto”, cada amanecer veo que más “instinto y amígdala” gobierna nuestros pensamientos, decisiones, filias y fobias. 

Es más cómodo que nos den las cosas ya deconstruidas, no vaya a ser que o nos enteremos de quien nos “vende la moto”, o peor aún seamos voceros de quien pergeñó cómo debiéramos vivir nuestra vida, incluso antes de nuestra concepción como seres sociales.

No voy a dedicarle tiempo, que generosamente el lector me otorga, para lanzar soflamas o eslóganes contra “los malos”, sus acciones bélicas o sus pensamientos, que razonados o no, ejecutan como si de ello dependiera su existencia. Cosa que en realidad es lo que ocurre siempre: somos nuestras acciones, nuestras circunstancias no elegidas, y sobre todo prisioneros de las necesidades más hondas que las que enunció Maslow a saber, la creación de la propia identidad.

Toda guerra es perniciosa por definición, por lo que no logro entender a los “augures” que siempre ven en la misma la respuesta a todo mal, toda afrenta, o sencillamente creen “salvífico y de justicia poética” aquello que sólo traerá más destrucción, vuelta a la Caverna “con los míos”, hambre, penurias y un nuevo ciclo casi eterno para restañar heridas. Únicamente quien no ha visto una guerra de cerca o sometido a los efectos directos de la misma, puede pensar que sea la solución sensata y primera. Esos belicistas “hormonados” tienen su espacio mental ocupado por “mitologías cinematográficas”; pero a la mínima exposición a la realidad sin pausa para “palomitas o bebidas azucaradas”, se paralizan, pierden el control de esfínteres, cayendo en un estado totalmente de “cubito supino”.

Peor aún son los buenistas, la mitad de ellos pagados por interesados en “bloquear las repuestas de defensa social”, que siempre, a pesar de los siglos de historia humana, permanecen en el pensamiento de que el “sapiens” actúa siempre conforme a reglas morales universales y un humanismo perfectible. Postura recalcitrantemente “débil en actos y fácilmente manipulable”. Estos están destinados al sometimiento, incluso voluntario, de toda su cultura, sus derechos o logros históricos, con tal que se evite el enfrentamiento por nimio que sea.

Ambas posturas Antinómicas son igualmente perniciosas y carentes de sentido práctico. Sus apoyaturas teóricas juegan al dictado de otros que tienen muy claros los procesos de manipulación de masas en lo emocional, lo económico y lo político. Sólo basta ser más listos que cualquiera de los acólitos de cada postura. Cosa que por otro lado no es en sí difícil, dada su tendencia a la simplificación “mono neuronal”; siendo el único obstáculo el grado de ausencia en escrúpulos que se decida aplicar.

No me hace gracia las clasificaciones de “pro…” o “anti…”, puesto que olvidamos que cada parte justificará hasta la extenuación los ítems que apoyan decisiones, justifican represiones y arrojan a la orfandad a generaciones que perderán el “hilo de lo construido por sus padres”.

Nunca he tenido la duda de que cada bloque hacia exactamente lo mismo que al contrario se le afeaba. Jamás he dejado de tener presente que el “lugar en el que somos paridos”, ya está por definición en un “a favor de… en contra de”, tendiendo a ser perpetuas y alojadas en una historia no documentada más que en sentimientos generalistas, simples, y Cainitas.

Olvidamos que cada bloque, no habla al mundo, habla a los suyos para seguir teniéndoles como “integrantes de mi secta política”. Cada bloque pondrá en el otro todo aquello que sea pernicioso, malévolo, atacante de “sagrados valores”, punto de quiebra y con aparentemente irrenunciables principios.

Tener una “tercera vía”, en la que se busquen criterios mínimamente solventes epistemológicamente, y poder sostenerla en el tiempo, es quizás difícil o titánico por la polarización excluyente que interesa a los miembros de “la cofradía del eterno ofendido”. Aquellos que siempre atacan más que razonan, abusan del radicalismo lógico del principio de no contradicción , no permitirán que se oiga la discrepancia o errores en sus falacias, lanzando huestes contra el que lo intente. Ahora son digitales y caen bajo la fórmula del Doxxing

El eterno juego de la manipulación siempre te posiciona a ti como el “salva patrias del modo de vida identitario” y al otro le deja el terreno de la manipulación, las conspiraciones cuasi satánicas o de cenáculos contra los que “luchan los portadores de la luz de la redención humana”. No digo que no existan esos cenáculos, no negaré que hay intereses creados que por si mismos nos abocan a una determinada postura que acaba siendo determinista; pero lo que afirmo con rotundidad es que desde el principio de los tiempos usamos más la Palangenesia , que el intento de búsqueda de un equilibrio duradero. Parece que el conflicto sea inherente al vivir humano, y por tanto lo define, ya que vemos a lo largo de la historia que la violencia y el choque es lo que da energía para el “avance”. La dirección es lo de menos.

Aún como pesimista antropológico, creo firmemente en que sólo las tareas colectivas, la voluntad, obrar haciendo lo que se debe hacer (aunque nos perjudique) y no lo que nos interesa, hace mejor a la humanidad dándole sentido moral. Pero se que es batalla perdida. Por eso me hice Emboscado, por que sólo desde la posición de cierta autonomía social o económica, sólo desde lugares tangenciales o fronterizos podemos ver algo de esperanza.

Ambos bloques tienen sus huestes preparadas para la manipulación social, en redes, contaminando por soborno a unos y a otros. Ambas partes luchan por su “imposición global”, como fuente de la única verdad, para lo cual becan a hijos de directivos o gente afín a sus intereses; buscan el control de la información “apoyando” la promoción de carrera, los generosos “bolos de artículos” excelentemente pagados, a aquellos pseudo pensadores o personajillos del mundo de la comunicación que les son fieles en la difusión de sus ideas. Al igual que cada bloque atrae para su órbita, políticos con ínfulas de líneas en los libros de historia, ayudándoles en su “proyecto” político/sindical o de cualquier tipo, a cambio de “responder a la llamada del Amo” cuando este necesite votos o “doctas” opiniones que avalen sus posturas ante audiencias, colectivos empresariales o cualquier tipo de auditorio que les permita una ventaja pírrica sobre el otro.

Hace poco un amigo experto en estas lides de detección de los engaños estratégicos, me planteaba si en verdad queda alguien “libre” o que no esté sometido a un posicionamiento de manera inconsciente, puesto que no hay mejor infiltrado y creyente que aquel que no sabe que lo es y no sabe que pieza es en el juego. Estos viven como ameba en un ecosistema que le proporciona de todo y al que nunca pondrá en duda.

En cuanto aquellos que ejecutan ordenes no por que crean en el mensaje, si no que no les importa que sea lo diametralmente opuesto a lo defendido en otro tiempo, a cambio de “generosos emolumentos” o “apoyo en su lucha por cargos de representación”; a estos, corsarios, mercenarios o filibusteros, vayan los más despreciables adjetivos que nuestro diccionario tenga. Estos olvidan que son prescindibles y que caerán en desgracia, no por que se revele su connivencia retribuida por “el bloque correspondiente”, si no por que por ser “rastreros usureros del poder y la palabra”, en el fondo no se confía en ellos y siempre están en un tris de ser sustituidos por otros, ya sean creyentes de verdad o escriban y hablen al dictado.

Ambos bloques controlan medios de comunicación y periódicamente se lanzan informaciones para descalificar su “integridad” (como si ellos la tuvieran); ambos usan las redes sociales y los grupos afines (dicese colectivos culturales o asociaciones de todo tipo) para difundir su mensaje y socavar el contrario; ambos tienen en plantilla desde servidores de la función pública que prevarican cada día, hasta técnicos o tecnócratas de todo escalafón; no me olvido lamentablemente que también gozan de predicamento entre civiles, fuerzas del orden, militares y empresarios que lejos de buscar defender lo propio, azuzan a todos para escorar la opinión hacia intereses de quien les pagan en dinero, puestos de corresponsalía influyentes o sencillamente un mezquino medro personal para su “minuto de fama”, y que suele convertirse en un modo de vida alternativo.La próxima vez que alguien emita un “comunicado” no hace falta sesudas disquisiciones o años de estudio, basta con responder con el latino “Qui prodest” (¿a quien beneficia en verdad?) y actuar en consecuencia. Pero al menos que esa acción sea voluntaria, consciente y propagada de forma explícita. Todos somos rehenes de una Cultura y unos intereses, pero de ser así al menos que sean los que emanen del desarrollo propio y no del pagado por otros para su beneficio.

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