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viernes, enero 21, 2022

Fátima Hamed: mensaje y obra de una política polémica

Fátima Hamed Hossain no pasa desapercibida en ninguna de las intervenciones que realiza en la Asamblea de Ceuta y se ha hecho famosa por sus enfrentamientos crónicos con los representantes de VOX. Hamed es una política carismática e inteligente que sabe moverse en el tejido político así como enviar mensajes claros, sobre todo a sus seguidores. Cuando discute con VOX, parece que en vez de estar sermoneando a sus rivales políticos está lanzando soflamas a sus seguidores o repitiendo un mantra.

Hamed me parece una chica inteligente porque usa y aprovecha el tirón mediático que tiene para hacer promoción de su figura y de su partido, estrechamente ligado a ella como líder. Sabe que la mala prensa no existe y menos en su caso. Por otro lado, pocos conocen a la secretaria general de su partido, MDyC, Wided Mohamed.

MDyC es un partido local pero con una cobertura mediática que ya quisieran muchos para sí, aunque su discurso nos es ya conocido: discurso izquierdista para las causas perdidas de la sociedad y los marginados, estructura que adolece, en mi opinión, de demasiadas ideas bucólicas y simplonas que son producto de las ocurrencias de la izquierda. Debido a su posición política la señorita Hamed está nadando atrapada en una corriente de ideas de esas que tan peligrosas son en el Estrecho de Gibraltar, en la que se mezcla todo como un tótum revolútum: desde llamar fascistas a los de Vox; cualquier persona mínimamente formada sabe que Vox está tan lejos del fascismo como del comunismo, ya que son liberales.

Cualquier licenciado demuestra su ignorancia al confundir dos corrientes tan dispares. Vox es liberal en lo económico y conservador en lo social (aunque dentro del parámetro liberal, así que tampoco son especialmente conservadores). Pero bueno, entendemos que llamar fascista a todo aquel que no sea de izquierda es un requisito sine qua non para darse a entender frente al auditorio lelo que busca eslóganes más que discursos.

Por otro lado, me llaman mucho la atención las mutuas acusaciones que se dan en Ceuta y tal vez en Melilla, de ser promarroquíes. Curioso como vuelan los dardos en nuestra amada ciudad africana. Sin embargo, más allá de los tropos (tan cansinos ya) de nuestros ilustrados e ingeniosos políticos reconvertidos en sofistas vemos algo mucho más peligroso. Por otro lado, y no quiero que se me quede en el tintero, está ese egocentrismo salado de Fátima Hamed Hossain y su constante yo, mí, me. Está encantada de conocerse y todos están sorprendidos de que (cito textualmente) “incluso entre la izquierda chocaba que existieran personas como yo en política”. La cámara la quiere y el micro la escucha, ella lo sabe y lo usa en beneficio de su proyecto, MDyC, y su propia imagen.

Habla de que lucha por su identidad como mujer empoderada (no dudo que lo sea) y va a charlas, como en la que estuvo hace poco con Ada Colau, Mónica Oltra y Yolanda Díaz (lo mejor de cada casa) desde donde promocionó su discurso ya conocido y encerrado en sí mismo: no evoluciona en su concepción identitaria.

Nadie duda ni de su capacidad ni de su españolidad, al menos yo. Es más, estoy seguro de que usted no colabora con Marruecos ni nada de esas infundadas acusaciones que le han lanzado alguna vez, pero al mismo tiempo también creo que usted exagera en su discurso identitario, tal vez para ganar votos o seguidores en las redes sociales, que se traduzcan en más votos.

No olvido que escribo de una política y TODO, dentro de la ley, que pueda beneficiar al partido es legítimo: tan arma política es el escaño como el Twitter o Instagram y cuanto más simple, sentimental y contundente sea un mensaje, mejor. Noam Chomsky, el gran lingüista y politólogo, siempre criticó esa faceta sentimental y pueril del discurso político.

Pero hablar en ese tono sobre su identidad islámica como si se le negara, se lo fueran a quitar o restringir es una confusión suprema. Hablemos claro, en España nadie niega el hecho de que hay españoles de todo pelaje: católicos, ateos, luteranos, judíos, musulmanes, budistas etc… todos son respetados igual y de hecho los problemas de identidad que tengan son cuestiones personales que no pueden extrapolarse al resto de la sociedad en la forma de algún tipo de discriminación social.

¿Sabe usted que tuvimos un ministro judío de 1988 hasta 1991? Enrique Múgica Herzog, hermano de Fernando Múgica Herzog, histórico líder del PSOE vasco asesinado por ETA en 1996. Ambos eran judíos y nadie dudó de su españolidad. Tanto fue así que uno dio su vida por España, con kipá o sin kipá eran españoles por encima de todo. ¿Cuántos españoles musulmanes hay en las Fuerzas Armadas, desde La Legión hasta Regulares y otras unidades del Ejército, que forman parte de sus compañías en igualdad de condiciones y son tan españoles como el resto de sus compañeros, arriesgando su vida por nuestro país? Muchísimos, ¿discriminados?, no y segregados menos.

Usted, que dijo ante Eldiario.es en una entrevista de 2015 que no estamos preparados para tener una diputada con hijab en el Parlamento, ¿conoce a Rita Bosaho? No lleva hijab, pero es africana, negra para entendernos, nacida en Fernando Poo (Guinea Ecuatorial) y aunque ideológicamente esté en las antípodas de ella claro que estamos preparados para una mujer con hijab en el Parlamento. ¿Vivimos en el mismo país, Fátima, para tener que leer algo así?

Hoy en Andalucía tenemos un consejero, el de Presidencia, Administraciones Públicas e Interior, que se llama Elías Bendodo Benasayag que, como su nombre indica, es judío… con kipá o sin kipá es español y nadie nunca ha dudado de su españolidad ni mucho menos de su derecho a estar ahí. Lo mismo con usted, nadie niega su derecho a estar ahí, pero claro, al estar en el juego de la política toca analizar y criticar sobre todo cuando su nivel de exposición mediática es tan alto.

En España, desde luego, estamos bien lejos de la segregación que se vive en otros países y todos los habitantes de Ceuta independientemente del nombre, apellidos o religión que practiquen son tan españoles como el que le escribe y eso implica en derechos y deberes.

A mí usted no me preocupa y le escribo directamente, sin paternalismos, considerando que su ideología está errada ya que los musulmanes están integrados en la sociedad de forma total: con hijab o sin hijab, que es decisión de usted llevarlo o no y me importa poco que lo use, como si mañana quiere dejar de usarlo. A mí me importa su mensaje y no su “outfit” o como se diga ahora.

De hecho, la tolerancia al musulmán en Ceuta ha sido de tal calibre que incluso el general Franco construyó una mezquita para que los españoles y gentes del Rif que venían a Ceuta a ganarse la vida tuvieran un lugar de oración…sí, le hablo de la Mezquita Muley el Mehdi.

Me preocupa su discurso victimista y su tendencia a pontificar (repito: para su público, como hace todo político) sobre derechos pero poco sobre los deberes cuando uno va unido indeleblemente al otro. Siéndole sincero yo estoy en contra tanto de la asimilación como de la integración, a estas alturas con el civismo me basta: con respetar el orden público o como decía Varrón (el más sabio de los romanos): la religión civil, la teología civil o tradiciones del estado independientemente de la fe personal.

Salvando la distancia de dos mil años con el genial Varrón recojo y adapto su idea de religión civil y la traslado a la idea actual de civismo y de saber relacionarse en la civitas, en la ciudad. Respetar el orden público al fin y al cabo es respetar a aquellos que participan de ese mismo orden público sea quién sea. Esa idea tan carca pero que ya viene de los romanos es lo que permite la existencia de diferentes tipos de españoles y su capacidad para ascender en diferentes organizaciones como en su caso, por ejemplo: joven musulmana española con hijab que llega a política en su ciudad.

Su discurso de la tolerancia universal, sin embargo, choca con su empeño de hacer que Santiago Abascal, tan español como usted, sea considerado persona non grata en la preciosa ciudad de Ceuta. La política es una ficción que yo personalmente no me tomo en serio porque es un monólogo bizantino que no resuelve nada mientras el populacho, el vulgo que acoquina la pasta vía impuestos y tasas, se busca la vida como puede. Pero en su empeño erga omnes contra los intolerantes me preocupa que acuse al señor Abascal de radical mientras usted posa sonriente con el señor Tarek Ramadan.

Todos sabemos lo que hay detrás de Tarek Ramadan, no en balde le han denegado varios el visado en Estados Unidos y no puede ir a Mauritania… nomen est omen pero en su caso es algo más que una marca, ser nieto por parte de madre de Hassan Al Banna, fundador de los Hermanos Musulmanes, e hijo de uno de sus líderes, expulsado de Egipto, no es fácil.

La retórica del señor Ramadan y su genial elocuencia es increíble. Uno escucha sus discursos y están tan bien hilados como una alfombra persa, sin embargo a poco que conozcas el personaje y su visión política ves la serpiente enrollada en ella y eso, sinceramente, me preocupa. El creador o gran impulsor del Euroislam que como ya dije es un orador de alto nivel y gran pensador es siempre interesante de leer pero ciertamente peligroso en su mensaje. Estimada Fátima Hamed su pose sonriente, como el de un jovencito con Messi o Cristiano Ronaldo, denota admiración y que desde luego que usted sabía bien con quién se fotografiaba.

Esa foto es lo que me preocupa y su afán por querer bloquear a sus rivales, el citado caso Abascal. No sus palabras o sus propuestas sociales en algunos casos carentes de originalidad al ser más de lo mismo, tampoco me preocupan los dardos que se lanzan entre unos y otros, entiendo que andar por pasillos infestados de fascistas y agentes de la DGED debe ser estresante (disculpe, ha sido un chascarrillo sin gracia).

Antonio Escohotado, recientemente fallecido, y uno de los grandes liberales y pensadores españoles, un referente intelectual, escribió en 2017 un tweet en el que dijo: “Dejar que el otro sea libre es la gran asignatura pendiente de la Humanidad”.

Apliquémonos el cuento en España y en vez de separar entre rojos y fascistas, españolistas y promarroquíes, cristianos y musulmanes, entendamos que todos somos españoles y que hay mucho trabajo por hacer para salir del atolladero donde estamos y que cada uno vista, coma y rece como quiera siempre y cuando respete la libertad del que está al lado de forma total y absoluta ya que cualquier actitud es aceptable mientras no choque con lo estipulado en la Constitución, el Código Penal ni en ese mesocosmos que es la sociedad y cuya norma no escrita es tan sagrada como las dos anteriores: el civismo.

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