sábado, marzo 2, 2024
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Primavera Árabe, diez años de sangre – Por Koldo Salazar

Salvo reformas en Marruecos, Argelia y Túnez, la Primavera Árabe ha traído el resurgimiento del yihadismo y la destrucción del tejido geopolítico de Libia, Siria o Irak

La revolución árabe iniciada en 2010, diez años hace ya, no es ninguna novedad en estas latitudes del mundo. Ya hubo revoluciones árabes nacionalistas que dinamizaron la salida colonial de Francia y el Reino Unido seguidas de las revoluciones militaristas, nacionalistas y laicas que acabaron los reyes y califas como en el caso de Egipto, Irak, Siria o Libia, creación de países como la República Árabe Unida, etc.

Las revueltas son algo normal, intifadas, grupos radicales y militares descontentos o idealistas han ido guionizando Oriente Medio. En este caso las revueltas, sin embargo, eran diferentes. Ningún líder carismático, todo de la mano de las redes sociales y de forma espontánea. En un principio se lograron grandes éxitos: Túnez.

Túnez pasó de la dictadura corrupta de Ben Ali de Túnez fue la primera en sucumbir, se realizó un proceso constituyente que dio lugar a un nuevo modelo de estado moderno, con una constitución y un modelo parlamentario real. A pesar de todo tuvieron sus problemas. De hecho a día de hoy Túnez es el único estado que pasaría el corte occidental de “democracia”.

Hubo reformas rápidas como en Marruecos o Argelia, que vivió su epílogo con las protestas contra Bouteflika por su persistencia en el poder y lo avanzado de su edad, lugares donde ni se respiró como Arabia Saudí o Emiratos, otros lugares silenciados a sangre y fuego como Bahréin, donde tropas bahreiníes, saudíes y estadounidenses masacraron a los opositores que pedían democracia.

Egipto, mítico país del Nilo, vio la caída del (casi) faraón Hosni Mubarak y la llegada de los Hermanos Musulmanes en la figura de Mohamed Mursi (muy incómodo para todos en esos lares). ¿Solución? Contrarrevolución y la restauración de la dictadura militar en la figura del General Al Sisi. Mubarak y Mursi morirían en fechas cercanas y en desgracia (Mursi en la cárcel).

Líbano ha sido siempre un hervidero que no ha terminado de recuperarse de la postguerra… si bien las facciones se reconciliaron de forma sincera (cosa rara pero que se ha dado en el país), no han podido resistir a la corrupción que, al final, en el país de los cedros se demostró más tóxica para la sociedad que los odios sectarios.

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Yemen, Irak, Siria o Libia se convirtieron en campos de batalla entre el poder de los presidentes, con amplio apoyo popular, y la aparición de yihadistas entre idealistas y nihilistas, suicidas con ganas de morir, mercenarios, traficantes de todo pelaje y espías, muchos espías. Conflictos que han sido cubiertos de forma muy deficiente y maniquea por todos los medios de comunicación, que no han mostrado la profundidad de lo que lleva ocurriendo durante una década en la región.

Más allá de la espectacularidad de las bombas, las decapitaciones o los vídeos de combates colgados en YouTube, Facebook y demás redes sociales, muy pocos medios se han tomado esto en serio. En Yemen una guerra civil entre partidarios y detractores del depuestos presidente Abdullah Salé acabó con la intervención directa de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, una carnicería sin control arrasando barrios residenciales, hospitales y colegios mientras, en tierra, eran incapaces de acabar con la amalgama de milicias nacionalistas, los remanentes del ejército yemenita y la milicia zaidí Ansarullah (Huthíes). ¿Arabia Saudí? Usando mercenarios sudaneses, Al Qaeda y Daesh en la región.

Siria e Irak, dos países y prácticamente un destino desde el año 2014. ¿Qué decir de Irak que no se haya dicho ya? País destruido desde 2003, bajo la influencia determinante de Irán, con el Kurdistán gozando de una autonomía amplia a un paso de la independencia y con regiones enteras intransitables por la existencia de células durmientes y atentados.

Siria, una república secular en Oriente Medio, con una situación económica complicada pero en desarrollo, con un amplio respeto hacia las minorías étnicas y religiosas, con la mujer teniendo derechos de ciudadanos y siendo uno de los países que más han combatido el terrorismo a pesar de su historial de conflictos. De hecho, en 2005 Siria abandonó Líbano tras la Revolución de los Cedros y normalizó su situación, a pesar de tener un conflicto no resuelto con Israel en el Golán.

Tanto los gobiernos de Damasco como de Bagdad sufrieron el acoso del Estado Islámico, un retorcido grupo con una visión oscurantista y radical tanto de la organización política como religiosa, que en su visión es lo mismo, y que creó un país del tamaño del Reino Unido entre el oeste de Irak y el este de Siria: Hezbollah, Irán y Rusia principalmente fueron las que combatieron a DAESH en Siria mientras que Estados Unidos hizo lo propio en Irak a través de los kurdos.

En Libia la cosa no era mejor, tras una intervención de la OTAN bastante corta que acabó con la ejecución en directo de Muamar el Gadafi y la desaparición del estado; roto en varios gobiernos paralelos en Tobruk, Bengasi o Trípoli (que un día están en guerra y otro firman un acuerdo que dura días cuando no horas) con el interior del país en manos de milicias con una criminalidad mixta en la cual se entremezclan elementos yihadistas, traficantes de droga, armas y personas que aprovechan las costas para asaltar Italia (como ahora Canarias) por diferentes motivos: unos para ganar dinero con el comercio esclavo, otros para infiltrar a sus militantes entre las filas de “refugiados”, otros para tensar la cuerda social y provocar la crisis de “los cristianos” y demás.

En estos contextos están los grupos que pugnan por el poder y luego los yihadistas, que están en el juego del poder dentro del territorio que sea (Siria, Libia, Yemen, Irak, Mali etc…) pero al mismo tiempo están en guerra con Europa a la que combaten con la organización de masivas expediciones de refugiados que logran el efecto querido: desestabilizar Europa… recordemos la crisis de la Unión Europea entre polacos, húngaros y checos contra franceses, alemanes o británicos por la crisis de los refugiados en 2017 en los Balcanes o las crisis internas en Italia o España por la llegada masiva de pateras y cayucos.

¿Cuáles han sido las consecuencias de la Primavera Árabe? Si hacemos un balance, salvo las pequeñas reformas marroquíes y argelinas y la instauración de la democracia en Túnez, poca cosa, sólo la destrucción del tejido geopolítico de Libia, Siria o Irak, la aparición de elementos yihadistas terroríficos como DAESH, la dinamización y revitalización de otros grupos yihadistas como Al Qaeda, su expansión por el norte de África y el Sahel. Recordemos que tras Libia, y como consecuencia de esta guerra, estalla la de Azawad en Mali que ahora retumba en Burkina Faso, Níger y está llegando, haciendo pinza con Boko Haram de Nigeria, a Benín, Togo o Ghana, en Sudán se ha revitalizado el conflicto de Darfur, Yemen implicó que en Somalia el grupo terrorista Al Shabab, junto con los piratas, tomara fuerza tanto en las costas como dentro del territorio, Kenia y Etiopía han sufrido el acoso yihadista.

El bloque árabe sunita ha perdido poder como tal con el conflicto Arabia-Qatar, Irán tiene más poder que nunca y dinamiza todo un espacio iranio-chiita que llega desde Tayikistán hasta Líbano, Turquía está haciendo lo mismo en el espacio túrquico del Centro de Asia y en los territorios post otomanos siendo, además, que existe una entente creciente entre Ankara y Teherán, con la participación de Qatar mientras que el eje sunita se ha unido a Israel con la alianza entre Emiratos Árabes Unidos, Sudán, Marruecos, Bahrein o Kuwait (y en breve Arabia) con Tel Aviv.

En definitiva: el fin del modelo Sykes-Picot y el inicio de un nuevo desarrollo de los acontecimientos dinamizando la realidad histórica en base a influencias regionales vinculadas a las esferas de poder tradicionales en la región.

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