viernes, enero 21, 2022

Pie en pared contra Felones y Magos del Humo

Ya tenemos un nuevo año entre nosotros para cumplir todo lo que no dio tiempo o no nos dejaron acometer en el anterior. No hay ya diferencia entre lo importante y lo urgente; puesto que es urgente hacer las cosas importantes. Es el momento de pasar a la acción. De lo contrario tendremos un año de la marmota, pandémico y quejumbroso, que sólo aprovechan los “trileros” de la palabra. Esos estafadores de “aspecto pulcro y antecedentes devotos”, pero que son “sablistas” profesionales, callejeros y tahúres bien vestidos, que tienden a burlar a cualquier alma cándida, con elaboradas engañifas, sacando los cuartos y la honra por su verbo fácil, sus ademanes grandilocuentes y “castillos de aire” a todo aquel que cae en sus planes; aunque siempre resultan naipes vacíos, patrañas encadenadas y “órdagos superpuestos”. Los podemos encontrar siempre vinculados a farándulas, publicidades engañosas y trampas administrativas en las que no les importa “alzar y dilapidar” la hacienda, salud y ahorros de aquellos que la mala estrella hace que se les cruce en su camino. En su favor hay que decir que son grandes fabuladores, risueños y perfectos animadores de reuniones o festejos, y se han creído tanto su papel que invierten en enseñar a otros, en construir “producciones faraónicas” que terminan siendo ruinosas, pero siempre como no, por “culpa de otros”.

En este año que apenas tiene una semana y aún no dejó la lactancia, me he comprometido a ser más directo y centrarme en ejemplos consuetudinarios. Una crítica, cierta y coherente, que se me hace es que nunca “nombro” con apellidos y localización a los sujetos protagonistas de alguna de mis reflexiones. Pero en el mundo de las reputaciones y las sustantivaciones, hay que tener cuidado con la tan extendida costumbre de “sentirse zaheridos en el honor”. Como si supieran lo que es o no hubiera suficiente “doxografía” para justificar la referencia, si no delictiva, al menos amoral. En cualquier caso, si alguien tuviera curiosidad documental, no duden en pedir que serán satisfechos.

Los italianos los llaman “con il naso” (algo así, como “por narices”), y que siempre tiene la misma o similar forma de que viene a ser un: soy tan bonito y tengo tanto camino que andar, que ni me molesto en pedirte disculpas por arrastrarte a la vorágine… suficiente “honor” debe ser haber perdido honra y hacienda invirtiendo “a mayor gloria de mi propio medro”. Los hay por toda la geografía mundial, hispana, local y comarcal. Ningún país, lengua o cultura está a salvo. Desgraciadamente he padecido y conocido a bastantes, pero en estos tiempos estoy pensando en algún Iliberitano, que se aprovecha del Regomello provocado por haberse “rodeado” de inocentes a los cuales arrastraría en su desgracia si alguien decidiera poner coto a sus andanzas “Pintonas” y su aparente estado de Ehnortao. Pero eso no le salva que en menos tiempo del que esa gente suele esperar, la justicia humana, pues la divina tarda mucho tiempo y es poco dada a la exhibición, le rinda cuentas de sus actos. Quizá sin ayuda, quizás con ayuda. Busquen los significados de los vocablos usados un poco más arriba, en “las palabras” del acervo autonómico , y encontraran el camino del Francotirador este año. No crean que el decirlo nos hace mejores o superiores, en moral, derechos o cualquier otra ventaja, pero el publicarlo al menos calma la conciencia y va a hacer que afinemos la puntería en estos tiempos.

Decía René Descartes , que la mejor regla para el comportamiento, lo que él llamaba “la dirección del espíritu” era: “cambiar uno antes de pedir que lo hagan los demás”. Los pedagogos, los de verdad, aquellos que “han visto y trabajado con colegiales en directo”, no los crean “enrevesadas” teorías sobre aprendizaje utópico e imposible, pero que es un brindis al sol de puro medro y afán de que su nombre quede fijado en una bibliografía; Sabemos por la psicología, que para fijar cualquier hábito es necesario llevarlo a cabo durante un mínimo de veintiún días consecutivos.

En este caso, la única constancia que por ahora tengo son de cincuenta dos semanas, casi las mismas que provincias tiene España. Tendremos por tanto la posibilidad de “nombrar” cada semana un “problema con nombre propio o genérico” para agotar el mapa de la ignominia. 

Puede que nada cambie, o puede que al menos el cambio sea local e ínfimo, pero como “Roma no se hizo en un día”, tampoco es nuestra pretensión delatar nombrando totalmente los pesos de poder del medro; pero al menos habremos contribuido en cada disparo con un paso hacia levantar los brazos que nos acostumbraron a bajar con la excusa que nada se puede hacer contra quien fue tocado por la mano de un Mefistófeles.

Como en el lema publicitario, ya no se trata sólo preguntarse qué pueden hacer por nosotros y empezar a actuar en lo que cada uno puede hacer para cambiar el rumbo de sus entornos. Decirlo y hacerlo es la meta de este año. Veremos si puedo llegar a las 21 semanas para generar hábito, o si me dejan los referidos, ya que ellos tuvieron su oportunidad y su tiempo de manipulación que debe llegar a su fin.

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