domingo, abril 18, 2021

Pasquín contra el liberal: anarcocapitalismo

Cualquier estado cuenta en su ordenamiento jurídico con leyes que le permiten intervenir en cualquier ámbito de la vida social si así lo exigiera el bien común (procomún, por hablar en términos clásicos). Y esto no es comunismo, ni socialismo, ni colectivismo, es el funcionamiento normal de la vida de cualquier estado.

En España existe toda una legislación relativa al ejercicio de la patria potestad, especificada en el Código Civil, en la que se definen los deberes y facultades propias de la responsabilidad parental. Y cómo, también, se puede perder ese ejercicio, por determinadas causas, haciéndose el estado cargo de los menores.

Así mismo, existe toda una legislación relativa a la expropiación y/o requisa de cualquier bien si así fuera necesario, aunque éste estuviera en régimen de propiedad privada. De la misma manera, en este caso a partir del artículo 30 de la Constitución española, cualquier español tiene el deber de defender España, de tal manera que el estado se lo puede exigir a cualquiera si así fuera necesario. Esta legislación solo tiene sentido cuando el interés común está por encima del propio, y es que si el bien común se extinguiera también lo haría el propio.

El estado puede, pues, retirar la patria potestad, y también expropiar; incluso puede disponer de la vida de cualquiera (tanto, que algunos estados contemplan la ejecución capital). Por lo tanto, es una instancia superior a la familia, a la empresa, y a cualquier otra institución. La familia o la empresa, o cualquier individuo, siempre tienen intereses restringidos, intereses propios, siendo el estado la única institución que tiene como referencia en su acción el interés común. 

Y es deber de cualquier estado sacrificar lo que sea a ese bien común. De una familia, de una empresa, que nos venga mal dada, sólo nos puede proteger el estado. Y de un estado que nos venga mal dado, pues también: sólo el estado. Y es que sólo desde el estado se puede reformar o revolucionar el propio estado, y con los mecanismos del estado, precisamente por su carácter común a todos. No hay instancia superior, y esto es lo que quiere decir soberanía.

En definitiva, no hay más cera, desde el punto de vista de la organización de la vida social, que la estatal. 

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