jueves, abril 18, 2024
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No comas carne producida en España

Definitivamente, el ministro Garzón está “salao”. Es cierto que su trayectoria al frente de un Ministerio sin competencias, y cuya existencia obedece exclusivamente a la necesidad de Pedro Sánchez de rellenar el cupo que le correspondía a Podemos en el Consejo de Ministros, no está resultando especialmente brillante. Pero sus últimas decisiones e intervenciones públicas están evidenciando lo caro que resulta nombrar a alguien ministro con el único motivo de tener que cubrir la cuota de un socio de la coalición de gobierno.

Sí, nos está resultando caro que Garzón tuviera que ser ministro. Y no solo por el dispendio en el gasto público que supone la existencia de un ministro, un subsecretario, un secretario general, cuatro directores generales, ocho subdirectores generales y el conjunto de funcionarios y personal de confianza que cobran su sueldo de un Ministerio sin funciones, hasta llegar a un presupuesto de 60 millones de euros para 2022. También por el destrozo que está ocasionando a la economía española y, en especial a varios de sus sectores.

Visto con perspectiva, puede pensarse ahora que lo que está pasando era previsible que pasara. Cuando alguien no tiene trabajo, se tiene que entretener con algo. Pero ciertamente, el ministro Garzón podría ocupar de otro modo su inevitable tiempo de ocio. Que el ministro de una nación declare a un medio de comunicación de otra que un producto alimentario de su país ofrece defectos y carencias es de aurora boreal. Y como la carne producida en España compite en los mercados internacionales con la que se produce en otros países, es posible que los sectores ganaderos de Francia, Alemania, Países Bajos… le hagan un monumento a nuestro ministro de Consumo.

Es comprensible la indignación de los ganaderos españoles. Y es lógico el enfado de los gobernantes autonómicos -incluido alguno socialista- en cuyas regiones el sector de la ganadería tiene un peso importante en el PIB y en el empleo regionales. También se entiende que el PSOE y el resto del Gobierno hayan dejado solo a Garzón. Como solo le dejó Pedro Sánchez cuando calificó de “imbatible” a un chuletón al punto, desmarcándose así de otra de sus imprudentes declaraciones.

La verdad es que últimamente el ministro de Consumo se mueve como pollo sin cabeza. Valga como botón de muestra la majadería de la huelga de juguetes que convocó. Pocas veces un ministro del Reino de España ha hecho el ridículo cosechado por Garzón con su astracanada juguetera, incluido el sainete representado en los jardines de El Retiro madrileño.

Ante casos como los descritos, uno se pregunta cual es el motivo que lleva a un político a exponerse de ese modo a la mofa nacional. ¿Es un irrefrenable deseo de protagonismo? ¿Es un intento de disipar el error previo cometido? Pues le ha salido mal en las dos posibles opciones. Nada peor que ser protagonista de sucesos desafortunados y nada peor que intentar tapar un error con otro.

Los que tenemos ya cierta edad recordamos otros casos de ministros por estrambote. Fue espectacular el de Julio Rodríguez que llegó a ministro de Educación por un error de Franco. Éste quería nombrar ministro al profesor Sánchez Agesta y ordenó que en el Decreto de nombramiento figurara “el rector de la Universidad Autónoma de Madrid”. Sucede que hacía poco que al profesor le había sucedido Julio Rodríguez, lo que provocó el error. Y Rodríguez, el ministro por error, la lio parda. Quiso cambiar el calendario lectivo, inventándose el llamado “Calendario Juliano”, entuerto que tuvo que deshacer su sucesor.

El problema es que, por lo que se ha visto, Sánchez no tiene margen de maniobra para remover a los ministros de la cuota de Podemos. Lo hemos visto en la reciente crisis de Gobierno. Así que tendremos de ministro a Garzón mientras siga el Gobierno de coalición. Sin haberlo deseado me ha salido un pareado.

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