lunes, abril 19, 2021

Los culpables y los cómplices

Yo solía recordar esta frase de Churchill tras cosechar en el Congreso de los Diputados estruendosas unanimidades…en contra: «Bien, señores, estamos solos. Por mi parte, encuentro la situación en extremo estimulante”.

En esa época (desde el 2008 al 2016) yo era Diputada nacional y Portavoz de UPyD, el partido intruso según exacta definición de Gorriarán, y estaba empeñaba en llevar al orden del día del Congreso de los Diputados algunos asuntos de Estado que el Grupo Parlamentario PP/PSOE  tenía por costumbre dilucidar en los despachos. 

Así el partido intruso obligó a la Cámara a debatir y pronunciarse con luz y taquígrafos sobre asuntos tales como la Reforma de la Ley Electoral;  la activación de la Fiscalía para que iniciara un procedimiento de ilegalización de las marcas de ETA que se habían colado en las instituciones y que estaban incumpliendo la sentencia del TC, las resoluciones del Tribunal de Estrasburgo  y  la vigente Ley de Partidos; o la reforma de la Ley 6/1985 para que el Consejo del Poder Judicial pasara a ser elegido por ellos y de entre ellos tal y como  señala  la Constitución y establece la sentencia 108/86 del TC que puso limitaciones al declararla constitucional, tales como el “mercadeo” entre partidos para designar a sus miembros.

Las tres cuestiones proponían medidas de regeneración democrática; en las tres, y de forma reiterada,  el partido intruso cosechó una estruendosa unanimidad. Los “pactos de estado” funcionaron a la perfección y el Grupo Parlamentario PP/PSOE  no solo votó como uno solo sino que utilizó el mismo “argumentario” para descalificar las propuestas: extremista, radical, populista, centralista, jacobina, inconstitucional (si, hasta eso), nostálgica de ETA (también), irresponsable… Por supuesto que al Grupo PSOE/PP siempre se unían con  alborozo los comunistas de Izquierda Unida, los independentistas de la Ezquerra Republicana y  los nacionalistas de todo corte y condición. Vamos, los mismos que hoy apoyan a la pareja tóxica Sánchez/Iglesias.

Yo entiendo –aunque lo rechazo rotundamente- que el mantenimiento del statu quo haya provocado en el pasado que PSOE y PP  funcionaran como un solo grupo de interés; al fin y al cabo lo que les une es su histórica renuncia a ser alternativa, su vocación de turnismo, de alternancia: “Ahora me toca a mi, luego ya te tocará a ti”. Pero esa situación cambió de forma radical desde que llegó al  Gobierno un tipo cuya aspiración es liquidar el orden constitucional. Esto parecería claro hasta para el menos avispado de los aspirantes a heredar…

Desde que Sánchez llegó a la Moncloa  su máxima preocupación ha sido colonizar todas las instituciones; dentro de ese objetivo estratégico se enmarca el golpe de mano contra la Justicia que está ejecutando. Para ejercer despóticamente su poder y pervertir el sistema del 78 Sánchez necesita librarse del lastre que representa la separación de poderes, una herencia de la Constitución del 78, instrumento imprescindible  de la democracia. Por eso inició su andadura poniendo en marcha una estrategia judicial y jurídica para doblegar a los jueces y controlar todos sus órganos. Para la estrategia judicial eligió a Dolores Delgado, una testaferra que puso al frente de la Fiscalía General del Estado;  y para definir y gestionar la estrategia jurídica puso a Campo al frente del Ministerio de Justicia, otro ejecutor. Y con esa pinza está atenazando el ejercicio de todas las libertades, desde la de expresión hasta la de opinión, desde la de cátedra hasta la de movimiento.

Todas las reformas que Sánchez ha puesto en marcha en este ámbito persiguen liquidar la separación de poderes para burlar el control judicial sobre los actos del gobierno y de sus miembros. Los tribunales independientes y los magistrados profesionales que aplican las leyes y velan por la constitucionalidad de las mismas (TC) son un estorbo para seguir adelante con el proceso constituyente  en el que nos encontramos según el Ministro de Justicia. Las leyes habilitantes para cambiar la Constitución por la puerta de atrás requieren un TC al servicio de la mayoría gubernamental; y para eso han de controlar el CGPJ.  

Y mientras estamos sufriendo las consecuencias de una estrategia de demolición de la democracia perfectamente definida y aplicada,  cuando la justicia está sometida a un jaque sin precedentes por parte del Gobierno social comunista -que incluso ha merecido reproche de las instituciones europeas- va Casado, el otro Pablo, y reactiva el Grupo Parlamentario PSOE/PP para darle a Sánchez –el tipo que ha elegido como socios y referentes políticos a populistas de extrema izquierda, comunistas, golpistas, y filo etarras- el control del órgano de gobierno de los jueces, y a partir de ahí,  de la Justicia en general. 

Ni se ni me importa lo que hay detrás de esa decisión de Casado; no se si en su ánimo pesa más la incompetencia, el complejo, la frivolidad, los viejos tics de la vieja política  y/o la necesidad de protegerse en sede judicial. Lo que aseguro es que  Casado cometerá  un acto de traición si ayuda a Sánchez a liquidar uno de los últimos escudos de nuestra democracia. Y los actuales dirigentes del PP no podrán mirar a los ojos a sus hijos cuando, pasados los años, les pregunten «y tú, ¿qué hiciste mientras la Nación constitucional era atacada por los enemigos de la democracia?”.  Porque si perpetran la traición serán tan culpables como Sánchez; culpables en grado de complicidad, pero igualmente culpables.

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