sábado, enero 28, 2023
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Las guerras híbridas

Acostumbrados a los ejercicios militares y guerras tradicionales nos encontramos con un nuevo tipo de conflicto mucho más complejo que se lucha a todos los niveles de la sociedad. Curiosamente la guerra híbrida supera el complejo tablero de las guerras asimétricas entre ejércitos tradicionales potentes contra ejércitos tradicionales menos potentes o grupos de resistencia.

La guerra híbrida es una forma de combate entre fuerzas polarizadas dentro de un territorio concreto cuyo fin no es tanto la obtención del poder sobre el estado sino desestabilizar el mismo y arrastra a diferentes fuerzas a la lucha armada que, al mismo tiempo, implicará a terceros países con el envío de tropas regulares o voluntarios tanto motu proprio como por mandato de la ONU. Son guerras e intervenciones indirectas usando sectores sociales y guerra clásica.

Es un ejercicio por el que se concentran redes de inteligencia situadas dentro del territorio que se quiere desestabilizar, las llamadas «Redes Stay Behind«; presiones lobistas dentro del estado que se quiere atacar; campañas de desinformación a nivel internacional mediante el uso de los medios de comunicación de masas que prepararán a los ciudadanos frente a la intervención demonizando al enemigo.

Eso lo vimos con la Guerra de Irak de 2003 y el falso pretexto de las armas de destrucción masiva, las falsas acusaciones contra Gadafi de dar viagra a sus soldados para que violen mujeres libias, el blanqueo durante años de ciertos grupos armados terroristas que luchaban en Siria contra el presidente Bashar al Asad o las campañas contra rivales políticos como en el caso de Donald Trump dentro de Estados Unidos.

Esta labor es la más importante para ir tensando la cuerda a nivel internacional. A nivel interno las diferentes fuerzas irán posicionándose dentro de sus esferas de influencia, para ello deberán sentarse sobre identidades colectivas minoritarias dentro de los estados polarizando la sociedad. Por ejemplo, identidad chiita vs identidad sunita en Irak, identidad ucraniana vs identidad rusa en Ucrania, identidad y lucha de clases entre los marxistas-bolivarianos vs liberales-atantistas en Venezuela. Se destruye el ideal nacional por un ideal de colectividades mutuamente excluyentes y en conflicto.

Una vez polarizada la sociedad, las fuerzas pueden atacar pasando a una nueva fase. Por ejemplo, en el conflicto de Ucrania los Estados Unidos y la Unión Europea se proyectaron a través de los ucranianos y de los antirusos y proeuropeos, para ello en primer lugar usaron grupos pequeños subversivos para desestabilizar como fue el caso de FEMEN con sus constantes performance para desestabilizar el gobierno de Yanukovich que, al mismo tiempo, estaba siendo presionado a nivel diplomático y mediático mientras, esas mismas fuerzas al servicio de otras potencias congregaban en la plaza Maidán a ciudadanos, ya polarizados contra el gobierno, y que iniciaron las revueltas.

Rusia hizo lo propio con los ruso-ucranianos, comunistas ortodoxos y ultranacionalistas identitarios que tensaron la cuerda y se enfrentaron a sus conciudadanos en Odessa, Donbass, Crimea o Kiev con diferentes resultados dando origen a disturbios sociales que permitió a los interesados en Occidente y Rusia tensar la cuerda y desmontar Ucrania con el apoyo de oligarcas y políticos alineados con los diferentes centros de poder respectivamente y reforzados en torno a grandes masas de ciudadanos prestos a combatir.

En la primavera árabe el modus operandi fue igual. Uso de redes sociales, polarización de la población, uso de organizaciones subversivas o antigubernamentales, campaña mediática y diplomática y, en su defecto, uso de la fuerza a través de grupos paramilitares o terroristas infiltrados en el territorio.

Son guerras de baja intensidad que no llegan a la devastación de las guerras tradicionales sino que son conflictos en los que confluyen baja intensidad, localizados en entornos urbanos donde existen colectivos en disputa (curiosamente en ciudades ideológicamente homogéneas no hay choques ya que se sitúan en uno u otro bando). La devastación es asimétrica ya que a efectos prácticos está localizada y se caracteriza por dilatados espacios de tiempo por lo que son guerras muy largas, centradas en posiciones estratégicas y zonas de influencia donde la población civil, que es el eje nuclear de estas guerras, se siente identificada con las fuerzas que están desplegadas en su territorio y se crea una rivalidad civil entre facciones muy difícil de superar.

Curiosamente la población civil, en los tiempos en los que no hay actividad militar, hacen vida normal pero en los momentos en los que se desarrollan los combates suelen ser las víctimas mayoritarias tanto por ataques milicianos-paramilitares como por ataques del propio ejército regular sobre posiciones que no son estratégicas que buscan quebrar la confianza de la población en las fuerzas que les protegen.

Estas guerras suelen desarrollarse en zonas urbanas y logran, incluso, dividir ciudades durante años en base a criterios étnicos, religiosos o ideológicos. Sin embargo el poder también usa a los civiles y descarga su fuerza contra ellos buscando elementos subversivos o terroristas, arrastrando a una gran cantidad de personas inocentes a las cárceles o a ser ejecutadas.

Una de las particularidades de esta guerra, además, es que no se movilizan grandes cuerpos de ejércitos sino que suelen darse operaciones rápidas con empleo de artillería y aviación pero, sobre todo, grupos reducidos de alto valor añadido o, en su defecto, las mejores tropas entrenadas de las que se disponga siempre asistidas por una masa de milicianos y auxiliares muy superior al de las tropas regulares (en caso del gobierno) y tropas profesionales contratadas o formadas (en los casos de los estados de facto en territorios gubernamentales). La mayoría de bajas recaerán en las masas auxiliares por su falta de preparación, poca importante, gran tamaño y fácil recomposición.

El terrorismo y el contraterrorismo provocan la creación de terrorismo de estado, escuadrones de la muerte y guerra sucia que acaba en matanzas indiscriminadas producto del estado de paranoia. Todo ello mientras las naciones en conflicto siguen apoyando a los diferentes bandos y eternizando una guerra cuyo eje de gravedad son sectores de población sensibles a las tensiones derivadas de estas campañas.

Son guerras que, al contrario que las anteriores, no se sostienen por el poder de los ejércitos y en muchos casos no buscan acaparar totalmente el poder sino gobernar territorios locales y obtener independencias o, en su defecto, lograr mayores cotas de poder en un eventual nuevo gobierno, de ahí que estas guerras no sean totales y “a por todas” sino “guerras de negociación” que se ganan no por grandes ejércitos sino por la cohesión de los grupos sociales que sostienen esas fuerzas armadas y sus ramas políticos que compiten por ser bien tratados por el poder omnímodo de la prensa internacional.

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