miércoles, agosto 10, 2022

La vuelta de Elcano, cuando la Tierra da la cara

«Ciñó a la tierra por la mar Elcano pues era vasco y le venía estrecho su golfo patrio; se lanzó al arcano; rico artesón de estrellas le dio techo; fue el timón laya en su segura mano; con él el mundo se ensanchó su pecho» (Miguel de Unamuno)

Este año, 2022 -sí que sí- se cumplirá el 500 aniversario de la primera circunnavegación del Globo. La primera globalización positiva, por hablar en términos de Gustavo Bueno.

El objetivo magallánico de encontrar un “paso” entre el Atlántico y la “Mar del Sur” hacia la India, para establecer una ruta “occidental” hacia el Oriente, implicaba, necesariamente, la concepción esférica (alejandrina) del orbe terrestre. Se trataba de realizar una maniobra de envolvimiento para alcanzar el Levante por el Poniente, dado que, con la inesperada aparición de América, esta terminó por ser un obstáculo que había que sortear para que dichos planes geoestratégicos y comerciales se cumplieran.

El resultado es que por primera vez en la historia se dio la vuelta a la Tierra convirtiendo en un hecho de experiencia lo que, hasta ese momento, no era más que un concepto geométrico: la esfericidad del orbe terrestre, cuya circunferencia había sido medida ya en el siglo III a. de C. con sorprendente precisión por Eratóstenes en Alejandría, se vio por primera vez rodeada y recorrida por los pies de un hombre. Además, al llegar a Cabo Verde, los expedicionarios prueban otro hecho, hasta ese momento también teórico, pero esta vez de orden físico (geodésico), y es que en los diarios de a bordo figura que es jueves, cuando los portugueses dicen que es miércoles, lo que indica que ese orbe terrestre, esa esfera, gira sobre su propio eje. Por último, se descubre también el hecho, esta vez de orden geográfico, de la continuidad de los tres Océanos, al haber realizado el recorrido sin bajarse de un barco.

En definitiva, que la Tierra es una bola, rodeada de mar, y que gira sobre su eje, dejaba de ser una concepción que solamente estaba en los libros, para convertirse en una realidad experimentada por primera vez por esos 18 hombres llegados a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522.

Esta vuelta, esta revolución global, va a significar una transformación en todos los órdenes, de tal modo que la popa de ese barco, de la nao Victoria, va a ir dejando atrás un viejo mundo (pliniano-ptolemaico), que se derrumba a su paso, para ir apareciendo en el horizonte, mirando a proa, un “nuevo mundo” constitutivo del mundo actual realmente existente: mares, continentes y océanos se comienzan a perfilar, a distribuir adecuadamente en su orden esférico. Antes de Magallanes-Elcano toda representación cartográfica del orbe es imaginaria, no se ajusta a la realidad; tras el viaje, al cerrar la estructura geográfica terrestre, se abre paso el nuevo mundo real (no imaginario), representado en los mapamundis (la obra de los Reinal, Falero, Toreno, y, por supuesto, Diego Ribero va a cambiar totalmente la faz del mundo). Hegel hablará, en referencia a ello, del “bello día de la universalidad, que irrumpe al fin, después de la luenga y pavorosa noche de la Edad Media” (Hegel, Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal, Alianza Editorial, p. 652).

Ocurre, pues, que la cosmografía posmagallánica, no solo arroja luz sobre las partes desconocidas hasta ese momento (América, Pacifico, Filipinas, etc), sino también sobre las conocidas (Europa, Asia, África), al recibir estas una nueva reconfiguración respecto a las demás. Con América y el Pacífico también se (re)descubren Asia, África y Europa. Es el mundo entero, no solo el recién descubierto, el que se ordena y es representado por la nueva cartografía; y se ordena, además, por primera vez, de un modo que se ajusta realmente a la realidad geográfica poniendo, insistimos, las cosas en su sitio. Es el orbe entero el que es descubierto y medido con la nueva ordenación que se produce tras el circumgiro de Magallanes-Elcano, un hito que no tiene parangón en la historia, ni puede ya tenerlo (a menos que haya más “Tierras” en los espacios infinitos).

Cuando Gagarin, por primera vez, observe la faz de la Tierra desde el exterior verá que se ajusta perfectamente a los mapas realizados tras la proeza magallánica (y solo tras ella). La Tierra ya había mostrado su cara, y lo había hecho en Sevilla, a través de la escuela cartográfica que allí, en la Casa de Contratación (con su escuela de navegación), se formó, tras la vuelta de Elcano.

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