domingo, junio 26, 2022

La traición al Sáhara

La cuestión del Sáhara Occidental, desde 1975 y la actitud española ha significado un trauma para los refugiados saharauis debido a la pérdida de gran parte de su patria, el abandono por parte de su estado matriz (España) de los cuales fueron y formaron parte, tuvieron ayuntamientos y enviaron procuradores a las Cortes, eran tan españoles como un Suárez de Toledo o como un García de Asturias. 

Cuando España les vende, en un momento de debilidad y transición, con Franco agonizante y un Juan Carlos I ávido de poder y de restaurar la Monarquía, con su Cánovas particular (Adolfo Suárez), vendió al Sáhara y a los saharauis (españoles) a Marruecos y Mauritania pasándose por el arco del triunfo las resoluciones de la ONU, especialmente la 1514 de 1960 sobre la autodeterminación de los pueblos haciendo hincapié en el principio del Utis Possidetis Iuris (defensa de las fronteras heredadas de la Descolonización).

Estos acuerdos tripartitos convirtieron a los saharauis en un mero escollo para una España que pretendía normalizarse en la Comunidad Internacional salvando la nueva situación de incipiente democracia en ciernes y, al mismo tiempo, se quitaba la patata caliente de un problema social en el Sáhara (con ETA o Terra Iura era suficiente) y fronterizo con Marruecos, un Marruecos ligado a Francia (que hacía sus cosas contra España con ETA y demás).

Sin embargo en la cuestión geopolítica España, que no pintaba nada, tan sólo tenía que soltar el desierto, la costa y a sus habitantes en manos de Marruecos, aliado de Francia y Estados Unidos que jamás permitirían una Sáhara independiente por la vinculación del POLISARIO (como grupo árabe socialista de resistencia) a Argelia y, de paso, la vinculación de Argelia a la URSS dentro del marco de la Guerra Fría entre el capitalismo democrático y el socialismo científico pero, al mismo tiempo, este territorio formaba parte de la llamada «Guerra Fría Árabe» entre el bloque monárquico tradicionalista y el bloque panarabista y socialista.

En definitiva que España por razón histórica y política sobraba, los saharauis… también porque el apoyo se centró en Marruecos. España, al ser los tratados tripartitos declarados como ilegales en base al Derecho Internacional Público y al existir un dictamen dela Corte Internacional de Justicia avalando la independencia del Sáhara Occidental debido a que el pueblo saharaui era diferente y no había vínculos de soberanía entre Marruecos y el Sáhara, eso confirmaba a todos los efectos tres cosas:

España era potencia ocupante de iure; Marruecos potencia ocupante de facto; había un conflicto no resuelto.

En base a esto la política exterior fue equidistante. España, llamada por la ONU a descolonizar el Sáhara cada año (una descolonización simbólica o reconocimiento de la independencia del Sáhara Occidental), nuestros sucesivos gobiernos contestaban con un lacónico defendemos la solución pacífica y pactada del conflicto. Listo.

Sin embargo Marruecos se ha visto reforzada geopolíticamente por su ingente inversión económica en lobbys promarroquíes en Estados Unidos y la Unión Europea para defender sus intereses y cambiar los dictámenes y la narrativa que, si ya estaba pesando por la alianza Marruecos-Francia-USA, ahora más… todo esto mientras España dotaba de 20.000 millones a un ministerio inútil porque nuestro país no tiene lobbys que defiendan nuestros intereses, somos unos parias.

La cosa es que con este poder Marruecos, que usa una diplomacia de influencia y contundencia debido a que por su estructura absolutista y el organigrama de poder de Estado cuyo eje pivota en el majzén, el estado profundo marroquí; la corte alrededor del trono de Mohamed VI.

Esta diplomacia contundente tiene que ver más con el chantaje que con el arte político: chantaje sobre la seguridad (terrorismo y drogas), chantaje sobre la protección de las fronteras (uso de la inmigración para asaltar costas y fronteras terrestres españolas), chantaje político (sobre la no normalización de relaciones con España pero sí con el resto de países). Y ante esto debido a los ineptos políticos que se dedican a bloquear tanto al cuerpo diplomático como a los servicios de inteligencia de nuestro país, Madrid está indefenso.

A la hora de la verdad, frente a estas presiones; España al saberse sola porque no tenemos aliados no debido a que los demás nos odien sino porque no sabemos construir relaciones ni usar el poder de la influencia, pues debemos de ceder terreno…el problema es que ¿qué diferencia hay entre ceder un milímetro o ceder un kilómetro?… sólo dos: el nivel de presión y el tiempo para ahogar.

Pedro Sánchez, el peor y más inepto líder de Europa Occidental en este siglo (es difícil rastrear a otro inepto como él en la historia occidental de los últimos 122 años, desde 1900 hasta ahora). Ha cedido. 

Con la carta en la cual reconoce que la autonomía del Sáhara Occidental por parte de Marruecos es lo más estable y la mejor solución, Pedro Sánchez (sin consulta ni debate en el Consejo de Ministros o el Congreso de los Diputados) se carga el sistema interno español de control del poder, se carga la línea doctrinal seguida por todos los gobiernos españoles desde Adolfo Suárez (aunque la traición se veía venir desde los tiempos de González pero sobre todo desde Zapatero) y nos cargamos todas las resoluciones de la ONU sobre el tema saharaui.

Traicionamos de nuevo a nuestros españoles del Sáhara Occidental, su memoria y los saharauis apátridas a los que les negamos y les ponemos trabas para obtener la nacionalidad española, la misma que tenían sus padres, abuelos y bisabuelos mientras regalamos a precio de saldo nuestra nacionalidad a otros.

Pedro Sánchez reivindica y hace suyo (y para España) la postura marroquí creyendo que transforma en un conflicto interno marroquí una problemática regional. Lo hace a cambio de nada, de ningún compromiso; refuerza la posición de poder de Marruecos sobre España y la refuerza en sus reivindicaciones (pronto vendrá la segunda parte: las aguas saharauis) convirtiendo a nuestro país en un espantajo pero al mismo tiempo atenúa (que no elimina) la crisis con Marruecos que ya se inventará otro pretexto para seguir reclamando así que esto no es un punto final sino un punto y seguido en las tóxicas relaciones con nuestro vecino del sur pero, si no acabamos con la crisis marroquí (seguimos teniendo a Rabat al acecho), seguimos con el conflicto del Sáhara a esto debemos añadirle que, encima, nos hemos ganado otro enemigo: Argelia.

¿Alguien se cree que Pedro Sánchez consultó con los argelinos el tema de la carta a Marruecos, si ni siquiera pasó por el Consejo de Ministros ni el Congreso? Eso no se lo cree nadie. Argelia, que es el verdadero aliado de España y Europa Occidental por su defensa de las fronteras marítimas pero sobre todo de las fronteras terrestres (Argelia linda con Libia y Mali, dos países de los que sale de todo). Tanta es la seguridad que los inmigrantes van a Marruecos para atravesar el mar.

Pero no sólo eso, aparte de otorgar estabilidad en el área Mediterráneo-Sáhara-Sahel, Argelia es un proveedor de gas y petróleo estable (y más ahora tras las sanciones a Rusia) y es un país estable que ha sido capaz de solventar sus crisis y demonios internos en procesos de tránsito social como las revueltas que acabaron con Bouteflika, proceso que reforzó al FLN en su ala militar y civil. Argelia es uno de los primeros países en enfrentarse cara a cara y derrotar al terrorismo internacional y se hizo cargo de los saharauis de la forma en lo que España debería de haberlo hecho porque los saharauis no eran responsabilidad de los argelinos sino de España.

Y ahora tenemos una crisis con ellos, con nuestros antiguos ciudadanos a cambio de nada porque Marruecos seguirá jugando sus cartas… todas, de una forma contundente a costa de una España sometida a Rabat para que se avale su dominio sobre el territorio y el apartheid contra la población autóctona del Sáhara. Hemos desequilibrado el precario orden geopolítico del Magreb Occidental al decantarnos claramente por una de las partes en conflicto.

¿A cambio de qué? De nada… a cambio de dar alas a la monarquía alauita de Marruecos, enemistarnos con el que podría ser nuestro aliado natural y estrecho y abandonar definitivamente a los saharauis. ¿Eso nos da puntos ante Rabat, París, Washington, Londres, Moscú o Bruselas? No, ningún punto porque España, como arma traidora, puede ser un peligro para las manos que la sujetan de ahí el cerco que nos están haciendo cada vez más.

Gracias Pedro Sánchez.

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