jueves, mayo 23, 2024
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La Semana Trágica

A finales de 1903, Antonio Maura llegó al poder con un nuevo proyecto regeneracionista para España. Sus dos principales objetivos eran, por una parte, el saneamiento de la administración local, y romper el sistema de gobierno turnista alegando la incapacidad política de los liberales. Las campañas propagandísticas lo apartaron del poder en 1094, pero poco después, en 1907, volvería a la presidencia, constituyéndose así el llamado gobierno largo de Antonio Maura.

Por aquel entonces, el movimiento regionalista catalán estaba representado por la Lliga Regionalista de Prat de la Riba y Cambó. Todo tipo de nacionalistas se habían puesto de acuerdo para firmar un pacto de unión para luchar contra la Ley de Jurisdicciones impuesta por el anterior gobierno de Segismundo Moret. Este movimiento expandió por primera vez la problemática de la cuestión catalana por toda España. A finales de 1906 Maura intentaría pactar con los conservadores de la Lliga de Cambó para intentar solucionar el problema. En 1907 Solidaritat Catalana logró sus mayores éxitos al vencer sucesivamente a los radicales en las elecciones a diputados provinciales y al parlamento. Además, Prat de la Riba conseguía la presidencia de la Diputación de Barcelona. Todo esto hizo que Maura dictaminara una ley para otorgarle cierta autonomía a Cataluña. Pero lo cierto es que el regionalismo catalán estaba muy fragmentado y en 1908 ganarían las elecciones los radicales de Lerroux.

Los liberales veían como malos ojos la política de Maura y pronto se unirían a las izquierdas antidinásticas. En noviembre de 1908 adquiría cuerpo, aunque de forma precaria, el Bloque de Izquierdas en el que liberales y republicanos moderados presentaban un programa de democratización parlamentaria como alternativa a los intransigentes mauristas.

Sin embargo, el fin del gobierno de Maura vendría con los sucesos de verano de 1909 en Barcelona. El llamamiento de reservistas militares para una campaña de castigo en Marruecos fue muy mal acogido por la opinión pública. Los partidos de la oposición, sobre todo socialistas y republicanos se lanzaron a una intensa campaña contra el gobierno de Maura, acusándolo de que la guerra servía únicamente a los intereses oligárquicos de los propietarios de las minas del Rif. Uno de los motivos por los cuales estalló la revuelta en Barcelona es porque existía un movimiento proletario muy fuerte, muchos de estos obreros se articulaban en torno al periódico Solidaridad Obrera, germen de los que posteriormente sería la CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Fue precisamente una publicación de este periódico la que dio la orden de huelga general para el día 26 de julio. Con la negativa de los tranvías a secundar la huelga, se inició en Barcelona una semana de violencias, en la que iglesias y conventos fueron el objetivo principal, por no decir el único, de la ira popular. Era la primera explosión de ira anticlerical desde hacía más de un siglo. Los incendios afectaron a un centenar de conventos donde se daban clases a los hijos de las clases medias y las clases altas. Además, murieron tres personajes religiosos.

El gobierno tuvo que recurrir al ejército para sofocar la revuelta. Otra de las características de la Semana Trágica fue la pasividad de las autoridades y de la gente de orden. Por ejemplo, Ossorio, gobernador civil de Barcelona, ante los acontecimientos, se retiró a los barrios altos de la ciudad desde donde contempló, impasible, los incendios. La respuesta por parte del gobierno se tradujo en 17 condenas a muerte de las cuales se ejecutaron 5, la persona más significativa fue Francisco Ferrer i Guardia, fue un personaje que se movía entre el mundo federalizante y el anarquismo, además de ser el fundador de la escuela moderna de Barcelona que se convertiría en el modelo de las escuelas anarquistas racionalistas.

La principal consecuencia de este suceso fue la caída definitiva de Antonio Maura. La campaña nacional e internacional contra la ejecución de Ferrer, a la que se unieron los liberales, desacreditó de tal forma al gobierno que Alfonso XIII se vio obligado a prescindir de Maura. La segunda gran consecuencia de la Semana Trágica es que este suceso sirvió para aglutinar diversas fuerzas políticas y sociales que el régimen de la Restauración tenía marginadas, como el movimiento obrero y los nacionalistas.

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