domingo, junio 26, 2022

La República olvidada

El reinado de la casa de Saboya en España por parte de Amadeo I fue muy breve. La enorme inestabilidad política producida por la Guerra de los Diez Años en Cuba (1868-1878), la tercera guerra carlista (1872-1876) y la oposición de los “alfonsinos”, hizo que el reinado del joven monarca sucumbiera al desastre, por si fuera poco, el pueblo lo consideraba un rey intruso, casi como José Bonaparte. La gota que colmó el vaso fue la llamada “cuestión de los artilleros” de 1872, los artilleros se negaron a obedecer al general Baltasar Hidalgo de Quintana, lo que provocó una crisis política que desembocó en la disolución del cuerpo de artillería por 191 votos en las Cortes y la posterior abdicación de Amadeo I el 11 de febrero. 

La Asamblea Nacional, la misma madrugada de la abdicación, proclamó la República por 258 votos contra 32. El nuevo régimen nacía en una calma tensa y de manera pacífica, pero las posteriores divisiones entre los propios republicanos y las constantes sublevaciones cantonales de los federalistas sumieron al país en una enorme inestabilidad. Las diferencias doctrinales entre los prohombres de la república eran manifiestas, Pi y Margall optaba por una república federal y Castelar por una unitaria y conservadora; Salmerón defendía una república radical y unitaria; Pavía propugnaba por una militar. Diversos sectores tenían la idea de una “federación integrada por estados autónomos”.

El primer Gobierno republicano de coalición estuvo al cargo de Estanislao Figueras, abolió la esclavitud en Puerto Rico, disolvió las Ordenes militares y suprimió los títulos nobiliarios. A la indisciplina del ejército y el desorden que impregnaba la vida española se le unió la guerra carlista y la de Cuba. Figueras, hombre tímido e inseguro huyó a Francia. El 11 de junio las Cortes Constituyentes elevaron al poder a Francisco Pi y Margall, que gobernó un total de un mes y ocho días, los desórdenes seguían ocurriendo; la guerra carlista continuaba en el norte del país; se erigieron cantones independientes en numerosas ciudades como Málaga o Cartagena; y la anarquía militar se extendió por todo el país. Pi deseaba acabar con todos estos problemas sin derramar sangre, y tuvo que dimitir. 

El 18 de julio fue sustituido por Nicolás Salmerón, decidido a reprimir y castigar los desórdenes, salvó la plaza de Cartagena y mantuvo a raya a los carlistas, dimitió por su negativa a firmar unas sentencias de muerte para restablecer la disciplina en el ejército. Dejó el poder antes de traicionar su sensatez, o parecer un insensato. 

Emilio Castelar sube al poder el 7 de septiembre, dispuesto a salvar la patria, reorganizó el cuerpo de Artillería, estableció el servicio militar obligatorio, venció a los cantonales en Cartagena y envió al general Moriones a combatir a los carlistas. Salmerón y Pi, entre otros, le acusaron de derechista y de traicionar a la revolución, se vio obligado a dimitir a las cinco de la mañana el día 3 de enero de 1874. 

El general Pavía ordenó asaltar el Congreso y disolverlo, la República se desvanecía con este golpe de estado. Se estableció un Gobierno provisional al mando del duque de la Torre, se disolvieron las cortes y se nombró al general Francisco Serrano como presidente del Poder Ejecutivo y a Zabala como presidente del Consejo. Entretanto los alfonsinos empezaron a trabajar en la restauración borbónica, más tarde aparecería en escena Antonio Cánovas del Castillo. El primer experimento republicano en España terminaría con el pronunciamiento en Sagunto del general Martínez Campos y la restauración de Alfonso XII.

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