sábado, marzo 2, 2024
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Se agrava el ataque contra la Iglesia en Nicaragua: la policía arresta de madrugada al obispo más crítico con el régimen de Ortega

El prelado llevaba quince días en arresto domiciliario y ha sido detenido junto a cuatro sacerdotes, dos seminaristas y un camarógrafo

El obispo nicaragüense Rolando Álvarez, muy crítico con el Gobierno de Daniel Ortega, fue detenido la madrugada de este viernes por policías que irrumpieron a la fuerza en la curia episcopal de Matagalpa (norte), donde llevaba en arresto domiciliario desde hacía 15 días, en medio de una escalada estatal contra la Iglesia católica.

Eran las 03.20 horas (09.20 GMT) cuando la Diócesis de Matagalpa alertó a través de sus redes sociales de que en ese momento agentes policiales estaban ingresado a «nuestra Curia Episcopal» a llevarse a Álvarez, de 55 años, el primer obispo arrestado desde que el sandinista Ortega retornó al poder en 2007.

Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, ambas en el norte nicaragüense, es acusado por la Policía de intentar «organizar grupos violentos», supuestamente «con el propósito de desestabilizar al Estado de Nicaragua y atacar a las autoridades constitucionales», aunque de momento no han ofrecido pruebas.

El obispo fue detenido junto a siete de sus colaboradores: cuatro sacerdotes, dos seminaristas y un camarógrafo, quienes permanecían confinados en el Palacio Episcopal de Matagalpa desde el 4 de agosto pasado, sitiado por fuerzas policiales.

«Preocupémonos por llevar el traje de fiesta en el Reino de Dios», publicó Álvarez en Twitter, horas antes de ser capturado.

Un dolor de cabeza para el régimen

Quienes hoy lamentan la noticia del arresto de Álvarez, hace unos años descubrían que el actual obispo de la Diócesis de Matagalpa igual impartía misa que montaba a caballo o una embarcación improvisada con troncos para evangelizar en las montañas del norte de Nicaragua, se lanzaba con su sotana en patineta, bailaba cumbia en una fiesta o bien pateaba un balón de fútbol.

Pero cuando tenía que ponerse serio, Álvarez, un bachiller en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma, licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana y máster en Doctrina Social en la Iglesia por la Universidad Pontificia de Salamanca, fruncía el ceño. En 2015, ante el malestar de los pobladores del municipio de Rancho Grande, el obispo nombrado por el papa Benedicto XVI en 2011 encabezó una de las manifestaciones antigubernamentales más multitudinarias en contra de un proyecto minero, cuya cancelación fue considerada como una «derrota» de Ortega ante los campesinos nicaragüenses.

Álvarez, secretario de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, fundó radioemisoras y canales de televisión para la Iglesia católica nicaragüense, abrió una cuenta en Twitter en la que compartió sus reflexiones y se convirtió en una especie de celebridad en Matagalpa.

El obispo tuvo reconocimiento nacional con el estallido popular contra Ortega en abril de 2018 por unas controvertidas reformas a la seguridad social, cuando siendo mediador en un diálogo entre el Gobierno y la oposición advirtió que Nicaragua solamente podría salir de la crisis y aspirar a la democracia con «reformas profundas y de raíz en el sistema electoral».

Durante la crisis sociopolítica, Álvarez fue uno de los obispos que abrió las puertas de las parroquias bajo su jurisdicción para que los manifestantes antigubernamentales se refugiaran de la denominada «Operación Limpieza» de 2018. Esa operación fue descrita por el religioso como «limpiar las vías de tránsito a precio de sangre y de muerte, y luego ir casa por casa arrestando a la gente para enjuiciarla, calumniarla con acusaciones inverosímiles».

Antes de la retención, la Policía había impedido la celebración de la misa en la Catedral de Matagalpa, por lo cual el obispo salió a predicar a las calles aledañas con el Santísimo Sacramento alzado, tras lo cual se arrodilló y clamó a Dios.

Durante los quince días que ha pasado en arresto domiciliario antes de ser detenido, Álvarez recibió muestras de apoyo de los Episcopados de diversos países del mundo, un gesto que los fieles católicos de Nicaragua, donde son mayoría, reclamaron al papa Francisco, sin éxito.

 

 
 
 
 
 
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Arrestos, expulsiones y asedios

En lo que va de año las autoridades han llevado a prisión a siete sacerdotes, uno de ellos, Manuel García, enjuiciado y condenado por violencia doméstica contra una mujer que pasó de víctima a acusada por no inculpar al religioso.

Además expulsaron en marzo pasado al nuncio apostólico en Nicaragua (el equivalente al embajador del Vaticano), Waldemar Stanislaw Sommertag, y en julio a 18 monjas de las misioneras de la orden Madre Teresa de Calcuta.

Antes, un grupo de sacerdotes, entre ellos el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, y Edwin Román, fueron «forzados de salir del país» en 2019 y 2021, respectivamente.

El Gobierno sandinista también ha cerrado ocho radioemisoras católicas y sacado de la programación de la televisión por suscripción tres canales católicos.

Además ha ingresado por la fuerza y allanado una parroquia, impedido a los feligreses recibir la eucaristía dentro del templo, y sitiado a otros dos sacerdotes en sus iglesias. Igualmente, ha prohibido a la Archidiócesis de Managua la procesión con la imagen peregrina de la virgen de Fátima.

Fuente: EFE.

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