miércoles, diciembre 7, 2022
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La geopolítica sacude el Sahel

Desde hace años se lleva avisando de la importancia de entender e invertir en las regiones del Sáhara-Sahel para lograr una estabilización de las regiones africanas que no provoquen una desestabilización del Magreb. Esta región, el Magreb; densamente poblada, representa un grave problema de seguridad para Europa Occidental.

El Sahel está ligado a una inseguridad compleja basada en redes tribales como sostén social, lo que dificulta la consolidación de los estados postcoloniales, artificiales, en el flujo histórico y geopolítico de África Noroccidental. Si a esto le sumamos el tráfico de seres humanos, armas y drogas producto de la incapacidad de los estados africanos, como mínimo, de presentar una estructura que combata estas actividades de forma eficiente, cuando no colaborando directamente con estas redes, lo que tenemos es un gigantesco polvorín.

Los estados africanos como Malí, Burkina Fasso, Níger o Nigeria, aparte de su vinculación a las metrópolis (en el África francesa aún se usa el Franco CFA) con el susodicho neocolonialismo tan criticado por la izquierda en base a la influencia política y la obtención, como resultado de esta influencia, de recursos naturales, debemos entender que los estados africanos no han podido estabilizarse porque ni siquiera los políticos creen en sus propios países.

Esto ha generado, en primer lugar, una movilización masiva de personas que huyen al norte y crean los flujos migratorios de los que desde las mafias hasta los estados sacan beneficios pero, en segundo lugar, se ha dado una oposición interna extremadamente crítica con el modelo de estado postcolonial que está fundamentada en el islamismo radical.

El islamismo radical, como se le llama en Occidente, no es otra cosa que una ideología no tan religiosa como identitaria ya que en el islamismo radical no sólo va implícita la religión sino las tradiciones del pueblo que ha aceptado esa ideología identitaria de «salvación nacional» (entendido como nación dentro de la Ummah o comunidad islámica). Son proyectos de liberación nacional de la influencia tanto de Occidente como del Socialismo (los islamistas lucharon contra el socialismo en Afganistán en los ochenta, contra el socialismo argelino en los noventa y contra el socialismo sirio ahora).

La purificación de la nación implica no sólo una ideología sino una estructura en las zonas empobrecidas, logística, apoyo y solidaridad entre los miembros dentro de estados en los que existen zonas donde jamás se ha presentado administración alguna y que sólo pertenecen a Mali o Burkina en los mapas porque el estado no ha reparado en esas zonas.

Esto sumado a la incapacidad de estos países de establecer una contranarrativa social ni por ellos mismos ni asistidos por países occidentales como Francia; que es el líder de la Operación Barkhane o la Fuerza Especial Takuba. Francia, que ha gastado ingentes cantidades de dinero y vidas en la región lleva meses planteando su retirada, lo que asestaría un golpe mortal al G5 del Sahel y a los estados que la componen.

París, sin embargo, cada vez está más nervioso por la penetración turca en la región. Las negociaciones con Libia por las aguas y la Zona Económica Exclusiva fueron suspendidas por el Tribunal Supremo de Libia pero desde Ankara retomaron negociaciones. La presencia diplomática de Turquía en países como Somalia, Sudán, Chad o Burkina Fasso, que a todos los efectos se va a convertir en el pivote turco en el África saheliana, es una realidad que va unida al intento turco de ser el hegemón marítimo del Mediterráneo Oriental. Primacía que se ha visto contenida por la Operación Irini, una operación conjunta de la Fuerza Naval de la Unión Europea y que modificó el flujo de inmigración ilegal, con estructura mafiosa y de tráfico de personas, sacándolos de las costas… lo que cristalizó en la oleada de pateras que asolaron Canarias en 2020 ya que «Irini» no cubre la parte atlántica de Magreb.

A todo esto, aparte de los turcos, hay que contar a los rusos; la presencia de Wagner (una empresa de seguridad militar privada rusa en África) está probada y su extensión por Senegal y Malí es una realidad aunque con muchos matices. De hecho se ha dado la particularidad de que en Bamako y en Ouagudú se han dado protestas donde los manifestantes llevaban banderas rusas.

La penetración, sin embargo, no busca desplazar a Francia de forma violenta sino que la penetración turco-rusa se dio en varias oleadas: una diplomática, otra comercial con la compra de empresas locales y extranjeras dedicadas especialmente a la minería tanto del oro como de otros minerales estratégicos y, con ello, en la parte rusa, vienen los chicos de Wagner y la consolidación de la influencia.

Sin embargo desde los medios franceses exageran la presencia de Wagner, cuya función sería la protección de trabajadores, plantas y logística en este avispero. Esto implica que, junto con la penetración regional del servicio secreto alemán; los franceses quieren realizar una salida donde retener algo y la mejor manera es replicar los acuerdos de Doha entre Estados Unidos y el Emirato Islámico de Afganistán.

Los franceses, algunas fuentes dicen que se han reunido con Iyad Ghali, la mano de Al Qaeda en la región que juró lealtad a Aymán al Zawahiri, líder de Al Qaeda central; Abdelmalek Droukdel de AQMI y a Haibatullah Akhundzada, líder de los Talibanes. Esto implicaría que Ghali; implicado en las rebeliones separatistas tuareg e islamista no sólo tiene lazos internacionales con grupos yihadistas sino que este juramento de lealtad hecho en 2017 ya ha cristalizado en la relación con un estado de iure y de facto: El Emirato Islámico de Afganistán.

Los franceses, en este caso; están perdiendo los incentivos para mantener estas operaciones y pretenden una retirada que permita a París irse honrosamente, aprendiendo de la apresurada retirada de Estados Unidos de Afganistán y al mismo tiempo, al pactar con este grupo, asegurarse de que formarán un tapón que contenga al Estado Islámico. Lo que implica que Mali podría acabar desapareciendo como estado por su propia inviabilidad. Francia, ante la imposibilidad de destruir a Al Qaeda, ha optado por traer al grupo a la política.

Obviamente el fin de Barkhane (que lleva siete años activa) y que es una operación no europea sino netamente francesa implica la reducción de la influencia francesa en la zona lo que trae otro problema. Unida a la desestabilización previsible vemos que Rusia, con su penetración en Mali y usando como pivote a su gran aliado regional: Argelia y con ello al POLISARIO, puede hostigar a Marruecos, estrecho aliado de Occidente en el Magreb y, de paso, en el tercio sur argelino proyectarse hacia el Sahel captando apoyos.

Esto significa que Rusia, en plena guerra y con duras sanciones económicas, sería capaz de posicionarse en el flanco sur de Europa: el Sahel y desde ahí hacer mucho daño al conjunto de una Unión Europea incapaz de enfrentar este reto

A Rusia ese movimiento podría venirle muy bien ya que frente a la consolidación y ampliación de su territorio en el mar de Azov y el control de Crimea desde 2014 se une la ruta con Tartous, en Oriente Próximo, junto a ello una consolidación en Argelia, que se está dando y se anuncian maniobras ruso-argelinas en breve, es una forma que tiene Moscú de ir estrechando posiciones.

Además; Argelia tiene problemas internos con los rebeldes tuareg, los cabilios (el grupo Movimiento para la Autodeterminación de Cabilia fue declarado grupo terrorista por el gobierno argelino y tienen su sede en París), sin contar con los islamistas de diverso pelaje herederos del FIS (Frente Islámico de Salvación) que pululan por el país.

Esa conflictividad interna hace que Argelia, frente a esta Segunda Guerra Fría, se sitúe del lado ruso (Argel fue el único país al que Rusia vendió sus cazas SU57, los mejores del mundo). Además, la experiencia en Siria hace que los argelinos vean a los rusos como aliados eficientes en la lucha antiterrorista si esta se expande por su territorio

Por otro lado el POLISARIO, grupo que desde 1973 lleva luchando por su autodeterminación (avalada por resoluciones de la ONU y por sentencias del Tribunal Internacional de Justicia) contra España y luego contra Marruecos, potencias dominadoras de la región (España hasta 1975) y Marruecos desde 1975 hasta hoy lleva dominando como potencia colonizadora el territorio, está haciendo que el conflicto se internacionalice en todo el entramado de tensiones que están reactivándose por la subida de tensión entre Washington y Moscú.

España, sin embargo; que debería mantener una posición equidistante por realismo político, en lugar de mantener su posición conforme a los dictámenes de la ONU, en un momento en el que Francia, en plenas elecciones, se debate entre quedarse o irse de Mali y tantos los rusos como los turcos avanzan en la región, el gobierno de Madrid rompe el equilibrio y sitúa, por imperativo geopolítico y no sólo presiones de Rabat sino de Bruselas y Washington, del lado marroquí en el conflicto del Sáhara lo que implica, directamente, confirmar nuestra posición occidental ya rubricada con el constante y desproporcionado apoyo a Ucrania. 

Todo está entrelazado y las fronteras avanzadas de Europa en el Sahel están hoy más comprometidas que nunca

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