miércoles, octubre 5, 2022
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La división de Corea: disputas y consecuencias de la Guerra Fría

En medio de una competición internacional por el poder que se venía dando en Asia Oriental desde sus orígenes históricos, Corea será tan solo un escenario más en el que, tras la derrota japonesa y su consiguiente ocupación, será dividido hasta nuestros tiempos en dos zonas: Corea del sur y Corea del norte.

En 1868 se inicia en Japón un proceso imperialista al estilo europeo, como consecuencia de la inauguración de una nueva era institucional capitaneada por una oligarquía liderada por los clanes de las provincias Satsuma y Chōshū, que restaurará el poder imperial Meiji hasta extender sus dominios. Sin embargo, a finales del siglo XIX, Corea era una nación débil y tremendamente aislacionista, disputada históricamente por las potencias de China y Japón. Estamos hablando, por tanto, de una nación que servirá de puente entre dos grandes potencias que competirán por sus respectivas influencias en el territorio. Con todo, lo cierto es que la rendición bélica y la autoridad china decaerán tras la intervención extranjera en las guerras del Opio, dando paso a los oportunistas: Japón aprovechará esta vulnerabilidad y le arrebatará la influencia sobre la península de Corea, monopolizando los contactos mercantiles como primer paso hacia la construcción de un gran imperio colonial japonés en Asia Oriental.

Tras los acuerdos de Postdam, Japón acabará rindiéndose el 15 de agosto de 1945 ante una amenaza de destrucción total si no acataba los términos de rendición sin condiciones acordados en la conferencia. Ante esta situación, Estados Unidos, antiguo líder de la Guerra del Pacífico hasta el final, sería el encargado de ocupar un Japón declarado en guerra siete días antes por la URSS conforme a lo acordado en Yalta. Ante el rápido avance soviético, Corea, la colonia más importante del imperio japonés, terminaría siendo ocupada tanto por Estados Unidos en el sur, como por la Unión Soviética en el norte. Ambas potencias se toparán con una guerrilla japonesa dirigida por comités populares. Los estadounidenses intentarán desarticularlos e imponer un gobierno democrático y los soviéticos los dejarán estar.

Pese a la necesaria cooperación entre estas dos potencias durante la Segunda Guerra Mundial por un fin común, la derrota del Eje desembocaría en un nuevo conflicto bélico para ambas: la Guerra fría. Si hablamos en términos propagandísticos, se trataba de una guerra entre el socialismo y el fascismo. EE.UU. temía un expansionismo soviético dudable y la URSS consideraba que el fascismo seguía vigente, pero con diferentes formas, y que buscaba otra guerra mundial.  Se trata, pues, de dos ideologías completamente opuestas y rivales que determinarán el futuro de Corea. En realidad, Corea nunca fue prioridad de ninguna de las dos superpotencias. Estados Unidos prefería centrar sus fuerzas en la reconstrucción económica de Japón para convertirlo en potencia de nuevo y en la Europa de la posguerra. Además, establecer un dispositivo militar en el territorio, acarrearía más problemas a EE.UU. que a la URSS por motivos de cercanía. Aun así, los americanos no regalarán su parte coreana a un ejército rojo ansioso de la victoria y seguirán oponiendo resistencia.

Tras conocer la rápida entrada y asentamiento soviético por el norte de la península, se planteará con urgencia en Washington la medida de dividir Corea por un paralelo 38º que dividirá la península prácticamente por la mitad sin atender a ninguna razón histórica, geográfica o cultural. Pese a que esta idea se proponía inicialmente como algo temporal y no permanente, terminaría siendo un hecho determinante a largo plazo en la historia de este país asiático.

El 27 de diciembre de 1945 se celebrará en Moscú una conferencia que de paso a una posible negociación entre ambos, con el fin de unificar Corea bajo un solo gobierno tutelado por las cuatro potencias más poderosas (EE.UU., China, URSS y Reino Unido) que coordinase las relaciones entre las dos zonas durante cinco años, pero estas negociaciones fracasarán, manteniéndose la zona norte y la zona sur.

Las tensiones irán aumentando gradualmente, de tal manera que, además de ser frecuentes los escenarios sangrientos en el paralelo, ambas potencias ya estarían en proceso de negociación con los países extranjeros. La guerra estaba a punto de comenzar. El líder norcoreano Kim II-sung y la Unión soviética idearán conjuntamente un plan para invadir el sur americano y unificar toda la península por la fuerza. La estrategia estalinista se basaba en el apoyo a una unificación comunista coreana, pero sin intervenir oficialmente la URSS para evitar las acusaciones y la confrontación directa con EE.UU. De este modo, Rusia no enviaría a su ejército, sino que prestaría asesoramiento militar, armas, munición y entrenamiento para sus soldados. Pese al apoyo indirecto de Rusia, el ejército norcoreano era lo suficientemente fuerte y grande (1/3 más que el estadounidense) como para hacer frente al americano.

A partir de entonces, estallará la guerra en el momento en el que gobierno del norte atraviese el paralelo 38 el 25 de junio de 1950, movilizándose EE.UU. por medio de la ONU para defender el sur. Durante los primeros meses, la guerra pasaría a hegemonía americana, pero terminará por estancarse, dejando paso por las grandes ciudades a unas tropas invasoras que liberarían a los presos políticos e implantarían sus medidas, acrecentando, a su vez, las aspiraciones de una mayoría poblacional que ya celebraba la unificación. Finalmente, y tras tres años de guerra, se llegaría a un armisticio en 1953 que proclamaría dos estados: un estado norte en donde se crea una dinastía de carácter policial, y un estado sur.

La situación actual de Corea es, por tanto, la secuela de una “guerra caliente” dentro de una guerra fría acrecentada por la amenaza china. La división de la península fue el precio que los coreanos pagaron después de la Segunda Guerra Mundial a cambio de la liberación japonesa.

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