miércoles, agosto 4, 2021

La desconocida conversación entre Adolfo Suárez y Tejero la noche del 23F

Descubrimos el tenso encontronazo entre el expresidente del Gobierno y el guardia civil en el 40º aniversario del intento de golpe de Estado

Es difícil decir algo nuevo del 23-F en su 40º aniversario. El intento de golpe de Estado liderado por ArmadaMilans del Bosch y Tejero ha sido protagonista de ríos de tinta por parte de historiadores, periodistas y, por supuesto, de los que lo vivieron en primera persona. Sobre este hecho se han escrito densos ensayos historiográficos, “novelas históricas” como ‘Anatomía de un instante’, de Javier Cercas, e incluso se han rodado falsos documentales como ‘Operación Palace’ de Jordi Évole.

Sin embargo, además de la nómina de hechos más conocidos sobre el fallido golpe —la irrupción de Tejero en el hemiciclo, el forcejeo entre Gutiérrez Mellado y los guardias, los tanques en las calles de Valencia o el discurso televisado del Rey— hay otros que aún permanecen escondidos en la memoria de esas largas horas en que la democracia en España pendió de un hilo.

Una de esas anécdotas sepultadas bajo el peso de cuarenta años es la conversación que mantuvieron el expresidente del Gobierno Adolfo Suárez y el teniente coronel Tejero durante aquella madrugada clave de nuestra historia reciente.

Tejero entra en el Congreso

Después de que la tropa dirigida por Tejero hubiera entrado por la fuerza en el Congreso de los Diputados durante la votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, los guardias dispararon varias ráfagas con sus metralletas al techo del hemiciclo. Todos los diputados se echaron al suelo, excepto tres: el secretario general del PCE, Santiago Carrillo; el vicepresidente del Gobierno, general Gutiérrez Mellado; y el propio Suárez.

Antes, el veterano vicepresidente del Gobierno ya había tratado de detener a los golpistas y, como militar de mayor rango que era, no dudó en encararse con Tejero. Suárez bajó del banco azul para separar a Gutiérrez Mellado del enérgico teniente coronel y, tras los disparos, la situación dio paso a una tensa espera con los diputados inmóviles en sus escaños.

Antonio Tejero, junto a la tribuna de oradores del Congreso, durante el intento de golpe de Estado del 23-F.

Desde la tribuna, uno de los guardias anunció a sus señorías que el encierro no iría para largo y que tan solo debían esperar a que llegara la “autoridad competente, militar por supuesto”.

Pero Suárez no permaneció inactivo y exigió hablar con el responsable militar del golpe. Fue instado, según contó después él mismo, en dos ocasiones y “violentamente” a que volviera a ocupar su escaño.

Ante su negativa, Tejero decidió sacar a varios de los más destacados diputados del hemiciclo para aislarlos en otras estancias del edificio. Felipe González, Alfonso Guerra, Agustín Rodríguez Sahagún, Santiago Carrillo y Gutiérrez Mellado fueron llevados juntos a la Sala del Reloj, mientras que el teniente coronel decidió dejar solo a Suárez en la sala de ujieres.

Al expresidente lo vigilaban tres guardias, que se iban turnando. El político de Cebreros permaneció allí custodiado dieciséis horas y media. El propio Suárez relató tiempo después cómo en varias ocasiones dialogó con los guardias, tratando de convencerles del absurdo de lo que estaban haciendo. Pudo comprobar que muchos de ellos no alcanzaban a vislumbrar el significado de las órdenes que habían recibido.

Una pistola en el pecho

Fue en estas horas de aislamiento cuando tuvo lugar el encontronazo entre Suárez y Tejero. Sobre las cuatro de la madrugada, narra el expresidente, el golpista entró en la sala donde Suárez permanecía retenido. “Los tres guardias civiles que me custodiaban se pusieron en pie. Tejero se aproximó a mí, que permanecí sentado, y me colocó la pistola en el pecho. Yo le miré fijamente a los ojos al tiempo que le gritaba ¡cuádrese! No sé si desconcertado o sorprendido, dio media vuelta y abandonó la habitación”, contó un mes después Suárez en una entrevista recogida por ‘Diario 16’.

Tejero, en el centro de la imagen, durante los primeros instantes del intento de golpe de Estado. En la tribuna, el entonces presidente del Congreso, Landelino Lavilla. En la parte inferior de la imagen puede verse al exministro de Defensa José Bono.

Juan Francisco Fuentes, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense y autor de la más completa biografía sobre el expresidente, también recoge este suceso y señala que, en aquel momento, Adolfo Suárez “un hombre desarmado” y que había sido “despojado del poder” (aquella sesión del Congreso debía investir presidente a Calvo Sotelo) le dio a Tejero “una lección de valor y disciplina”. Para Fuentes, la actitud del expresidente era “la prueba incontestable” de que Suárez “seguía encarnando la suprema autoridad” del cargo que todavía ostentaba (el relevo a Calvo Sotelo no se había consumado por interrumpirse la votación de investidura).

En su libro ‘Adolfo Suárez: biografía política’, el historiador narra que el de Cebreros se venía preparando “desde hacía meses” para una situación similar. Incluso había llegado a confesarle a su vicepresidente, Manuel Gutiérrez Mellado, que se estaba “entrenando para que en el momento en que venga alguien a ponerme una pistola en el pecho, yo aguante”. Sus palabras no podían haber sido más proféticas.

Un tercer testimonio corrobora la escena entre Tejero y Suárez en la sala de ujieres. En el año 2012, Alfonso Guerra relató en un acto homenaje al expresidente que un ujier que estuvo presente durante la discusión le facilitó una transcripción literal del diálogo que mantuvieron:

—¡Explique qué locura es esta!, le espetó Suárez a Tejero al verlo entrar por la puerta.

—¡Por España, todo por España!, respondió el teniente coronel.

—Como presidente, le ordeno que deponga su actitud.

—Usted ya no es el presidente de nadie.

—Le ordeno.

—Yo solo recibo órdenes de mi general.

—¿Qué general?

—No tengo nada más que hablar.

—Le insisto, soy el presidente.

—No me provoque.

—¡Pare esto antes de que ocurra una tragedia, se lo ordeno!

—Usted se calla. Todo por España.

—Le ordeno.

—Cállese, siéntese y usted —dirigiéndose al ujier presente durante la conversación— fuera.

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