martes, junio 28, 2022

Israel y su geopolítica en el mundo árabe

Tras años de conflictividad regional la situación en el Oriente Medio ha cambiado, aparte del conflicto con los palestinos de la Franja de Gaza gobernada por Hamás y los palestinos de Cisjordania, bajo la autoridad de la ANP y de Al Fatah. Sin embargo a Israel no le preocupa el panorama del conflicto, que entiende controlado y sobre el que tiene toda la iniciativa y la capacidad de estado.

En los últimos diez años el panorama de Oriente Medio ha cambiado. La que se creía que era una “guerra fría árabe” superada ha vuelto a resurgir, de nuevo repúblicas socialistas árabes contra estados monárquicos absolutistas (Marruecos-Argelia, Yemen-Arabia Saudí, la coalición de estados del golfo contra Siria). Sin embargo en este contexto hay dos actores que han realizado una propuesta sobre la mesa.

Irán y su expansión hacia el oeste y la búsqueda del mar ha sido capaz de establecer dos puntales geopolíticos: el religioso-revolucionario estableciendo y profundizando sus relaciones con el gobierno iraquí (gobernado por chiitas), Yemen (cuya facción más importante es una rama minoritaria del chiísmo que, además, tiene un fuerte componente revolucionario), Siria (revolucionario, socialista y, al mismo tiempo, con una élite de origen alawita, es decir chiita), sin contar con Hezbollah, un partido-milicia libanés estrechamente vinculado a Irán y que actúa como un estado dentro del estado pero que, además, ha sabido transformarse de una milicia islamista a una nacionalista patriota y se ha ganado el apoyo de varios miembros de otras minorías.

Eso sin contar con el hecho de que Irán ha estado trabajando en el Kurdistán iraquí, un estado de facto, para captar, en base a una política racial e identitaria, a las facciones kurdas dentro del eje geopolítico iraní del “iranismo” racial y cultural (no todo es la religión).

Este avance, hostil a Israel y a las monarquías árabes de Oriente Medio pero que también ha ido penetrando en las regiones del Sahel (especialmente en Nigeria donde la presencia iraní no deja de crecer en paralelo a la presencia de Hezbollah a través de las comunidades de comerciantes y empresarios libaneses asentados en la costa de África Noroccidental, especialmente Senegal o Mauritania.

Sin embargo, esta amenaza en Oriente Medio es clara y las guerras de Siria o Yemen lo demuestran: una guerra proxi entre Israel-Arabia Saudí y otros países contra Irán que, con su estrategia de milicias se ha consolidado en Líbano y en Irak, hace lo propio en Yemen y está intentándolo en Siria sin mucho éxito pero no por los ataques israelíes sino porque la plana mayor del Baaz sirio, que ayudó a Irán en la guerra Irán-Irak, y que ha recibido una gran ayuda por parte de Teherán, sostiene su estructura de estado por lo que no aceptó la propuesta iraní de establecer milicias o audefensas con su propia estructura de poder y su líder político-militar leal a Damasco. 

Esta estrategia sería un grave peligro para el Baaz por lo que estos, temerosos de que se promocione un creciente islamismo en el país que les restase poder desde dentro, decidieron aceptar la propuesta rusa de remodelar el ejército sirio, reforzar sus estructuras y que se mantuvieran dependientes de Assad. Los iraníes siguen reteniendo mucha influencia y siguen siendo aliados extremos pero desde el estado persa se entendió que la estrategia de milicias sólo funciona en estados totalmente destruidos política y administrativamente.

Sin embargo la consolidación de Irán en una región que llega desde los Zagros hasta el Mediterráneo es un grave peligro para el fragmentado bloque árabe e Israel.

Sin contar con Turquía, un estado que representaba el laicismo más radical dentro del mundo islámico y que ha ido tornando hacia actitudes conservadoras y religiosas pero con la salvedad de que propone un modelo imperial que no choca con el presente. El modelo de Erdogan, el modelo otomano, siendo antisionista como el iraní, sí es capaz de unir la modernidad e integrar ciertas ideologías modernas con un modelo religioso contundente pero estable.

Esa propuesta unida a las reclamaciones del liderazgo sobre el mundo sunita por parte de Erdogan debido a la herencia recibida por parte del Imperio Otomano (escuela hanafí, sufíes y el Califato) les enfrentó directamente a los poderes árabes de la zona, especialmente a Arabia Saudí (una monarquía absolutista y feudal pero en cuyo territorio se encuentran las ciudades sagradas de Meca y Medina) y con Egipto, cabeza del mundo sunita y árabe por los trabajos de la Universidad de Al Azhar, Egipto además enfrentado a Turquía por el derrocamiento de Mursi (un islamista) por parte de Al Sisi, un militar “socialista”.

Sin contar con el papel a favor de Qatar que tomó Turquía, enfrentada a Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. 

Israel, junto con el resto del mundo árabe, en este contexto de penetración turco-iraní, que buscan repartirse el mundo de Oriente Medio en sus esferas de influencia dominando el mundo árabe puede replicar, en un futuro, las guerras otomano-safávidas ya que de hecho hay algunas tensiones regionales entre Ankara y Teherán.

El miedo de los países árabes de ser engullidos por Irán o Turquía y la incapacidad de estos estados de responder a estos desafíos debido a su fragmentación hizo que los países de la península arábiga, a través de los Pactos de Abraham, consolidaran un bloque de mutua necesidad y solidario más allá de un mero reconocimiento de legitimidad mutua y es que Israel, enfrentado a Irán y con graves tensiones y roces con Turquía se presenta para los árabes (débiles y divididos) como una oportunidad de llegar, primero al mediterráneo esquivando la zona de influencia chiita y Turquía y, además, poder compartir una lucha en el que a todos les va la vida. 

Artículos relacionados