domingo, junio 13, 2021

Indefensión

Hágase a la idea. Los condenados por el ‘procés’ van a ser indultados. Aún no se habrá puesto usted el traje de baño para pisar la playa. Es cuestión de semanas. Hasta qué punto ha normalizado este Gobierno reventar una sentencia tan demoledora, puede que la más importante de la historia de la democracia. Y todo por garantizar la legislatura. Esa es la altura de miras. Será un indulto parcial, pero tampoco casaría con lo que se vende de una supuesta búsqueda de la paz en Cataluña. Los presos independentistas no quieren esa medida de gracia y, encima, dicen que lo volverían a hacer.

Aun así, no alcanzo a entender del todo el derrape tan brusco de Pedro Sánchez en este asunto. Cualquier persona, y un político no puede ser menos, tiene derecho a cambiar de opinión. Solo faltaba. A estos niveles, me cuesta verlo. De cómo el Sánchez candidato se mostraba contrario a los indultos. De cómo el Sánchez presidente dijo que respetaban la sentencia y su íntegro cumplimiento de la condena. Sus ministros deambulan, desorientados, tratando de asimilar el mensaje de su líder. No saben ni cómo trasladarlo. La crisis de confianza no solo se dará en la calle, también en las entrañas del Consejo de Ministros.

Ahora, hay que aceptar que la única vía de la “concordia” es a través del indulto. El relato del Gobierno desprecia una idea contraria o llama insolidario al que diga que no le parece bien. Pero no nos explica por qué lo van a hacer, tan solo se esconden en frases vacuas y carentes de valor. Ni siquiera quieren convencernos de su medida, la van a ejecutar así y punto.

La presión de sus socios es elevada. Un político me dijo el otro día en el Congreso que Esquerra Republicana era insaciable. Cada exigencia de los independentistas es superior a la anterior. A este paso, obligarán a Sánchez a recibir a Oriol Junqueras con honores de estado en los jardines de La Moncloa para solucionar el conflicto catalán. Y lo aceptaría. El Gobierno está maniatado a merced del independentismo, su compañero de viaje durante la legislatura. ¿Dónde quedó la sensatez?

La política es supervivencia, pero cada decisión implica un precio. El coste asumido para determinados asuntos es demoledor. El de Sánchez con los indultos será muy elevado. Recuerdo cuando fue recibido con sorna general su libro ‘Manual de resistencia’. Se acordarán de aquello de cambiar el colchón y pintar la habitación principal de Moncloa. Pero en ese título reside la esencia del sanchismo llevada al extremo. Porque ese ha sido su sino, el de la permanencia continua en el poder al precio que hiciera falta. Cantaba Bunbury con Héores del Silencio en ‘Flor Venenosa’ aquello de “… y vender a una madre por otra copa”. En sentido figurado, por un año más en el trono lo que sea necesario.

Puede que el presidente del Gobierno no se haya dado cuenta, en su ensimismamiento de poltrona, de que ha dejado a la ciudadanía en un estado de indefensión y desamparo. Hasta de abandono. Y eso es lo peor que puede hacer un gobernante con su pueblo.

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