martes, diciembre 6, 2022
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Imperio chino (parte 6): Iberoamérica, una oportunidad

Como hemos ido viendo, la estructura de dominio de China se ha ido expandiendo por África, el dominio del mar y de las rutas terrestres, cubriendo ingentes cantidades de terreno y copando mercados de tal forma que sus redes se hace fuertes en toda la región. Sin embargo, la penetración de China en América Latina supone un nuevo reto. En primer lugar, porque implica un desarrollo en las rutas de comercio en el océano Pacífico, rutas de vital importancia para Estados Unidos en su comercio con Japón, Taiwán o Corea del Sur. Sobre todo, entendiendo que Estados Unidos, en su geoestrategia, entiende como una amenaza cualquier poder estable y unificado en las costas opuestas a las suyas.

La rapidez de movimientos de China ha ido en paralelo con el sostenimiento de su doctrina externa. No importa la política, sino los objetivos, y estos son dos y sencillos: inversiones en América Latina y, en paralelo, acuerdos comerciales para exportar productos de China y sus empresas e importar alimentos y, especialmente, recursos naturales.

Uno de los grandes proyectos en los que China iba a participar para desbancar a los Estados Unidos y su influencia en la zona era el fallido proyecto del Canal de Nicaragua, que iba a sustituir al Canal de Panamá. A pesar de que esto no se ha podido establecer, el fracaso de semejante proyecto no frenó a China. Curiosamente, Estados Unidos ve en esto un grave problema, ya que según la doctrina estadounidense Monroe, «América para los americanos» (que en realidad significa que América debe estar bajo control de Estados Unidos), vivió su época dorada con la penetración de la URSS. Mientras la URSS y los estados de la esfera soviética apoyaban a grupos armados socialistas, los chinos se centran en establecer su influencia y poder en base a las instituciones del Estado y las necesidades mutuas, dejando de lado la exportación ideológica: pactan con estados de derechas y de izquierdas por igual, aunque tienen predilección por los estados de izquierda.

China negocia igual con la Venezuela socialista que con la Colombia capitalista, ya que su objetivo es la obtención de sus recursos. En esto ha entablado una gran competencia con Estados Unidos, ya que el desplazamiento no es político sino comercial y, obviamente, un país sujeto a grandes contratos y compromisos financieros con China, cuya relación en la cosmovisión de Pekín debe ir estrechándose, va dejando fuera de juego a USA. Sobre todo, porque Estados Unidos es una potencia mucho más exigente en sus compromisos: economía pero reformas, libertades, etc.

China no tiene esa visión, no exige cambios constitucionales ni programas de educación, Derechos Humanos, etc. La visión es totalmente mercantilista y geopolítica. Por ejemplo, en Argentina, China ha colocado una Estación de Espacio Lejano en Neuquén, para la cual se ha destinado una gran cantidad de dinero.

Las inversiones de China en el conjunto de América Latina ascienden de 17.000 millones en 2002 a 306.000 millones en 2018. Esto se debe a la laxitud de China a la hora de convertirse en acreedor de estos países. Como dijimos antes, China no entra en cuestiones internas a la hora de establecer acuerdos comerciales, pero, al mismo tiempo, otorga grandes cantidades de dinero en condiciones ventajosas, generando dependencia económica y que estos países se endeuden con Pekín, como ya lo estuvieron (o lo siguen estando) con otros países como Estados Unidos o con organizaciones como el FMI.

En América Latina, la estrategia de China pasa por basar sus relaciones diplomáticas en la estabilidad de las relaciones económicas: de entrada consiguieron ser reconocidos por casi todos los países del continente a excepción de Paraguay, Guatemala, Honduras o Belice (entre otros). Estos países antes mencionados poseen una relación muy estrecha con Estados Unidos: Paraguay, por ejemplo, tiene una base norteamericana en su territorio.

China, sin embargo, sigue progresando en ese campo, y las relaciones son positivas para las arcas de Pekín, ya que los préstamos han logrado desplazar al FMI, BC y USA, haciendo que los países estén en proceso de sobreendeudamiento. Hay casos de terremotos geopolíticos como en Ecuador, cuando Rafael Correa salió del poder y su sucesor Lenin Moreno giró de China a Estados Unidos de nuevo.

América Latina, sin embargo, no es prioritaria para su economía. Es únicamente un lugar donde proyectar negocios como en el caso de la construcción a la hora de reformar y realizar labores de mantenimiento de infraestructuras en Brasil o Colombia, realizar campañas de construcción en Venezuela o Bolivia. En cambio, tanto en el Brasil de Lula como en la Argentina de Fernández la mayor demanda de China (aparte de los recursos naturales) son los alimentos: soja, carne y alimentos básicos, así como los acuerdos de pesca. El asunto de la pesca ha sido uno de los que más daño ha hecho a la imagen de China, haciendo que incluso Chile y Ecuador se hayan puesto en alerta por la cercanía de la flota pesquera china cerca de Galápagos.

Sin embargo, la delegación de China en la South Pacific Regional Fisheries Management Organisation (SPRFMO) ha declarado que la presencia de la flota china en alta mar es legal y cumple con las normas del derecho del mar, que la llegada a aguas territoriales sólo se hará en virtud de acuerdos de pesca, si los hubiere, y que desde el año que se fundó la SPRFMO China no ha sido sancionada, acusando a la administración de Estados Unidos de acusaciones falsas y calumnias. Y es que la situación es grave: Estados Unidos está perdiendo su influencia desde el año 2000 y la tendencia se acelera.

En definitiva, un escenario que para China no es vital (está volcada en África) y cuyos aliados regionales naturales como Venezuela o Cuba no son especialmente potentes, pero que, sin embargo, para Washington el avance chino en América Latina supone romper el derecho que se ha arrogado de controlar ese territorio, marcando el hemisferio occidental como espacio vital estadounidense que no permite la entrada de otra potencia. Eso generó una cruenta guerra con la URSS en la zona pero, con China, la situación va por derroteros económicos, y tanto Pekín como Washington poseen una abultada billetera y ganas de mantenerse en el terreno.

Tanto Estados Unidos como China no tienen ningún interés por cambiar nada ni coartar a sus socios/deudores en un continente cansado de bancarrotas y de la voracidad de las organizaciones financieras internacionales y las élites corruptas de todo signo (desde los nacionalistas hasta los comunistas o capitalistas). China entiende que la realidad de su poder sobre América Latina es la relación voraz de Pekín a la hora de saciar sus necesidades alimenticias, naturales y económicas. Entiende que el Pacífico es una ruta que necesita desarrollar mucho más para afianzarse en el territorio americano, pero los problemas marítimos con Taiwán, las islas Spratly, la red de atolones artificiales de China en el océano Pacífico o la problemática marítima con Japón, Corea del Sur y Taiwán por las islas Senkaku/Diaoyu hacen que la zona inmediatamente después de las aguas territoriales en el Pacífico sean un problema que deba ser resuelto.

La intensa campaña norteamericana en Taiwán busca esto precisamente: evitar que China pueda volcarse en el Pacífico como lo hace en el Índico, ya que las relaciones podrían volverse mucho más profundas entre chinos e hispanoamericanos.

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