jueves, septiembre 29, 2022
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Felipe II, el Primero de Inglaterra

Divulgando que es Historia

El rey Felipe II de las Españas y de las Indias, también tendría los títulos de rey de Portugal, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, duque de Milán, soberano de los Países Bajos y duque de Borgoña. Pero no es muy conocido el que, además, fuera rey de Inglaterra y de Irlanda. Cierto que bajo la fórmula de Iure uxoris. Pero fue rey. Con el ordinal y nombre de Felipe I de Inglaterrra. ¡Cosas de la Historia! ¿En qué consiste tal fórmula, y cómo fue el reinado inglés de uno de los reyes más conocidos de los españoles, uno de los más vilipendiados por la Leyenda Negra, y el gran rival de la Inglaterra de la famosa Isabel I Tudor?

Pese a lo que pudiéramos creer por el tópico de la ancestral rivalidad anglo hispana, el caso es que Castilla e Inglaterra varias veces tenderían puentes a lo largo de la Historia, mediante la llamada política matrimonial. Esto es, establecer alianzas haciendo que las respectivas casas reales emparentaran. En este caso, el emperador Carlos V, nuestro rey con el ordinal de primero, seguiría esta tradición queriendo afianzar en el trono a quien había devuelto al Catolicismo, a la apenas recién herética Inglaterra. El rey Enrique VIII de Inglaterra, recordemos que se casó con una de las hijas de los Reyes Católicos nada menos: Catalina de Aragón. Que previamente había estado casada con su hermano Arturo, heredero al trono, que fallecería prematuramente. Sin meternos en muchas honduras con lo que se llamaría «la cuestión real», el capricho de querer divorciarse de Catalina y casar con Ana Bolena, llevaría a un cisma con Roma, y a abrir otro frente religioso en Europa.

El ascenso al trono inglés de María Tudor, primogénita de Enrique, supondría el restablecimiento de la relaciones con Roma, aunque las ejecuciones que llevaría a cabo para la eliminación de la oposición protestante, menos de tres centenares, le darían el apodo de Bloody Mary, o María la sangrienta, o sanguinaria. Curioso que no tuviera algo parecido su hermanastra Isabel Tudor, cuando llegara al trono y recuperara el anglicanismo, siendo responsable de crueles persecuciones de católicos y de asesinatos que ascenderían a más de mil muertos en su haber. Pero esta es otra historia… El caso es que María había estado prometida, curiosamente, con el emperador Carlos, cuando ella contaba apenas seis años, y él veintidós. La cosa, evidentemente, quedó en agua de borrajas cuando los cambios geopolíticos cambiaron. Y, tras una serie de serias vicisitudes, acabaría siendo la primera mujer soberana de Inglaterra por derecho propio.

La necesidad de afianzar alianzas estaba pareja a la de mantener una dinastía, con lo que era perentorio un matrimonio. Su primo y otrora prometido, Carlos I, le sugirió el casarse con su hijo Felipe. Once años menor que María, que ya tenía 37, y un guapo mozo como podemos ver por el retrato que Tiziano le hiciera entonces, y que le harían llegar a la reina para que viera qué buen partido se llevaba. El interés del monarca español era claro. Contrarrestaba el poder de los Países Bajos para controlar la navegación por el Canal de la Mancha, y eliminaba definitivamente otro frente protestante de la política. Además de ser un contrapeso de la alianza matrimonial entre Francia y Escocia.

El anuncio del enlace entre María y Felipe no fue bien visto por los políticos ingleses, produciéndose algún tipo de rebelión que no llegaría a nada. La Cámara de los Comunes temía que Inglaterra quedara como una posesión más de los Habsburgo, quedando sin relevancia. La decisión de la reina acabó imponiéndose, no sin dificultades. Ahora quedaba el hecho de negociar las capitulaciones matrimoniales, ya que nunca se había tenido un precedente similar. Ya que, según el citado Iure uxoris, el título que adquiere el marido al casar con un una mujer con la dignidad real de este caso, convertiría a Felipe en rey de Inglaterra. Tanto de iuris como de facto. O sea. ¡Rey rey!

Se estudiaron las capitulaciones de los Reyes Católicos, abuelos de Felipe, pero no entraban dentro de lo que era el derecho consuetudinario inglés, ya que tanto Isabel como Fernando guardaban para sí los derechos de sus territorios como soberanos (que ya vimos a la muerte de Isabel, los problemas que tuvo en Castilla Fernando). El Parlamento inglés acabaría firmando la Ley de Matrimonio de la Reina María, por la que se estableció que Felipe sería considerado y tratado como «rey de Inglaterra» (sic). De tal manera, que todas las leyes y documentos que tuvieran que firmarse, tendrían que hacerse con la firma de ambos soberanos, al menos hasta que María siguiera viva. 

Aunque el tratado no obligaba a Inglaterra a apoyar al suegro de María en sus contiendas, la boda fue una realidad, y Felipe tuvo que ser nombrado por el Emperador rey de Nápoles para poder llegar en igualdad de categoría nobiliaria al enlace. Enlace que supondría, por tanto, la entronización de Felipe de Austria, como Felipe I de Inglaterra. ¿Cómo fue el reinado de Felipe en esas tierras brumosas que tantos quebraderos de cabeza le darían a la postre? Mejor lo veremos en una segunda entrega de Felipe II, el Primero de Inglaterra. ¡Qué secuela!

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