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¿Ética en política?

Multitud de acontecimientos nos empujan a creer que la política sea una de las actividades humanas más incompatibles con la ética. En términos estadísticos, la realidad cotidiana empuja a considerar que entre ética y política existiera una correlación negativa muy próxima a la máxima posible que, según la Teoría Estadística, es -1. 

¡Qué casualidad!, porque ayer era eso: -1, la diferencia entre el número de diputados favorables a convalidar la contra reforma laboral y el número de los contrario a hacerlo. Otra cuestión es que la prestidigitadora presidenta del Congreso convirtiera el -1 en +1. El Tribunal Constitucional decidirá si el juego de manos fue o no de villanos, pero en cualquier caso la conducta de Meritxell Batet ha quedado para la Historia de la (no) Ética.

Desgraciadamente, el de ayer no es un hecho aislado. Poco antes sucedió la auténtica fake news creada para hacer creer a la sociedad española que la presidente de la Comisión Europea había felicitado por escrito al presidente del Gobierno por su distribución de los fondos llegados de Europa, hecho que desnudaría las críticas de la oposición al respecto. A las pocas horas, la propia Úrsula von der Leyen desmintió la fake news lanzada desde el Gobierno: en absoluta felicitó a Pedro Sánchez por el reparto de los fondos europeos, aclarando que su felicitación iba referida exclusivamente a la gestión realizada ante Bruselas para que se libraran las primeras remesas de fondos y que, en ningún caso, podía extenderse a su reparto posterior. 

También es fácil identificar la descarada falta de ética presente en la cruzada contra el Instituto Nacional de Estadística, cuyo único pecado consiste en que al Gobierno le disgusta la realidad económica que dicha institución refleja de modo científico. La mecánica conductual de nuestros gobernantes es muy sencilla -iba a decir simple-: ¿Que el IPC está desbocado? ¿Qué el aumento del PIB va al ralentí? Pues es más fácil atacar a quien los mide que cambiar la disparatada política económica actual por una más sensata.  Consecuencia: Un acoso al INE similar al emprendido por el Gobierno no se veía en España desde la etapa del tardo franquismo.

Y luego están las permanentes hipérboles propagandísticas que nos lanzan a diestro y siniestro, convirtiendo en histórico todo lo que toca el Gobierno. Un breve recordatorio de las últimas: Las recientes cifras de empleo han sido históricas; histórica ha sido la convalidación de la reforma laboral; la aprobación de la Ley de Vivienda será histórica; histórico es el auténtico liderazgo internacional ejercido por Pedro Sánchez en el conflicto Rusia-Ucrania. En esto parecen seguir la estela de Leyre Pejín, para la que también fue histórica la coincidencia de Zapatero y Obama como milagro salvador del planeta.

Desde luego, al Gobierno le está sucediendo como a “la más grande”. Si a Rocío Jurado se le murió el amor de tanto usarlo, a Pedro Sánchez y sus ministros se les muere el término “histórico” de tanto mal utilizarlo.

Como aún quedan casi dos años de legislatura, al actual Gobierno le queda mucho tiempo para seguir haciendo historia. Pero, en la línea mostrada ayer por Meritxell, la que escriben casi a diario es la historia de la (no) ética.

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