sábado, mayo 18, 2024
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Estamos tocando fondo

No se me ocurre humillación mayor para un ser humano que organizar un espectáculo con su dolor para lucrarse de su exhibición.

No se me ocurre vileza mayor que convertir en icono de las mujeres a una persona que exhibe su dolor a cambio de suculentos ingresos económicos.

No se me ocurre irresponsabilidad mayor que ser ministra y participar en un programa de prensa rosa en el que se está comerciando con el dolor de una presunta víctima mientras se sortean 12.000 euros entre los seguidores del espectáculo.

No se me ocurre aberración mayor que sustituir los tribunales de justicia por un plató de televisión.

No se me ocurre un acto de hipocresía mayor que expresar desde la Presidencia del Gobierno la “consternación” por el abuso denunciado en un espectáculo televisivo mientras se hacía caja cuando el mismo personaje se niega a investigar los abusos cometidos contra menores tuteladas bajo su responsabilidad. Y todo porque ellas, las niñas violadas bajo la “protección” de gobiernos de la izquierda, no son mediáticas.

Un país en el que el debate público gira alrededor del juguete roto en el que han convertido a una mujer para que una cadena de televisión haga caja mientras el Gobierno de la Nación destina a las empresas de los amigos del dictador Maduro millones de euros que les niega a los autónomos, a los parados, a las personas más necesitadas… es un país que está tocando fondo. 

Un país que sigue entretenido con el show televisivo mientras al Gobierno le “desaparecen” decenas de miles de vacunas y que sitúa a España a la cola de los países europeos en número de personas vacunadas es un país que está tocando fondo.

Un país en el que la ministra de Igualdad, cuyo partido ha sido financiado por Irán, se atreve a decir en sede parlamentaria que “Madrid no es un lugar seguro para las mujeres” es un país que está tocando fondo. Y lo dice ella que vive con un tipo -que es Vicepresidente del Gobierno y su jefe político- que reconoció haberle sustraído la tarjeta del  teléfono a una mujer adulta que trabajaba para él  para “protegerla”…

Un país en el que el alcalde socialista de Palma de Mallorca ha quitado las calles dedicadas a los Almirantes Churruca y Gravina , los dos héroes de Trafalgar  o la del Almirante Cervera, que luchó en la Guerra de Cuba por… ¡franquistas!,  y no pasa nada, es un país que está tocando fondo. 

Un país que lleva prácticamente un año sin que la acción del Gobierno sea tutelada de manera efectiva por el Congreso de los Diputados es un país que está tocando fondo. 

Un país en el que desde la sede de la Presidencia del Gobierno se organizan mociones de censura para desestabilizar los gobiernos regionales mientras cada día suma miles de infectados y centenares de muertos por el COVID-19 es un país que está tocando fondo.

No hay derecho. No hay derecho a que haya millones de españoles literalmente abandonados  por el Gobierno de la Nación mientras la izquierda institucional utiliza el código de comunicación del reality show para emitir sus mensajes políticos, para mercadear con los sentimientos y las emociones, para sustituir la política por el espectáculo.

No hay derecho a que haya miles ciudadanos –muchos de ellos mujeres- que esperan durante años un juicio justo y sufren en silencio las consecuencias de que en España haya una justicia infradotada de medios materiales y humanos mientras el Gobierno regala millones de euros a las cadenas televisivas que le ayudan a desviar la atención sobre lo verdaderamente importante. 

No hay derecho  a que los mayores corruptos y corruptores –terroristas y golpistas- sean encumbrados a la categoría de hombres de Estado por un Gobierno que  quiere expulsar de la escena política a partidos democráticos y a personas libres que no se someten a su jerarquía sectaria y que no aceptan la supremacía moral de esta izquierda que ha decidido romper la convivencia entre españoles para reinar sobre las ruinas de España.

Nada de lo que está ocurriendo en España es producto de la casualidad; todo obedece a un plan de Sánchez y sus acólitos para demoler la democracia, para que los mecanismos de control sean sustituidos por el espectáculo, para que la justicia sea dictada desde un plató de televisión, para que la propaganda sustituya a la información, para que el circo sustituya a la política. No hay “error”, hay estrategia.  

Podemos seguir mirando hacia otra parte, podemos pensar que no es para tanto, podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que ya pasar… pero esto se hunde. O nos revelamos ya… o pronto será demasiado tarde.

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