martes, junio 28, 2022

El Sáhara: la realidad del conflicto marroquí

Los primeros pasos por territorio saharaui

Pese a que los dominios sobre el Sáhara hayan pasado a la historia como un suceso meramente contemporáneo, lo cierto es que, ya en otras eras, se producían disputas por el Sáhara. El punto de partida se sitúa en 1291, momento en el cual África es repartida entre los reinos de Castilla y Aragón. A partir de entonces, se dominarán a los habitantes, se producirán asentamientos y amplios señoríos sobre el territorio serán repartidos entre la realeza. 

Tres siglos más tarde, y después de la Batalla del Alcazarquivir de 1580, el soberano marroquí Al-Mansur encargará una expedición por el sur a Yuder (también conocido con el mote Joder Pacha), almeriense raptado por piratas y criado como musulmán que atravesará el Sáhara, conquistando Tombuctúy provocando, a su vez, una imborrable presencia de unos andalusíes en la curva del Níger que serán abandonados a su suerte por el sultán de Marruecos. 

Ya en 1767 y 1799, España y Marruecos firmarán importantes tratados que aprobarán la vacuidad de algunas razones históricas: España exigía a Marruecos el rescate de los numerosos náufragos de la costa y éste se desentendía al reconocer que sus dominios no abarcaban el sur del río Dra. Con todo, el interés marroquí por la zona volverá en 1884 con el retorno de la presencia española en la misma tras la Conferencia de Berlín, la cual repartía África entre las distintas potencias europeas. Aun así, la ocupación real del territorio por parte de España se dará en 1916, año en que Francisco Bens ocupa Cabo Juby. En 1926 se crearán las primeras unidades indígenas en el Sáhara y, a partir de 1941, se empezarán a llevar a cabo expediciones científicas dirigidas por el geólogo Manuel Alía Medina de minerales y fosfatos.

La ocupación española sobre el Sáhara se debía a cuatro motivos:la vía libre otorgada por la Conferencia de Berlín, la defensa estratégica de las islas Canarias, los evidentes intereses pesqueros y el apoyo del gobierno liberal-conservador de Cánovas a las sociedades africanas y colonialistas.

El proceso de descolonización

Durante la década de los años sesenta, resoluciones de la ONU instarán al Gobierno español a iniciar los procesos de independencia sobre el Sáhara. La dictadura de Franco aceptará la descolonización en 1970, organizando un referéndum previsto para 1974/1975 que otorgue la oportunidad al pueblo saharaui de autodeterminarse. A partir de entonces, Marruecos multiplicará sus declaraciones a favor de anexionar el Sáhara Occidental a su territorio una vez concluida la descolonización, basándose en una supuesta soberanía marroquí sobre la zona. 

Este empeño por parte de Marruecos de obtener la soberanía saharaui no se puede entender sin saber que, desde 1956, y con motivo de la independencia de Marruecos y la creación del África Occidental Española (AEO) con capital en Sidi Infi, se venía difundiendo en Marruecos un ideal nacionalista y expansionista por parte del Partido Istiqlal: el ideal del “Gran Marruecos”. Este sensacionalismo fue adoptado por el llamado Ejército de Liberación, el cual penetraría y saquearía en el Sáhara bajo el objetivo de “retornar a su Sáhara”. 

Este conflicto diplomático entre ambos estados se acabará trasladando al Tribunal de la Haya, el cual en 1975 dictaría un veredicto que, pese a reconocer una serie de vínculos históricos entre tribus nómadas saharauis y mandatarios marroquíes, negaría a Marruecos cualquier tipo de extensión soberana sobre el territorio del Sáhara. Haciendo una lectura del veredicto, Hasán II, rey y líder religioso de Marruecos, tratará de vengarse organizando la Marcha Verde, una invasión pacífica que agrupará en torno a 350.000 hombres en Tarfaya el 3 de noviembre de 1975 para tratar de traspasar la frontera hacia el sur hasta tomar el Sáhara, desalojando a los españoles. El gobierno español aceptará la entrada en unos diez kilómetros, por lo que la Marcha volverá habiendo conseguido su objetivo. De todos modos, un día antes de la misma, Madrid ya había aceptado la cesión del territorio y organizado la que fue la Golondrina, operación militar que consistía en abandonar el territorio incluso antes de dictarse el veredicto de La Haya. La Marcha verde, entonces, no forzó la retirada, sino que aprovechó y rentabilizó de manera popular su conocimiento previo. 

El hecho de que la Marcha Verde se llevase a cabo en un momento político delicado en España (agonía de Franco) unido a intereses económicos (minas de fosfatos y pesca) y estratégicos (defensa de las islas Canarias), provocará un completo cambio de orientación en la oficialidad española: el 14 de noviembre de 1975, se firmarán los Acuerdos de Madrid, por medio de los cuales se repartía la administración (que no es lo mismo que soberanía) del territorio entre los Estados de España, Marruecos y Mauritania. Con todo, lo que a simple vista parece una disputa que desemboca en un “final feliz” para Marruecos, cambia de forma si analizamos los intereses geopolíticos de España. Hemos de recordar que el mundo estaba sumido para entonces en un contexto internacional dominado por la Guerra Fría, por lo que las autoridades españolas eran conscientes de que una independencia del Sáhara Occidental liderada por el Frente Polisario (partido independentista saharaui) supondría una evidente zona de influencia soviética inadmisible, por supuesto, para el bloque occidental. La Marcha Verde, por tanto, sirvió de excusa a España para plegarse ante las exigencias marroquíes y evitar, de esta manera, la amenaza soviética. A partir de entonces, tanto EEUU como la Unión Europea optarán por apoyar a Marruecos como “agente prooccidental”, pasando por alto las constantes violaciones de derechos humanos cometidas en su territorio.

El rearme y la paz negociada 

Tras ver cómo la promesa del referéndum se quedaba en el olvido, el Frente Polisario rechazará el acuerdo tripartito e iniciará su acción en solitario, comenzando por la evacuación de Argelia. Las acciones bélicas se llevarán a cabo, en primer lugar, contra el sur de Mauritania, la cual se retiraría del Sáhara en 1979, cediéndole Tiris al-Gharbiyya al Frente. Dos años más tarde, Rabat acabará admitiendo la celebración del referéndum como un mero trámite hacia la “marroquinidad” del territorio. Sin embargo, la posición de España será un tanto distinta. A lo largo de la Transición, los partidos progresistas reconocerán el Frente Polisario como representante legítimo de la causa saharaui y recordarán a Marruecos que su influencia sobre el Sáhara correspondía únicamente a una parte de la administración y no a la soberanía, la cual tendría que ser decidida por el pueblo del territorio por medio de un proceso de autodeterminación. Una vez llegado el PSOE al poder en 1982, la venta de armas a Marruecos se reanudará, enemistándose así con el Frente Polisario y afianzando las posiciones marroquíes, tanto en la política interior como exterior. Con la llegada del Partido Popular, se defenderá la nula responsabilidad española en el conflicto, con un vago deseo de poner solución a la situación. Al margen de la oficialidad española, una gran parte de la sociedad española defenderá al Frente Polisario en su proyecto de independencia, organizando campañas y campamentos que ayuden a difundir el problema de una libertad pendiente. 

Finalmente, la ONU lanzaría el Plan de Paz: un plan que preveía la celebración de un referéndum para 1992 en el que el pueblo saharaui pudiese decidir libremente entre la independencia o la anexión a Marruecos. Será en este momento cuando Marruecos trate de obstruir y dificultar el proceso, con el explícito motivo de permanecer en el Sáhara Occidental, con o sin referéndum. Por ello, y en manos de Hasán II, Marruecos tratará de modificar el censo para integrar en él a 200.000 colonos marroquíes que supuestamente habitaron en el Sáhara, pero que tuvieron que huir del territorio en la época de dominio español. De esta manera, Marruecos se garantizaría la victoria frente a los defensores de la independencia. Los intentos de fraude por parte de Marruecos serán documentados y denunciados en la ONU por parte de los observadores internacionales. Pese a esto, lograrán su objetivo: paralizar los procesos de paz y consolidar su posición sobre el territorio. 

Esta situación de incertidumbre e inestabilidad provocará que el Centro de Investigación para la Paz (CIP) de Madrid y el Seminario de Investigación para la Paz (SIP) de Zaragoza documenten tres posibles hipótesis acerca de la evolución del conflicto: 1) el referéndum no se celebra y el Frente Polisario acepta la anexión a Marruecos; 2) se celebra el referéndum con resultados favorables a dicha anexión; o 3) continúa el Plan de Paz de la ONU, es decir, un referéndum acordado por ambas partes, en donde se elige entre la independencia o la anexión. Pasados tres años de estas hipótesis, el conflicto, pese al mantenimiento del alto el fuego, no evolucionará hacia ninguna de las posibilidades planteadas. En el plano diplomático, solo el cambio de Secretario General de la ONU y la mayor implicación de EEUU en el asunto dejarán abierta la puerta a un posible final negociado. 

La ausencia de diálogo entre ambas partes y la difusión del ideal del Gran Marruecos impedirán, por tanto, que el pueblo saharaui alcance la libertad, viéndose así estancado en un túnel sin salida aparente. Las disputas continuarán conforme pasen las décadas, siendo el referéndum la asignatura pendiente de los procesos de descolonización en el Sáhara.

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