martes, junio 28, 2022

El hábito no hace al nazareno

Divulgando que es historia

Domingo de Resurrección. Las campanas han tocado a Gloria, como si fuera a rebato, en iglesias, ermitas y catedrales del mundo católico. Sin embargo, tal alarma es sinónimo acústico de alegría para los creyentes, que conmemoran y celebran la resurrección del Cristo. Últimas procesiones y felicitación por esta Pascua. Procesiones que, como cada año, han tenido sus ritos y su propio lenguaje. Dos perfiles suelen llamar la atención a los profanos o curiosos que las contemplan, al margen de las imágenes que se llevan en pasos o tronos. En andas o con ruedas. Me refiero a quienes las acompañan. Y, como cada año, los equívocos y los tópicos suelen aparecer.

Por un lado, es un clásico ver a las damas de mantilla. Esas señoras o mocitas que, de luto rigoroso, quedan engalanadas sobre su pelo recogido en señal de respeto por una mantilla de blonda, igualmente negra. Falda por la rodilla, guantes negros, y de sus manos, rosarios o flores. Mantilla que ha de ser siempre negra, obviamente, pues las blancas son distintivas de saraos como los toros… o para visitar al Papa, siempre que se sea reina católica. Lo que se conoce como «privilegio de blanco». En este caso, la muerte y pasión que se recuerda hace innecesario la explicación de la necesidad del porqué del color negro. Recordando la pertinencia de que la peineta que la alza sobre la cabeza sea de tamaño mediano y no para ser vista desde el tendido del 7 de las Ventas.

Estas damas serán así llamadas, que el apelativo de «manolas» que muchos periodistas se empeñan en soltar nominándolas cuando retransmiten estos eventos religiosos de nuevo nos vuelve a llevar a kermeses y a fiestas con astados, a pasodobles y chirigotas, que no son ni el momento ni la ocasión. Con lo que obviemos, siempre pero siempre, tal impropio tratamiento. 

Como impropio es tener que explicar que el otro grupo que llama la atención en las procesiones, el de los penitentes tocados de hábitos, en ocasiones con capas, y su antifaz elevado sobre un largo capirote de más de medio metro, no son exactamente vestigios inquisitoriales ni muchísimo menos tienen que ver con el conocido KKK norteamericano. Ya saben. Esa asociación racista creada tras la Guerra de Secesión en Estados Unidos, y cuya indumentaria se hizo famosa tras la película El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith. Y no sólo la indumentaria, sino que ayudó a la creación de una segunda época del Klan. Se dice que la imagen usada pudiera estar inspirada por un viaje de la directora de vestuario de la película, Clare West, a España donde se vieran los hábitos de los procesionantes de las seculares procesiones de Semana Santa. Sea como fuere, es absurda la imposible analogía.

Cuando tras las primeras celebraciones de Semana Santa, que se quedaban en templos y en el ámbito de lo privado, se comienzan a hacer las mencionadas procesiones, muchos de los que acompañaban recordando esos días de pasión la recordaban haciendo ellos mismos penitencia. Bien yendo descalzos, cargando cruces, o de algún modo que en cierta medida quedara emulado ese camino al martirio en sus diferentes estaciones, que en cualquier iglesia se pueden ver en sus paredes. Lo que se llama Via Crucis, y que tiene un total de XV, desde que es condenado Jesús, a resurrección. El nombre popular de nazareno viene obviamente por cómo fue el mismo Jesucristo llamado, pero no necesariamente en las procesiones todos son nazarenos, pues de manera estricta sólo deberían de ser así llamados los que igualmente fueran vestidos con color morado.

Se dice también que los capirotes eran algo cuyo origen está en la Inquisición. Y sí… pero no. Pues las primeras hermandades y cofradías no usaban ese cónico artificio. Podían ir incluso con la cabeza descubierta, o con otro tipo de antifaces. Y los primeros capirotes, curiosamente, eran romos. Cuando se comienzan a usar de manera parecida actual será a partir del siglo XVI en Sevilla, y hay autores que quieren emparejarlo con los que llevaban los condenados por herejes por la Inquisición, junto con el sayo del Sambenito. Si bien tiene lógica el que el penitente quiera en cierto modo humillarse para realizar este acto de contrición y penitencia, no tiene sentido el que lo haga mostrándose como alguien herético y contrario a la Vera Fe que profesa. Con lo que, de nuevo, más parece que las coincidencias visuales nos hayan vuelto a confundir a los hermanos que durante estos días han procesionado junto con tan magníficas tallas, con quienes fueron sentenciados por la mencionada Inquisición, cuando lo que han querido hacer, y hecho, es discreta profesión de sus creencias.

En cualquier caso, para todos quienes han vivido esta Semana Santa de manera fervorosa y para los que no, no queda sino desearles una ¡feliz Pascua de Resurrección!

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