martes, febrero 27, 2024
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Cuestiones de economía de guerra

A estas alturas de siglo ya sabemos que hemos desperdiciado totalmente las oportunidades que nuestros antecesores vitales crearon “dejando girones de su piel” en cada esquina del viejo continente; y es viejo, no por que tenga más o menos edad, si no por que lo hemos maltratado durante tanto tiempo que ahora necesita urgentes acciones de todo tipo, aunque ya se aproxima al colapso sistémico.

Durante mucho tiempo, tanto como memoria quedaba del siglo anterior, teníamos avisos de las consecuencias de nuestras acciones que siempre repicaban con un “más madera”, sin ser conscientes de que la madera era nuestro futuro, la vida de nuestros hijos y el porvenir estratégico de eso que hemos denominado repletos de hipocresía: “Democracia, el menos malo de los sistemas posibles”. Como si la Democracia y sus procesos no fueran en sí mismos, al menos en el papel, el sistema que era garante de libertades nacidas tras bastantes batacazos, al menos dos o tres por siglo durante los últimos diez.

La Europa antes orgullosa, decidió que lo que “ella escogía” para regirse, por si mismo tenia que ser aceptado como si fuera “palabra revelada” ante la que todo el Orbe caería extasiado y rendido. No hemos visto que los sesgos y la soberbia de empoderamiento que desde nuestro “trono” nos hacia mirar por encima de todo el mundo, es precisamente lo que está casi condenando todos los esfuerzos de los “capitanes de cada buque/estado” al desastre funcional.

Volvemos a la casilla de salida, como si de un sueño se tratase estas últimas siete décadas. Perdimos el norte cuando decidimos que nuestra sola presencia valía para que como Pablo cayendo de su caballo, la verdad fuese revelada y seguida ciegamente. Hemos olvidado que tanto el respeto como el amor no se imponen, se ganan con el ejemplo, normalmente vicario, que se da a esos “supuestos salvajes a convertir”. Es cierto que las cotas de bienestar alcanzadas fueron de tal magnitud que se dieron paradojas (ignoro si son realmente así o exageraciones informativas), como que en algunos países bastaba una sola semana de trabajo para percibir la totalidad de los beneficios sine die del sistema.

No es cuestión de si eso es verdad o no, la cuestión es que actuábamos como si el “maná” institucional en todos los ámbitos fuera inagotable, fuera eterno como los Presocráticos creían que la Naturaleza era; y tan lejos estábamos de la realidad que enseñamos a nuestros venideros sustitutos que todo les era dado por “obra y gracia” y que su mantenimiento no dependía de ellos y de pautas “racionales”, si no de meras voluntades intangibles…

Cuando la economía prima sobre la política, el mercado regula los actos, intenciones e intereses de gobiernos. Y encontramos una verdadera paradoja pues sabemos que tiranías, autocracias, timarquias y timocracias proceden de la voluntad de que la política gobierne los actos de la sociedad civil, la producción y el sistema de “incentivos” sociales; como sabemos que lo contrario nos está llevando a posiciones de todo punto insostenibles por mor, no en este caso de egoísmos, si no del egoísmo colectivista que implica la “ley del embudo”, aplicada a pueblos o instituciones, pues al fin y al cabo por ahora todo lo deciden personas y sus sesgos de todo tipo: económicos, culturales, religiosos, morales… Aunque es posible que pronto la Inteligencia Artificial nos de la solución final a estos embrollos morales, atajando por el camino del medio, al modo de un cierto Skynet o “bichos computacionales” de cualquier orden. Algunos cifran su esperanza en esa solución dado que han superado la dosis asumible de aspirina.

Por cierto, Skynet no es sólo algo de ficción, ya hay empresas que se llaman así y siguen los mismos protocolos de pensamiento tecnológico. Abran un buscador del inmenso mundo ciber y verán.
La quiebra del sistema es inevitable, no por que no sepamos rectificar el rumbo, si no por que los “parones en seco” son imposibles, y la inercia es la que es, necesita un tiempo que no tenemos para cambiar los efectos de las causas negligentes almacenadas durante mucho tiempo. Por lo que el parón seco aparecerá como alternativa “menos mala”, pero a costa de una parte de la población condenada al regreso al “pensamiento feudal”.

Ya aparecen Salvapatrias, críticos del sistema, intentos Neoluditas o de control tecnológico, posiciones radicales en temas que antes eran residuales y ahora son vitales. El derecho a la diferencia, loable en sí mismo y el absolutamente necesario respeto a la diversidad, grabado a fuego en el ADN social, está, como todo en la vida, cumpliendo la tercera ley de Newton, la ley física “acción/reacción”, provocando desmanes, excesos ajenos al raciocinio ya sea humanístico, científico o religioso.
Unos abogan hastiados por una nueva revolución a lo Robespierre,otros un sistema paternalista que nos evite la responsabilidad de pensar, y algunos por un nuevo modelo basado en la Noocracia pero que implicaría una segregación social y una clasificación indirecta en virtud de una meritocracia o de un sistema de “puntuación permanente revisable” para ejercer actos que impliquen a la sociedad civil o decisiones para la colectividad. Pero es difícil pedir soluciones cuando hemos rizado el rizo tanto que hasta las piedras tienen alma y el aire sentimientos.

Nos acercamos a una economía de guerra, pero no por que vayamos a una guerra, que no es nada descartable, si no por que parece que no vemos que el camino trazado genera división social, ausencia de vertebración de una sociedad civil de verdad. Lo siento, las moscas no tienen el mismo nivel que los primates, y estos hasta que ocurra la distopía protagonizada por Charlton Heston, siguen dependiendo de nuestra sensatez para que sus derechos vitales permanezcan sin seguir retrocediendo.

La economía de guerra será, me temo, un poco como en esos relatos, todos en realidad, en los que las sociedades aparecen ya funcionando de forma completa, pero nunca se nos dice cómo se llega a esa “arcadia social” para algunos y dependencia eterna para otros. Sin ánimo de simplificar, y con todo el respeto del mundo, estamos hablando de una sociedad de “castas ontológicamente formadas”… y creo que eso ya existe.

Así que quizás, aunque no guste a nadie, nos tendremos que poner las pilas en generar un sistema a lo “Frankenstein”, donde se integre (aunque no sé cómo) la capacidad de absorber en la sociedad civil democrática al mayor numero de personas, que deberían estar formadas en conciencia de clase y sistema moral vicario, y que para colmo sea aceptada por la totalidad de esa Europa eternamente decadente en la que prime la política sobre la economía, reduciendo a cero los intereses creados de lobbies y demás nepotismos, para lograr que entonces los demás deseen ser Europeos pero no para rapiñar y depredar al mundo y a las demás partes del globo terráqueo como hemos hecho durante siglos, si no desearlo por lograr el sueño “europeo” como meta vital.

Y ahora es cuando yo me despierto y me caigo de la cama. Un sueño que mientras el ser humano no decida controlar su amígdala más y desarrollar su córtex prefrontal toda vía más, quedará bonito en las tesis doctorales, que se verán destrozadas cuando los revolucionarios se aburguesen y las elites se vuelvan todas anómicas.

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