domingo, marzo 3, 2024
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Cabreados y frustrados: los jóvenes ante el problema de acceso a la vivienda

Ser joven y acceder solo a una vivienda es hoy un binomio de difícil asociación en España

No pueden alquilar y mucho menos comprar. Los jóvenes españoles afrontan con rabia, frustración e indignación las dificultades que tienen para acceder a una vivienda, un problema que se ha agravado en los últimos años en ciudades como Barcelona, Madrid o Málaga, donde solo en 2022 las rentas se han disparado más de un 31%.

Para la mayoría de los jóvenes, la posibilidad de emanciparse y vivir solos es una quimera: con sus sueldos, y ante un mercado inmobiliario con los precios por las nubes y en constante aumento, la opción que les queda es seguir en casa de sus padres, compartir piso o irse a vivir fuera de las grandes capitales.

«Expulsados» de sus ciudades

Muchos se sienten «expulsados» de sus ciudades, pese a tener buenos sueldos y trabajos estables. La falta de viviendas de protección oficial y el continuo incremento de los alquileres, que en algunos municipios han alcanzado máximos históricos, es un tema que ocupa y preocupa a los jóvenes, algunos de los cuales se preguntan cómo es posible que el colectivo aún no haya salido a la calle para protestar por una situación que califican de «indecente».

«Me asombra que la gente no se manifieste contra esta injusticia. Lo que está pasando es una barbaridad, una auténtica locura, y no solo afecta a los jóvenes, sino al 90% de la población», explica a EFE Javi Ruiz, un malagueño de 32 años, profesor de secundaria en un instituto de Benalmádena (Málaga), que regresó en 2020 a su ciudad natal tras residir varios años en países como Perú, Alemania o Canadá. Ruiz vive desde entonces con sus padres, pero busca desde hace tiempo un piso de compra. Tiene trabajo fijo y ahorros para dar una entrada, pero considera «un abuso» los precios que se están pidiendo por pisos de segunda mano en Málaga. La opción de adquirir una vivienda de obra nueva ni se la plantea por estar fuera de sus posibilidades.

«Pisos que son para tirar cuestan más de 200.000 euros. Tengo la sensación de que se están riendo de nosotros en nuestra propia cara», afirma Ruiz, que aún así descarta la opción de buscar vivienda fuera de Málaga: «No quiero irme fuera, no he vuelto de Canadá para irme a un pueblo, yo quiero estar en mi ciudad, con mi familia y mis amigos, no quiero renunciar a vivir aquí».

Málaga, donde más cree el alquiler

Málaga, según el último informe de Mercados Locales de Tinsa, es una de las capitales españolas donde los precios de compra más se acercan a los máximos de la burbuja registrados en 2008, con una media de 2.065 euros el metro cuadrado, un 8,7% más que hace un año. Palma de Mallorca, San Sebastián o Madrid forman también parte del grupo de ciudades con los precios más próximos a la etapa precrisis.

Y si los precios de compra han subido en Málaga, los del alquiler se han desbocado, con un incremento del 31,1% en el último año, el mayor de las capitales de provincia españolas, situando la renta media en 13,25 euros el metro cuadrado al mes, según datos del portal inmobiliario Fotocasa.

La demanda de vivienda se ha multiplicado en la capital de la Costa del Sol, en buena parte por la llegada de trabajadores foráneos, mientras que la oferta se ha reducido considerablemente, en parte porque muchos propietarios han optado por destinar sus pisos a uso turístico. Este desajuste ha hecho que sea realmente difícil encontrar actualmente en la ciudad una vivienda «normal» por menos de 900 euros.

«Los precios están desorbitados y apenas se ha hecho en estos años vivienda de protección oficial. La gente de mi generación tenemos un problema serio», afirma a EFE Raúl Delgado, que tiene 20 años, estudia Derecho y vive con sus padres en el distrito de Puerto de la Torre de Málaga. Aunque le gustaría independizarse, porque también trabaja, reconoce que es un sueño difícil de cumplir teniendo en cuenta los sueldos mileuristas que tienen muchos jóvenes.

«Está complicada la cosa. Málaga está experimentando un crecimiento muy importante, pero no se han adoptado medidas para hacer frente a las desigualdades que se están creando», señala Delgado, que no tiene duda de que «el problema principal que tiene Málaga es la vivienda» y, con él, la pérdida de su identidad. Todo ello le provoca «tristeza» y «mucha desesperanza», más aún cuando piensa que muchos jóvenes se tienen que ir de su tierra no porque quieren, sino porque no se pueden permitir económicamente vivir ahí.

Querer y no poder

Corrobora sus palabras Alberto Sarria, de 29 años y graduado en Publicidad y Relaciones Públicas, que trabaja desde hace casi un lustro en una empresa con contrato indefinido. Ha intentado independizarse y vivir solo, pero no lo ha conseguido: su sueldo no le alcanza para pagar un alquiler decente en Málaga.

Sarria, que lleva desde finales del verano buscando piso activamente, explica que la renta mínima de un alquiler en la ciudad ronda los 600 euros, pero que por ese precio lo que se encuentra, si es que se encuentra algo, son «infraviviendas» o pisos en unas condiciones «muy cuestionables», principalmente pequeños estudios «poco más grandes que una habitación» en los que no cabe un armario ni un sofá.

Alguna vez Sarria ha encontrado un apartamento que le ha interesado, pero las inmobiliarias le han pedido aval o hasta cuatro meses de fianza: «Quiero dar el paso, pero no me dejan», deplora. Este joven publicista cree que la situación que se da en Málaga se debe al auge del alquiler turístico, coincidiendo con el ‘boom’ que vive la ciudad, y a la llegada de trabajadores extranjeros con alto poder adquisitivo. El resultado, señala, es que los malagueños lo tienen cada vez más difícil para alquilar o comprar piso en su ciudad.

Un problema generalizado

El problema de acceso a la vivienda que sufre Málaga se da en las ciudades con los precios más altos del alquiler, como son Barcelona (19,55 euros/m2), San Sebastián (18,16), Madrid (16,69), Palma de Mallorca (14,28), Bilbao (14,25) o Valencia (12,43), según los datos de Fotocasa.

Jorge tiene 34 años y su idea era encontrar un piso pequeño en Barcelona en el que poder vivir solo. Le ha sido imposible. Buscó y buscó y por menos de 700 u 800 euros mensuales lo único que encontró fueron zulos, como uno que vio en el barrio del Raval. Lo anunciaban como un loft de dos plantas con un único espacio de salón-cocina y un altillo a modo de habitación, pero la realidad resultó ser un minipiso de unos 20 metros cuadrados sin ventilación ni luz natural, con una cocina-comedor en la que no cabía ni una mesa y un pequeño váter que hacía a su vez de ducha. «Salí con un ataque de ansiedad de allí, es sin duda el peor piso que he visto, pero eso es lo que te puedes permitir en Barcelona cuando estás buscando algo para ti solo», relata Jorge.

Visto lo visto, decidió renunciar a su objetivo de vivir solo y comenzó a buscar una vivienda más grande con la idea de compartirla, elevando su presupuesto por encima de los 900 euros. Finalmente ha encontrado, gracias a una amiga que dejaba el piso, una vivienda de tres habitaciones en una finca antigua del barrio de Gràcia por la que paga casi 1.000 euros al mes. La compartirá con un amigo y ha necesitado el aval de un familiar para poderla alquilar, porque al ser trabajador autónomo no cumple con el perfil tipo que buscan los propietarios, que prefieren inquilinos con empleo fijo y buenos sueldos.

«La verdad es que me parece hasta humillante que gente con una edad, con una trayectoria laboral y con ganas de hacer cosas no tenga manera de vivir sola. Es frustrante y algo que me cabrea mucho», lamenta Jorge.

Un caso excepcional

La persona que dejó libre el piso en el que hoy vive Jorge es Marta De la Mano, una joven de 32 años que se fue de casa de sus padres a los 23 y que ha estado compartiendo piso hasta que ahora, una década después, ha podido hacer realidad su objetivo de vivir sola en Barcelona. Sabe que su caso es «una excepción» y se considera una «privilegiada». Trabaja en el departamento de Marketing y Comunicación de una empresa suiza del sector del envasado y cobra mucho más que la media de las personas de su edad, lo que le ha permitido alquilar un piso en Gràcia por el que paga 900 euros al mes.

La vivienda, explic, tiene poco más de 40 metros cuadrados y cuenta con una habitación, una cocina «mini» y un pequeño baño. No tiene aire acondicionado ni calefacción, pero sí una amplia terraza. No es ninguna ganga, pero es lo que por el momento se puede permitir. Y tiene suerte. Muchos otros jóvenes tendrán que seguir viviendo durante años en casa de sus padres o compartiendo piso. Ser joven y acceder solo a una vivienda es hoy un binomio de difícil asociación en España.

Fuente: Gemma Bastida (EFE).

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