lunes, junio 27, 2022

Dani De Fernando

Dani de Fernando es graduado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Después de un año dedicándose a la edición de libros, fundó Ediciones Monóculo en 2021, donde ejerce como editor. Además, escribe artículos y relatos en diversos medios de comunicación.
44 Publicaciones
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Narcicismo, asombro y depresión

«Hace siglos que la idea del yo domina el mundo; ya es hora de tomar otro camino», dice Houellebecq, y acierta: puede que ese sea el mejor antídoto contra la depresión.

Nueva ley del tabaco

En 2005 se dijo que uno no tenía por qué convivir con el humo de otro; ahora se trata de que uno no conviva siquiera con su propio humo

Trucos e ilusiones

Ahora se trata de engañar al trabajador para que se sienta realizado rellenando tablillas de Excel; se trata de persuadirle de que la empresa quiere lo mejor para él aunque vuelva a su casa pasadas las once

La Decimocuarta

El fútbol es un deporte en el que juegan veintidós y en el que siempre termina ganando el mismo

Toros, tradición y democracia

En un mundo en el que el poder es cada vez más impersonal y no tiene siquiera rostro, las corridas de toros nos recuerdan que hay una forma mucho más sana de ejercerlo

La muerte de la monarquía

Que Felipe se case con una periodista o que espere su turno para vacunarse en el Zendal como haríamos cualquiera de nosotros hace más por el advenimiento de la república que las peroratas de Podemos et alli

Chesterton a la carta

A pesar de sus paradojas, sus ironías, su jovialidad, Chesterton no dio pie a que se le malinterpretara, y fue ácido, hasta violento, cuando tuvo que serlo

Dios es del Real Madrid

Comprendan que a estas alturas tenga que remitirme a lo teológico porque hasta eso del ADN o los «noventa minuti en el Bernabéu» se me quede corto

De Descartes al hombre embarazado

Sólo si creemos que la realidad es producto de nuestra mente cabe en ella un hombre embarazado

Contra el puritanismo, las procesiones

En las cofradías conviven «el infiel, el bilioso y el farsante con el recto, el devoto y el honrado»; y, en este sentido, guardan un asombroso parecido con esos doce a los que Cristo pidió que lo siguieran