THE OBJECTIVE
Dani De Fernando

Quizá

El empleo de «quizá» nos recuerda que somos seres limitados, que no lo sabemos todo, que ni siquiera podemos conocer todo lo que nos concierne a nosotros mismos. Es, en definitiva, un ejercicio de humildad.

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Quizá

De vez en cuando hay quien nos sorprende y a una pregunta de «sí» o «no» contesta «quizá». Y uno, que está acostumbrado al todo o nada, se pone nervioso. Nerviosísimo. «¿Qué coño quiere decir “quizá”?», me pregunto con frecuencia. Y a fuerza de reflexionar he terminado por pergeñar una respuesta, siquiera sólo para salir del paso.

Los hay que aseguran que «quizá» es un «no» educado, más sutil, más tímido; que quien lo utiliza lo hace sencillamente por falta de valor. Yo no estoy de acuerdo. Para eso existe ese clásico y manido «vamos hablando» que uno utiliza cuando se encuentra a un amigo al que lleva mucho tiempo sin ver y al que no tiene intención de ver de nuevo, pero al que tampoco desea ofender. En este sentido, «vamos hablando» sería mejor respuesta que «quizá» para una propuesta del tipo: «¡Tenemos que quedar a tomar algo y ponernos al día!». 

También hay quien dice que responder «quizá» es solamente una forma de hacerse el interesante; que a quien lo utiliza el «sí» y el «no» le resultan vulgares, catetos, radicales, casi hooliganescos, y que el «quizá», en cambio, permite mantener cierta distancia con el tema del que se esté tratando, no posicionarse y, sobre todo, no mostrar emoción alguna. Porque para algunos —aunque uno no lo entienda y no lo vaya a entender nunca— mostrar emociones es eso: vulgar, cateto y radical.

No obstante, tampoco me parece convincente esa segunda teoría. Desde luego que habrá quien responda «quizá» a una pregunta de «sí» o «no» para hacerse el interesante o para esbozar un «no» algo más educado, pero no creo que sea la mayoría. Fundamentalmente porque no hay tanta gente a la que le obsesione resultar interesante y mucho menos hay tanta gente educada. A mí me parece mucho más razonable creer que «quizá» se utiliza por simple indecisión, por duda legítima; y me parece también que esconde más de lo que puede uno percibir a priori.

En primer lugar porque «quizá» —y sus sinónimos, claro— se inserta entre el «sí» y el «no» como el gris entre el blanco y el negro y, de repente, contamos tres posibilidades en lugar de dos. En este sentido, se me antoja algo así como una forma de recordarnos que la realidad es trinitaria; y que lo es porque fue creada por Dios, que también lo es. Pero el empleo de «quizá» esconde otra virtud menos enrevesada, más intuitiva: nos recuerda que somos seres limitados, que no lo sabemos todo, que ni siquiera podemos conocer todo lo que nos concierne a nosotros mismos. Es, en definitiva, un ejercicio de humildad. Porque solamente el humilde duda y titubea, mientras que el soberbio está siempre seguro. De modo que cuando uno responde «quizá» está, en realidad, aceptando esa limitación inherente a su naturaleza; y sólo partiendo de esa aceptación puede uno ser feliz.

Todo esto me digo para tranquilizarme cuando alguien me contesta «quizá» y yo espero un «sí» o un «no», pero puesto que la explicación no me satisface ni a mí tampoco exijo que les satisfaga a ustedes. Espero, al menos, que les evite algún cabreo con ese amigo educado, ese otro interesante y ese otro que es, sencillamente, tibio.

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