THE OBJECTIVE
Fernando Cocho

El comportamiento fenicio

Mientras se tenga fuerza, espacio fértil e independencia económica, debiera ser una obligación ética luchar contra el mal endémico del “fenicio”

Opinión
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El comportamiento fenicio

Cuando hablamos de los fenicios, debemos pensar en esa gran estirpe de comerciantes que lograron con sus tránsitos logísticos llevar modos, maneras, culturas, avances y dinero por todo el mundo conocido que en ese momento importaba: el Mediterráneo.

Con el paso del tiempo, se fue perdiendo esa acepción positiva que puso en auge a culturas de toda costa donde posaban sus misiones comerciales. Ahora se usa el término “fenicio”, en una de sus acepciones, para asignar comportamientos mercantilistas, no siempre muy limpios, casi nunca honestos en su totalidad y siempre asociada a las maneras del “quejica de su suerte aun estando rodeado de riqueza”.

No conozco a nadie que no conozca a ese tipo de gente que siempre regatea tus esfuerzos y tus contribuciones. Pocos se han librado del jefe, cliente o proveedor que se aprovecha de su posición para forzar la de otros. Siempre con las buenas palabras y la sonrisa presta, pero siempre con la calculadora de conseguir mejor precio y asunción de la contraparte de más costes. De los tuyos, claro, nunca de los suyos. Sólo invierten cuando no les queda más remedio y siempre buscan al proveedor más barato, aunque la calidad sea deficiente, sabiendo que deberán invertir al poco tiempo lo que antes no hicieron. Tienen la virtud de encontrar fisuras en el sistema, y tengo la firme creencia de que son un mal que provoca que el Estado desconfíe de su ciudadanía y someta a control innecesario a todo aquel emprendedor o empresario que tiene la mala “idea” de innovar e intentar generar entornos fértiles para la economía. Parten las administraciones de la creencia histórica de que hay un juego del “gato y el ratón”, en el que los que burlan las normas están tan enquistados en la urdimbre del mundo de los negocios, que por “curarse en salud” dictan normas generales que afectan por igual a los “ratones fenicios” y a los sufridos ciudadanos de todo pelaje.

Lo interesante para un Emboscado es saber identificar a esa “chusma” para delatarla y abatirla en la medida de cada fuerza que se pueda tener por posición o por influencia social, llamémoslo predicamento, si se quiere. 

Leo la mente de aquellos que enseguida criticarán esta posición inicialmente de “superioridad moral”. Sí, es cierto, lo siento. Hay gente que es superior moralmente y otros que tras el falso buenismo igualitario se aprovechan para parasitar desde su trono de falso “empoderamiento”.

Si rascamos la “limpia pero pringosa primera capa” de los comportamientos y vidas de estos, que de tantos golpes de pecho que se dan gritando su honorabilidad, y de tantas veces que dicen frases como “si te soy sincero…”, “para no mentirte…”, “ponte en mi lugar… “, vemos que logran que se enturbien las relaciones sociales y parezcamos tierras de endémicos “Lazarillos de Tormes”.

Son gente ladina que se aprovecha de la “buena educación” que los padres de los otros les dieron, dado que seguro que los suyos les enseñaron las artes del “birlibirloque” y los enviaron a “campamentos” para aprender a engatusar y conocer las vulnerabilidades de las personas con solo verlas. No es un misterio saber de dónde logran sus posiciones, trabajos y puestos, dado que son “heredados” por vía sanguínea, sectaria o por vínculos de “otros fenicios”. Es obvio que deben preservar sus cotos de caza que son las empresas o profesionales a los que “en aras del libre mercado” les regatean precios o intentan aumentar servicios a coste cero. Incluso con actitud dilecta te “piden favores” aunque años lleven sin ni siquiera una llamada de cortesía. Algo normal por otro lado, puesto que sólo somos útiles cuando lo somos para mantener su teatrillo o taponar sus miserias

Lo más divertido es lo ofendidos que se sienten cuando alguien les confronta con un espejo sus comportamientos o los airea para su vergüenza. Es entonces cuando pasas a la categoría de invisible o censurado. 

Es falso que “no merezca la pena” luchar por la erradicación de estas personas y actitudes de las relaciones sociales o comerciales. Es una pura falacia, creada por los cobardes de espíritu y carentes de sentido de deber para con la “sociedad civil”, el decir que: “Criticar o tener actitud combativa contra esa gente sólo te hace daño a ti… porque el dolor viene de cómo te tomas las cosas”; o frases tan repletas de falta de voluntad como “no puedes estar todo el día en batalla contra las injusticias o desajustes del mundo”. Curioso es que son esas las mismas actitudes que critican las que alaban en personajes que “lucharon contra toda esperanza de vencer por la justicia”, como Mandela, Gandhi, el abad Daens, o los que iniciaron la lucha por los derechos civiles o laborales en la época de explotación industrial del ser humano por otros.

Mientras se tenga fuerza, espacio fértil e independencia económica, debiera ser una obligación ética luchar contra el mal endémico del “fenicio”. Los hay en todas partes y en todo país, pero a mí me importa este y cómo sus ciudadanos dan por validos comportamientos rastreros en la contratación de servicios ante un mercado precario, conseguir rebajas en costes con la promesa nunca cumplida de futuras “colaboraciones fructíferas”… Hay que reconocerles que son buenos en el teatro de los negocios, salen victoriosos y socialmente se les considera: lo cual retroalimenta el que otros les sigan, la norma se consolide y se vea como algo bueno. El siguiente paso es que el torpe, burriciego y burocrático sistema responda con medidas del XIX a problemas del XXI sólo por no querer esforzarse en modificar los criterios de meritocracia, medro legítimo y favorecimiento de la cultura de la “innovación”.

Cada mañana al amanecer apunto en mis cuadernitos de caza los despropósitos y “fenicios” de cada rama social, con la esperanza de algún día poder compartirlo (aunque sea luchar, como decía Nietzsche, “como lobo rodeado de corderos”), y en algún caso influir en su desenmascaramiento social, por muy bajo que sea el nivel logrado de delación de sus tropelías y actitudes. Hasta ahora me he mantenido en la línea. Puede que pierda o gane, no es importante, puesto que lo es hacerlo por “deber hacia tus semejantes y hacia una tarea colectiva”.

Cuaderno Rojo para temas de Inteligencia y Seguridad; Azul para política y comercio; Amarillo sanidad y consumo; Marrón para infraestructuras y urbanismo (ya saben: tasaciones y demás triquiñuelas del ladrillo); Verde para educación y cultura… Treinta años de emboscadura dan para muchos cuadernos. Unos lo verán como terapia, otros como lista negra de la amargura por no tener éxito como ellos, algunos lo verán como estéril, pero con que sólo uno cambie una acción sobre estos “fenicios” ya está bien empleada la labor. Recuerdo lo del grano de mostaza que es capaz de dar sabor a toda una vida. La verdad y función real es que si no conoces, tienes memoria documentada y aportas soluciones eres parte alícuota del problema, de la enfermedad de tu sociedad civil, del triunfo del fenicio en la esfera de tu país

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